stuve ayer
en el Parque Cervantes viendo las primeras rosas de esta temporada. Aparentemente, de lejos, había pocas, pero
luego al aproximarse se podían ir viendo más. Al principio, los letreros
parecían estarlas esperando, como en las bodas los letreros con los nombres de
cada cual aguardan a los invitados. Hay cerca de 10.000 rosales de 2000
especies. Muchos rosales nos pasarían desapercibidos porque el común no sabe
que el manzano es una rosácea y las rosas caninas o
perrunas les parecen, en el mejor de los casos, jaras, aquellas florecillas que vemos en el campo arrimadas a las rocas.
Precisamente los angloparlantes las llaman rockroses. Con
mucha seguridad la rosa es la flor que tiene más aficionados en el mundo entero
y hay infinidad de asociaciones en donde se intercambian variedades y se hacen
certámenes. Nuestro rosedal pienso que tiene 5 hectáreas, por lo que leí, y
además hay que decir que tal vez el momento de mayor apogeo de "las chicas",
como a mí me gusta llamarlas -no sé si con una cierta irreverencia- es entre
mayo y julio. No sé si nuestra sociedad está ya para aceptar la temporalidad,
cuando hay científicos que han consagrado la suya a clonar sandías sin
pepitas y cuando ya no hay que esperar a septiembre para comer uvas, porque nos
las traen de Chile mucho antes.
Para mí,
además de todo lo que no son capaces de trasmitir las fotografías, gran parte
del disfrute de contemplar las flores y el reino vegetal en general está en su
caducidad, sus cambios. La belleza efímera solo puede ser
realzada al lado de la belleza de algunas obras humanas. A veces he subido a
finales de octubre a ver el gingko de Montjuïc porque el de la
Universidad de Barcelona ya amarilleaba y resulta que el de más arriba estaba
aún verde, un verde impertérrito, si se me permite asociar a un árbol (único en
su especie) virtudes humanas o correspondientes al reino animal. Algunos
científicos que no se dedican a clonar sandías han observado con su arsenal de
máquinas que sí, que los vegetales sienten. De manera que cuando un gamberro
los quema o los arranca de su lugar por pura diversión, pueden captarse algo
que podríamos traducir como lamentos o hasta unos ultrasonidos que expresan una
cierta irritación y una exacerbación del metabolismo.
Tal vez
muchas personas no pueden ver un jardín como un negocio ya que lo que le piden
a un espectáculo es que sea como Disneyworld, que después del número de
"El rey león" aparezca la caravana y se mantenga el tono de sorpresa
en sorpresa. Las plantas de Disneyland (R) Resort París, por
cierto, están cuidadísimas, al menos cuando yo estuve hace unos cuantos años,
aunque también tengo que decir que parecían recién plantadas, recién regadas,
recién todo. Y otra condición de los mejores jardines es su antigüedad. Por
ejemplo, el olmo del Grüneburg Park de
Frankfurt, que tiene tantos años, ahora no recuerdo si 300, lo pudo haber
visto Goethe. Y parece que cuanto más asentadas están algunas especies,
mejoran. Algunos árboles, si no los ultraja una valla mal puesta o no se les
somete a podas descerebradas, pueden alcanzar una majestuosidad notable.
Ayer estuve a punto de escribir un post sobre el formidable jaleo que hay en torno a la palabra "escrache" y su traducción, pero pensé que era mejor acercarme a Pedralbes y ver las rosas, como así fue. El camino no es corto, porque en mi caso hay que atravesar toda Barcelona, tuve que ingerir un antihistamínico, presentar las fotografías aquí supone un cierto trabajo, pero lo considero mi labor. La gran cantidad de torpezas y estupideces que ha desatado la traducción de "escrache" también es mi labor exponerla, aunque la deje para el siguiente post.
