M.
Monroe (*)
Sin ir más lejos ayer leí en un magazine una columna (**)
del famoso escritor Andrés Trapiello.
¿Quién me mandará a mí? Era la primera vez que leía algo de este escritor, así
que no tengo demasiada información sobre sus trabajos. Y en realidad debo
admitir que lo que leí lo podría haber escrito cualquier otro escritor de
tantos como tenemos en nuestro país, incluso un escritor cualquiera de un blog
o algo peor. Si es que hay algo peor. Con ese misma acritud
analítica un poco indolente, de vuelta de casi todo, sin
embargo, ya hay menos (escritores). Por lo tanto, que la columna fuera de
Trapiello, a quien me parece que se le honró hace poco con el Premio Julio
Camba, es lo de menos. Yo más bien creo que se merece el Premio Gutiérrez
Solana, si es que existe. Lo de más, de la columna, digo, es que se valía
de una
foto que le hicieron a la actriz leyendo el Ulysses
y por las últimas páginas, para sacar a relucir que él no lo había leído y
deslizar la duda -o algo epistemológicamente muy por debajo de la duda- de que
Marilyn Monroe tampoco. Si dijéramos que las razones que ni siquiera aduce el
señor Trapiello para poner en entredicho que Marilyn Monroe leyera la novela
son machistas, aunque de un machismo muy evolucionado y destilado,
no del típico machismo mamachichista, nos estaríamos metiendo en camisa
de once varas. Lo que no puedo dejar de señalar es la “superioridad” con que el
columnista maneja y prejuzga la foto de la
actriz y no sólo porque ella está muerta y él aún no, sino porque de alguna
manera parece partir de la base de su ventaja intelectual y hasta la de Arthur
Miller, con quien la actriz estuvo casada entre 1956 y el año de su asesinato
o suicidio (1962). Es lo que las señorasde las piscinas, los ingenieros de caminos, Agamenón, su porquero,
cualquiera, llamaría “presunción”, “vanidad”, “soberbia” o “arrogancia”.
La presunción y el cinismo
son básicamente, a la par de vicios, como espejos
deformantes a través de los cuales es posible cometer muchos
errores y horrores. Aunque no estuvieran entre las lecturas preferidas de
Marilyn Monroe Rainer Maria Rilke
(***), William Faulkner y John Steinbeck, que lo
estaban, el hecho de que Manciewicz se extrañara de verla leyendo en el
rodaje de “Eva al desnudo” las Cartas a un joven poeta más
de lo que se extrañaría de ver a Rilke mirando un almanaque de pin-ups, tiene
su eco en la altiva , exultante e insultante extrañeza del flamante
Trapiello. Está claro que a Julio Camba nunca le darán el Premio Andrés
Trapiello. Bueno, no sé, nunca se sabe.
He elegido para el post de hoy no una imagen del documental,
que en cualquiera de sus fotogramas y registros sonoros es bellísimo, no una de
las miles de fotos que nos quedan de la actriz, incluso las artísticas (Erwitt
Eliott [enlace roto], Arnold Newmann, etc.) sino una de las fotos que le hizo André de
Diennes a Norma J. Baker en los años cuarenta. El documental de Jeudy si no
recuerdo mal lo vi el día de Navidad. El primer día que me acerqué al centro me
metí en El Corte Inglés y me puse no “cinco gotas” (****) sino dos chorros de Chanel 5, perfume que por
cierto fue lanzado en las Navidades de 1921 y que estaba inspirado en el
“Bouquet” de Catalina la Grande. De gratis. Qué buena es la gente de El Corte
Inglés, con varias botellas de Chanel 5 (parfum et eau de parfum) y
19 en la entrada. “Cojan, cojan”. ¿Qué diría James Joyce del fondo de bergamota
e ilang-ilang de Chanel 5?
Si algo queda claro después de ver el documental de Jeudy es
que el psicoanálisis no pudo hacer nada para desintegrar esa imagen que M.M.
nos mostraba y tampoco pudo hacer nada para conseguirla integrar con el
lenguaje, todo lo contrario.
Marilyn Monroe por André de Diennes
(c)SafeCreative 2212162881351
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(*) ”Hollywood es el lugar en donde te pagarán mil dólares
por un beso pero cincuenta centavos por tu alma”; “Los perros nunca me muerden,
sólo las personas”; “Todo es por el dinero”.
(**) ‘Tengo ante mí, en grande, publicada a
toda página por un periódico, una fotografía de Marilyn Monroe leyendo. El
hecho no debería sorprendernos, pero el tono platino del pelo nos hace
sospechar. La fotografía, a color, está tomada en 1955, un año antes de que se
casara con Arthur Miller, intelectual. Nunca sabremos pues, si está leyendo ese
libro porque fue con el que Miller quiso conquistarla o si se enamoró de ella
justamente porque la sorprendió leyéndolo. En todo caso, el contraste del
bañador de la actriz, más interesante que el libro, y éste, el Ulysses de
Joyce, no es ni mucho menos lo más insólito de esta instantánea. Lo que resulta
llamativo es que la actriz mantiene abierto el libro… Por las últimas páginas,
dando a entender con ello que se ha leído todo lo anterior. En la foto, con más
aspecto infantil que nunca, sin maquillarse y sin peinar, se ve a la joven (28
años) abismadísima en la lectura, tanto que mantiene los labios un poco
abiertos, sugiriendo con ello que acaso era de esas personas que deletrean en
silencio las mismas palabras entre las que los ojos avanzan dificultosamente
como por una jungla’.
(***) The
director Joseph Manciewicz saw the luscious young actress reading Rilke’s Letters
to a Young Poet while she rehearsed the dumb blonde role in “All
About Eve” and reflected that he would have been “less taken aback to come upon
Herr Rilke studying a Marilyn Monroe nude calendar” (Marilyn: Protestant, Catholic and Jew).

