“Ojo por ojo, diente por diente, y todos ciegos"
Gandhi
"Lo
que os haga amar, eso haced"
Teresa
de Ávila
*
Lo que prevalecía en los consejos del
mencionado internauta avanzado era que nunca nunca bajo ningún concepto había
que dar pistas sobre otros blogs, y menos
sobre los potencionalmente rivales. Que si tomábamos una idea de otro blog,
aunque fuera para criticarla, jamás de la vida había que enlazarlo “ni de
broma”. Esta recomendación me desazonó un tanto por estar además teñida de un
cinismo que me resisto a juzgar y a reproducir, y que por otra parte no sabría
ni siquiera esbozar. Ya nos hemos referido en la enciclopedia a las
dos perversiones opuestas: el proteccionismo amiguista y el
clásico asinus asinum fricat (“el asno se rasca con otro
asno”). Sin embargo, no podemos abandonar dos convenciones de la
convivencia tipográfica: la cita y la remisión.
A veces en *ALFB me he visto tentada de
recrear una yincana
enciclopédica y hacer dar tumbos a sus sufridos lectores campo
a través entre post y post, de enlace en enlace hasta entrar en un bucle o
solipsismo del tipo “PROSTITUTA. Véase Ramera” “RAMERA. Véase Prostituta”. Pero
doscientas y pico entradas no dan para tanto y de momento me tengo que
conformar con las citas directas e indirectas y con las remisiones a otras
fuentes o archivos. Prometo que no tengo manera humana de citar el blog que
aconsejaba ningunear otros blogs, porque no conservé los datos.
La única razón de ser que tendría ahora
marear la perdiz y hacer una yincana por la enciclopedia, sería la de llevaros
a un lugar menos visible que el actual esas historias que como todo el mundo
tengo, que tienen el mayor interés pero que –como afectan a terceros- hay que
guardar en la mayor discreción. Cuanto
menos se hable de los demás, mejor. Para explicarlas, porque ganas no me
faltan, podría recurrir a aquello de que hablábamos el otro día, la técnica
tipo “lacuñada del padre del novio de la peluquera de mi vecino”.
Lo que ocurre es que después de haber
visto el
vídeo trampa del Gran Wyoming de la Sexta a Intereconomía (una cadena rival
que hace oposición al PSOE) y, más aún, después de haber visto la risa del
humorista al revelar el fake, se me han movido un
poco mis referentes de lo que está bien y lo que no está bien. De la misma
manera que Paul Valéry, un poeta, dijera que la
piel es lo más profundo, yo sostengo que el
humor es lo más serio del mundo. Para quien no conozca la
historia, el señor Gran Wyoming de la Sexta quiso hacer creer a Intereconomía
que durante la grabación de un programa maltrataba verbalmente a una becaria:
"¿Cúando estás tú trabajando abajo
voy a ver qué coño haces?"
"Ni 300 euros coño. Como si gana
300 millones, joder."
"Al final resulta que como no cobra
un puto duro, no tiene porqué hacer su puto trabajo. Y no tiene ni puta idea,
coño."
"Que traigan gente cualificada,
que haga su trabajo y no toquen los huevos."
"Es que ya está bien, coño, la tía
ésta de los cojones. Es que siempre son las mismas."
“El público”, que es uno de los diarios
que se han hecho eco de la broma, ha lanzado una encuesta (“¿Te
parece adecuado el método usado por el Gran Wyoming para poner en evidencia a
Intereconomía?”) que hoy a las 19:43 habían respondido 14.861 personas, de las
cuales un respetable 83% había votado que sí.
El fake o impostura tuvo un
éxito relativo puesto que Intereconomía tenía el vídeo en cuarentena. A pesar
de todo, el humorista de la Sexta se refociló con una cierta zafiedad, como se
puede apreciar en el vídeo del enlace, diciendo poco más o menos que “se la
había metido” a Intereconomía, insistiendo en el lenguaje metafórico de toda la
broma. Dice “El público: “Para ayudar a Intereconomía TV a distinguir entre
realidad y ficción la próxima vez, la periodista aclaró que “Di Caprio no se
ahogó en el Titanic”. Evidentemente, pero para mí las frases del fake
tienen exactamente el mismo valor que si fueran verdaderas porque no me remito
a ninguna categoría moral (como sería la de la verdad o la mentira) sino a la
de la realidad.
Creo que desde aquello de Tip
y Coll de “dame la manita Pepeluis”, allá por los ochenta, no
ha habido ningún humorista español que me haya conseguido arrancar ni una sola
sonrisa. Ni Chiquito de la Calzada, ni su homónimo Miki
Calzada “Miki Moto”, ni Andreu Buenafuente, ni
aquel de las gafas de culo de vaso, nadie. Tal vez Los
Morancos haciendo el caldo con un jamón colgado de una polea,
siempre el mismo, o su personaje de la "tía,Jenny", o Martes
y Trece imitando un call center. No sé si hay
alguien ahora en la tele que esté a la altura de Jacques Tati.
