Between the crosses, row on row,
That mark our place; and in the sky
The larks, still bravely singing, fly
Scarce heard amid the guns below.
John McCrae, In Flanders fields (*)
stoy releyendo Marcel Proust en clave botánica y disfrutando de todo lo que supone siempre releer algo conocido. Son numerosos los párrafos en los que en Por el camino de Swan el autor se refiere a algunas flores de Combray. No sabemos si por razones crematísticas o si por un reconocimiento verdadero, el pueblo que inspiró el Combray proustiano se llama hoy Illiers-Combray, que es como si llamásemos a Oviedo Vetusta o a Arenys Sinera, por las obras de "Clarín" y Espriu.
El retrato de hoy, más decadentista de lo que yo quisiera o de lo que creo que haría falta, lo muestra con una flor en el ojal que en mi opinión es una azucena. Un lillium candidum, lo que los franceses llaman, tout court, un lis. Es esa flor con la que se suele representar a algunos santos y que proclama su inocencia, virtud que no hay que confundir con la ingenuidad, aunque a veces la vara de lirio se ha transmudado para indicar al incauto y al cándido antropológicos. En un principio me pareció un narciso, aunque esos pétalos de la pintura son más puntiagudos y sedosos de lo que lo serían en tal caso. Además el narciso lo veía yo impropio.
Se diría que ahora apenas se ven estos tocados del botonier. Estoy pensando en las bodas convencionales, cosa que distingue al novio y al padrino del resto de los invitados. En España se usa el clavel blanco y a veces la gardenia, cuyo olor es más perfumado pero cuya flor es tan delicada que solo de tocarse se estropea y adquiere un color pardo que lo delata casi como reprochando la torpeza. No sé si la costumbre de llevar el ramo de la novia a un difunto es la mitad de la mitad de la mitad de la mitad de habitual de lo que lo es echarlo a las amigas por ver a suertes quien será la siguiente. A veces los artículos de la Wikipedia son maravillosos, profusos, otras veces están en un punto en que se aprecia que falta mucho por elaborar. En el caso de "boda" además de que los datos son más que insuficientes hoy hay una broma chabacana o ataque -según se mire- al principio del post.
A Oscar Wilde, no menos
decadentista, también se le ve en algunas imágenes con una flor en el botonier. Pero parece que esas flores
subrayan el afeminamiento de ambos escritores y que en general los hombres no
suelen ser aficionados a las flores, a no ser que esa afición se transforme
bajo el palio de la luz crepuscular de la "botánica" (algo más serio)
o la legitimen intereses comerciales. El Poppy appeal es esa amapola
de plástico o de papel que se ponen los ingleses en la solapa para
el Remembrance Day por los caídos en la Primera Guerra
Mundial. Parece que el origen de de esas amapolas se halla en el poema del
lugarteniente coronel McCrae, el que abre hoy el post. Las amapolas de McCrae
como el pajarico que se le apareció a Maduro, que representa el espíritu y
las bendiciones de Chávez, todo viene siendo lo mismo, lo que ocurre es que se
produce a otro nivel social y las formas son otras. Pero es muy difícil valorar
cada cosa sin su contexto. Lo que indudablemente alienta el
"conversatorio" del presidente encargado de la República Bolivariana
de Venezuela y otros ejemplos de telepredicación es a esa reacción que ha
habido en el Vaticano. En mi opinión el Papa nuevo ha asumido la misión de
renovar la institución y además la de que no se desmande la parroquia americana,
que está en una deriva (¡será por derivas!) espiritual difícil de calibrar con
la sensibilidad europea. Porque de sensibilidades, más que de ideologías, se
trata, muchas veces.
En otro orden de cosas dejo aquí dicho
que la mayor parte de los ilustradores botánicos están en Estados Unidos e
Inglaterra y que la mayoría es abrumadoramente femenina. No sé en Japón.
"Venga a
casa y tráigame flores, primaveras, barbas de campuchino, achicorias
silvestres, cuencos de oro; tráigame la flor de sedum, con se forma el ramo
dilecto de la flora balzaciana; la flor del Domingo de Resurrección, margaritas
y bolas de nieve de esas que empiezan a aromar el jardín de su tía cuando aún
no se han fundido las bolas de nieve de verdad que trajeron las tormentillas de
Pascua. Y tráigame la gloriosa vestidura de seda de la azucena, digna de
Salomón, y el polícromo esmalte de los pensamientos; pero, ante todo, no se
olvide de traerme el airecillo aún fresco de las últimas heladas, que
entreabrirá, para esas dos mariposas que están esperando a la puerta desde esta
mañana, la primera rosa de Jerusalén".
M. Proust, Por el camino de Swan
Post scriptum: Aprecio en el retrato de Proust que presentaba los llamados tubérculos de Darwin en las orejas. Y en las dos, que es lo menos frecuente aún dentro de lo que no deja de ser una protuberancia vestigial. A ver si va a resultar que en vez de decadente era un poco primitivo.
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(*)
"En los campos de Flandes | crecen las amapolas. | Entre las cruces
fila a fila | señalan nuestras tumbas; Y en el cielo | las alondras, que
cantan valientemente,| vuelan escasamente oídas a causa del fragor de los
cañones."


