igo con la serie iniciada en “Violencia y violines”. Por mucho que se diga que la Fuente Mágica de Montjuïc de la Exposición de 1929, diseñada por Carles Buigas, fue “restaurada” con motivo de los Juegos Olímpicos de 1992, yo recuerdo no diré que perfectamente que al equipo que se propuso ponerla a punto, revisarla y hasta introducir mejoras, le fue imposible. Pero no porque su estado fuera comprometido, sino todo lo contrario. Era imposible mejorar el trabajo de Buigas. Y lo sigue siendo, supongo, aunque en los 80 se introdujo la música que creo que ahora ha derivado del vals al chill-out y el new-age a lo Cirque du Soleil. Y supongo que no falta Queen y Montserrat Caballé.
También se suele decir que las luces que en fechas especiales coronan como un amanecer
hawaiano o una aurora boreal el Palau Nacional se usaron como
reflectores antiaéreos durante la Guerra Civil. Hay quien dice que no
fue así, que nunca se usaron con fines militares, y sin embargo encuentro una
pequeña crónica en el ABC del 27 de julio de 1937 la titulada “Uno de los aviones
llega a Cornellá”, donde queda patente su uso:
Ayer tuve la oportunidad de verlos en lo alto de la sala oval del Palau,
hoy Museu d’Art de Catalunya, porque una visita guiada de la historia del
edificio, tenía uno de los puntos de la ruta en el terrado. A mí, como a las
palomas, me gustan mucho los terrados y los tejados. La vista no es mejor que
la panorámica que se puede ver desde la entrada principal y verdaderamente se
diría que esa panorámica es una de las mejores de Barcelona.
La verdad, yo diría que nos
acostumbramos a esos focos potentísimos y sobre todo desde que ya no sirven
para delatar la presencia de bombarderos, pero también diría que les pasa un
poco como a las luces que le ponen a la Encarnación en mi parroquia, que parece
un flipper o un pinball de los de antes. Luego, el edificio, de
ese estilo llamado Mozart pero que es un batiburrillo de los órdenes clásicos,
el Renacimiento y un pastel nupcial, no da para más, y menos si lo comparamos
con otro de la misma época, el Pabellón alemán que hizo Mies Van der Rohe para la misma
Exposición de 1929. De su famosa silla Barcelona MR90 con su otomana ya hablamos aquí. Cómoda y bonita es, muy Bauhaus, pero cuesta Dios
y ayuda levantarse.