Después de pensarlo y pensarlo creo que
es legítimo, desde mi punto de vista, afear la actividad del Gran Wyoming y de
otros tantos como él, por sus malas artes. Hay personas (ante ese relativo 83%)
que creemos en el fair play o “juego limpio”
y no creemos en el “todo vale”. Precisamente recuerdo la “enciclopedia” de
Montaigne, sus Ensayos, cuando se refirió al prestigio que
tenía en la Grecia clásica el engaño, siendo
considerado en Roma todo lo contrario, algo indigno. Estoy dispuesta como mucho
a admitir que es tan válido el engaño como el juego limpio. Nada más.
Dicho esto, paso a mis
inofensivas historias de terceros, que finalmente no he
enterrado bajo un montón de posts o un berenjenal de enlaces, pero que he
introducido de una manera bastante disuasoria. La primera anécdota es sobre mi
vecina de rellano. Un día me encontré su marido en la calle. Abrió la puerta
principal y me cedió el uso del ascensor porque iba él con su bicicleta. Arriba
estaba ella, con la puerta abierta de par en par y un deshabillée
fulgurante. Yo, al abrir la puerta del ascensor hice como si nada, pero tuve
que aguantar la respiración, que conste.
Otra historia de
humor blanco y real es la del protésico donante de semen. Yo
daba mis primeros pasos como bibliotecaria, como ahora estoy dando los primeros
pasos como blogger. Trabajaba dos tardes a la semana en la
Biblioteca Cambó del Hospital de Sant Pau con una beca, y otras tres tardes en
la Biblioteca del Colegio Oficial de Odontólogos y Estomatólogos de Cataluña.
Una de esas tardes vino un estudiante de Prótesis para pedirme libros sobre
materiales. Volvió otro día a por otro libro, me dijo que tenía sed y me
explicó que era donante de semen. Le di agua. El tercer día ya sólo vino a por
agua. Podríamos decir que la historia de este usuario de mi iniciación se
correspondía en sus tres días con el esquema aristotélico canónico de introducción,
nudo y desenlace, siendo la introducción el libro de materiales
dentales, el nudo los libros, la donación de semen y la sed, y el desenlace la
sed. Yo no sé si aquel estudiante era capaz de tamaño poder esquemático también
para avanzar en sus estudios (verdaderamente creo que no), pero parecía tener
un cierto despiste vital o atolondramiento. Se le veía un poco como flipado.
Tal vez se gastaba lo que ganaba en el banco en maría, no sé. Y lo que extraje
con bastante perspicacia para lo nueva que era es que: primero, yo no estaba
allí para dar agua y, segundo, obviamente, que la gente que se exponía a la
inseminación artificial no sabían con quien. Luego, con los años, conocí a una
técnico de laboratorio que me explicó que uno de los centros barceloneses
pioneros en la reproducción asistida
hacía parte del proceso en un laboratorio diferente al del banco puro y duro y
al de la inseminación. Entre paja y paja, con perdón, la persona encargada de
transportar las probetas era una mujer, iba en moto y las llevaba en la
raja del escote. El lugar más seguro del mundo. Pero todas
estas cosas no se pueden explicar mucho, claro.
Para acabar, una tercera anécdota
también muy corta es la de un vecino que enviudó y luego se volvió a casar. Mi
madre me aseguró que la segunda mujer llevaba la ropa de la difunta. No me
digáis que no es un relato digno de Segundo
Piloto.
Ahora ya están muertos. No digo el
protésico donante, ni mis vecinos de rellano, digo Tati, el viudo y sus
mujeres. A mí esto me ha hecho recordar hoy a Juana
de Valois, santa cuya canonización se celebra hoy, y cuya historia
–verdadera o no- encoge el corazón. Santa Juana de Valois
era hija del rey de Francia Luis
XI (con el que yo le encuentro un notable parecido) y la reina Carlota de
Saboya. La desilusión del rey ante su nacimiento, en vez del esperado delfín,
la fealdad de la criatura y las deformidades que se revelaron cuando no tenía
ni 5 años, hicieron que su padre la apartara de la corte con fastidio y
vergüenza. Excusamos la historia de su matrimonio convenido apresuradamente ya
en temprana edad y vamos directamente al fin de sus días:
Se non è vero, è ben trovato."Juana de Valois en 1499 se traslada a Bourges y luego funda una congregación femenina para ayudar a los enfermos y celebrar la Anunciación y la Encarnación. La regla de la nueva orden de la Anunciada fue aprobada por el papa en 1501. En el monasterio construido por ella pronuncia sus votos en 1503. Desgastada por el ayuno continuo al que se sometía murió el 4 de febrero de 1505, tenía apenas 40 años. Se encontró sobre su cuerpo lacerado un singular cilicio: un trozo de laúd, había clavado en él cinco clavos de plata, en recuerdo de las cinco llagas de cristo, y lo mantenía fijo a su pecho por un círculo de hierro. Su esposo que la había humillado y rechazado tantas veces hizo celebrar en su honor grandes funerales, fue beatificada en el siglo XVIII y canonizada el 28 de mayo de 1950." (Wikipedia).

