“Si uno le echa un vistazo a los datos oficiales sobre su calidad de vida, se da cuenta de que una tragedia como esta [el terremoto de Haití] lo que hace no es otra cosa que añadirle publicidad a la vieja y clamorosa situación de caos e indigencia de un país en el que muchos poblados tienen el aspecto de haber sido arrojados allí desde un avión.” José Luis Alvite, La pulpa del polvo.
La Organización Mundial de la Salud
ha publicado a su vez (que yo sepa un día después) un informe técnico titulado Public
health risk assessment and interventions: Earthquake – Haiti [enlace roto], documento que
sólo está disponible en inglés el día de hoy. El prólogo del informe se arroga, al
contrario que Cochrane, como es natural, un cierto liderazgo: “The purpose of
this public health risk assessment is to provide health professionals in United
Nations agencies, nongovernmental organizations, donor agencies and local
authorities currently working with populations affected by the emergency in
Haiti, with up-to-date technical guidance on the major public health
threats faced by the earthquake-affected population.” (*)
Otra cosa es que haya haitianos que han tenido que ser
intervenidos sin anestesia alguna,
sea porque no había anestésicos, sea porque no había anestesistas. No sé si
fueron veinte o si fueron doscientos. Cosa de la que me acordaba estos días,
cuando veía en Facebook correr la voz
de que American Airlines le pagaba el pasaje a cualquier médico o enfermera que
quisiera ir a Puerto Príncipe. Sobre el HAARP aún no ha surgido nada, por
lo menos en mi muro, y ya me extraña pero que mucho porque es un tema que es
que ni pintado para el Facebook. Y esa noticia (la de American Airlines), veraz
o no, me hizo pensar que habrá quien crea que el personal sanitario se puede
presentar en los sitios para hacer lo que sabe sin necesidad de alguna
organización. Algo así como Don Quijote y Sancho.
La medicina oficial contemporánea
está muy especializada, muy tecnificada y descansa en infinidad de
protocolos que dejan poco espacio a las audacias y a tomar decisiones en
solitario, y que reparten las responsabilidades y sus consecuencias entre
varios agentes. Evidentemente, que un cirujano pueda ir un par de días o un par
de meses a un sitio como Haití o un “escenario” bélico, es bueno tanto para las
víctimas como para todo el mundo en general. En esas condiciones y en las
situaciones de crisis en general los profesionales aprenden mucho. Ya es sabido
además que las guerras han permitido avanzar más a la Medicina
de lo que lo han impedido los tabús o, en nuestro caso, la Iglesia Católica.
Ya llevo unos pocos años trabajando y a veces he contado con
más medios, a veces con menos. A veces no he contado con medios por cosas del
sistema en el que me encuentro, y que por pasar rápido llamaremos “envidias”,
susceptibilidades o lo que sea, pero que ahora ventilo de un plumazo o de una
plumita. Ante esas adversidades y en situaciones de crisis siempre he actuado
igual y he dicho: “Si me dais para trabajar un lápiz, trabajaré con un lápiz.
Si me dais un palo, con un palo”. Y como último recurso, por lo menos en mi
oficio, y cuando en el de los médicos no hay anestesia ni güisqui,
siempre queda -como decía Blas de Otero- la palabra. Y curar con la
palabra.
Post scriptum: Por cierto, estoy algo extrañada porque el blog El supositorio (de Vicente Baos, un
médico de familia), por el cual me he informado de todo esto de las
prioridades, tiene en su cabecera precisamente lo que parece ser un supositorio
de glicerina que alguien sujeta por el lado que yo diría que es
el opuesto. Es decir, por la parte que tiene el extremo romo, que es el que en
realidad se tiene que insertar. Y esto no es como aquella vieja polémica que
hubo en “El País” de por cual lado tenía que caer el papel higiénico (si por
dentro o por fuera). Esto no es una cuestión de gustos o ergonomía, sino
que tiene una razón de ser puesto que según parece si introducimos el
supositorio por el extremo picudo, lo más probable es que vuelva a salir en
pocos instantes a causa de la anatomía rectal.
Fotografía de: Elliott Erwitt
_________________
(*) Las prioridades marcadas por el documento son: Sanitarias:
Acceso a los cuidados quirúrgicos, médicos y las urgencias obstétricas y un
tratamiento adecuado de traumatismos, heridas y quemaduras.
Inmunizaciones prioritarias que incluyen una campaña masiva de vacunación de
sarampión/rubeola y de inmunización contra el tétano como parte de la atención
de heridas. Vigilancia y seguimiento de las enfermedades infecciosas,
incluyendo un plan contra las enfermedades de carácter epidémico. Ayuda para
manejar la malnutrición y la alimentación de niños y adolescentes. Atención de
enfermedades crónicas (p.e. VIH, tuberculosis, hipertensión, etc.).
Comunicación de la salud pública. No sanitarias: planificación de
asentamientos y albergue. Provisión de suficiente agua potable y servicios
salubres.
(c)SafeCreative 2212162881351

