La presión que estoy soportando es
inhumana. Me explico: el día que las madres de España
(esos seres de la mitología prerromana, esos pilares biológicos) se pongan
todas de acuerdo y a la observación totalmente inofensiva de que “después de tamaño
desayuno me vendría bien un cafelito” respondan
“Pues te vas al bar”, ese día –digo- esto se hundirá irreversiblemente. La mía
está en pie de guerra desde que sin quererlo ni beberlo le quitaron la tarjeta
rosa que le daba derecho a usar los transportes públicos del área
metropolitana de Barcelona gratis. Ahora, mejor dicho, su
tarjeta rosa sólo le da derecho a adquirir la T4, que es la tarifa mínima. La
cuestión es que le retiraron su tarjeta rosa, la buena, cuando fue al consejo
del distrito a devolver la de mi padre, cuando murió en enero de 2006. El
Ayuntamiento les había enviado la tarjeta rosa automáticamente a los dos cuando
cumplieron 65 años. Alegaron que la administrada tenía
dinero. Probablemente, pero la pensión que percibe no llega a 600 € y es menor
que la percibían los dos dividida por dos. Cualquiera sabe que los gastos de
agua, teléfono, electricidad, comunidad de vecinos, gas, etc. de dos personas
vienen siendo iguales que los de una sola persona.
La primera reacción de mi madre fue la de
dejar de reciclar. Es decir, la de tirar
todo directamente en la basura sin separar los tetrabricks de la leche y las
botellas de Fairy de los diarios gratuitos y la
publicidad, las mondas de naranja y el marro del café. Nótese que la
especificación de los desechos de mi madre es todo lo intencionada que parece,
puesto que es una basura que refleja una actividad absolutamente impecable y de
una persona que de un estropajo haría cuatro. La segunda reacción de mi madre,
C.S.M., fue la de sacar el tema diariamente por lo menos una vez. Por ejemplo,
si salía el alcalde de Barcelona, Jordi Hereu, por la
tele, decía: “Ése, que cobra 178.000 € cada año, ¡más
que ningún alcalde!, y le quita la tarjeta rosa a las viudas”. Habría que
llamarlo "Jordi Eureu".
Como C.S.M. es lenta pero implacable,
ahora está en el proceso de ir a reclamar hasta donde se pueda reclamar. Le
sugerí –yo, que soy rápida pero inconsistente- que había una ley muy importante
por la cual claramente lo que le habían hecho era ilegal o alegal o lo que sea
que es. Me refiero al artículo 113.3 de la Ley 30/92, de 26 de noviembre Ley de
régimen jurídico de las administraciones públicas y del procedimiento administrativo
común:
“El órgano que resuelva el recurso
decidirá cuantas cuestiones, tanto de forma como de fondo, plantee el
procedimiento, hayan sido o no alegadas por los interesados. En este último
caso se les oirá previamente. No obstante, la resolución será congruente con
las peticiones formuladas por el recurrente, sin que en ningún caso pueda
agravarse su situación inicial”.
En cualquier caso, siendo ella lenta y
yo rápida, ella implacable y yo inconsistente, lo que tenemos en común es que
somos de protestar y no de quejarnos ("ay ay ay ñi ñi ñi").
Como el tema le lleva a mal traer anda
opaca y ensimismada, no explica mucho, pero le pregunté qué iba a hacer. Me
dijo que ya se había informado y que tenía que ir a una oficina donde los
Ferrocarriles Catalanes. Le pregunté que quien le había informado y me
respondió “Las señoras de la piscina”, a lo que yo no
me atreví a rechistar nada, puesto que la debilidad del argumento inspira una
indefensión elocuente.
Esta anécdota ya me la había explicado
a mí, que la recogí en este blog: “Me he acordado del P. Juan Bueno Bueno.
Además de dos veces bueno fue breve, como si lo dijera Gracián, porque vivió
poco. O, mejor dicho, vivió pocos años. Me sabe hasta mal hacer un chiste tan a
huevo, pero es que es así tal cual lo digo. Era bueno. Fue párroco en el pueblo
de mi madre después de la Guerra Civil, la guerra fraticida, ¿cuál no lo es? Un
día, en un oficio de Adviento, le dijo a los niños: "Niños, los
Reyes son los padres". Y es que al Padre Bueno le dolía
ver que unos niños tenían muchos regalos y otros nada. Y le dolía ver que los
niños pobres y los niños ricos encontraran en esa distribución de la riqueza o
de la pobreza, respectivamente, alguna razón o alguna justicia (fuera humana o
divina).” (El día
más corto del año)
A C.S.M. no le va a gustar lo que estoy
haciendo. No me refiero a este pequeño homenaje al Padre Bueno, sino a colgar
un texto suyo en internet, un lugar que en general le parece una tontería
y una pérdida de tiempo. Además no le gusta figurar en ningún
sitio.
En la trayectoria de su vida el
siguiente día remarcable fue cuando se comió un bizcocho entero en la casa del
diputado para el que trabajaba en La Coruña. Si nos saltamos la boda y todo lo
demás, ya nos vamos a otro hecho insólito, que fue cuando devolvió
500 pesetas a la RENFE al darse cuenta al llegar a casa
–después de comprar un quilométrico- de que le habían dado el cambio mal. Nos
estamos refiriendo a 500 pesetas del año 1965, que serían unos 125 euros de
hoy. Pues le enviaron una carta y todo, anunciándole que su gesto
de honradez había tenido eco en la revista "Vía libre", una
publicación corporativa de la Red Nacional de Ferrocarriles Españolas. Ahora,
según y como la RENFE se llama ADIF, sobre todo si se trata de atender a los
del AVE, esos canallas insolidarios
que se han quedado con gran parte de la Estación de Sants en Barcelona en
detrimento del populacho inmundo que
usa la líneas de largo recorrido habituales que me resisto a criticar. Éste
tema sera tratado en otro momento, como creo recordar que se decía a menudo en La
conjura de los necios.
Si pasamos por alto lo de la aluminosis en el Turó de la
Peira en los noventa, y como le practicaron 70 catas al piso de mis padres,
haciendo unos agujeros de unos 40 cm en el techo (cada cual a un metro cuadrado
del otro), si pasamos por alto que estuvimos recogiendo polvo una semana y que
tuvimos la suerte de no tener que apuntalar el piso, esa inmensa suerte fue
desmentida por el entonces presidente de la Generalitat de Catalunya, cuando
dijo: "Home, és que la gent hi posa pianos a les cases".
Que yo sepa en el barrio sólo había alguna guitarra, o armónicas, zambombas o
flautas, pero ¡¿pianos?! Eso donde vivía él, en la Ronda de Dalt.
El siguiente trance en la vida y
milagros de C.S.M. se produjo durante los 6 años de la enfermedad de mi padre y
después ya nos vamos directamente a la viudedad y a lo de la
tarjeta rosa. Ah, y cada cierto tiempo, mi madre -con quien comparto la
titularidad de mi cuenta corriente- tiene que presentarse en la oficina
bancaria para dar fe de vida. Esto ocurre cuando el cajero automático de "la
Caixa" me indica desalmadamente: "Retire su dinero.
Por favor, el titular de la pensión o el seguro debería pasar por cualquier
oficina para comprobación de datos."

