“Transcribo al pie de la letra los párrafos que le dedicó Paco Umbral [a Alfonso Sánchez] en su libro Las palabras de la tribu:
[…] Una tarde, como tantas, fui a buscarle a la redacción del “Informaciones”. Estaba haciendo la columna.-¿De qué escribes hoy, Alfonso?
yer estuve en el Auditori, una maravilla de la acústica. Magnífico programa: El Concierto para piano #1 y la cuarta sinfonía de Brahms con la London Philarmonic Orchestra dirigida por la estadounidense Marin Alsop, con Jonathan Biss al piano. Aparte de ser un placer para los sentidos, para la inteligencia y para el alma, que no es poco, en ellas se hipostasia una de las pocas citas célebres de Brahms: “Componer no es difícil, lo difícil es dejar las notas superfluas bajo la mesa”.
Servidora lo mismo te escucha embobecida y raptada Brahms, el sinestesista, que se va a María Jiménez con la Cabra mecánica y su versión de “Cerrado por derribo” de Joaquín Sabina, o a Nightnoise, una formación irlandesa prácticamente desaparecida. He buscado la voz del compositor en youtube y he encontrado un documento de 1889 bastante deficiente, una grabación en uno de aquellos cilindros de cera de abeja, supongo. Qué no daría por oír una grabación de la voz de Emily Dickinson o de cualquiera de los “santos” de la galería de *A la flor del berro. En la voz de cada cual hay mucho de sí. Gracias a que alguien se tomó el trabajo de colgar todos los programas televisivos de “A fondo” de Joaquín Soler Serrano, tenemos en Youtube las entrevistas a Jorge Luis Borges, a Camilo José Cela, a Rafael Alberti, a Josep Pla, a Dámaso Alonso, a Gabriel Celaya, a Octavio Paz, a Juan Rulfo [enlaces rotos] e incluso a Salvador Dalí, Antonio Buero Vallejo, Adolfo Marsillach, Chabuca Granda, y a Atahualpa Yupanqui. Me he acordado de la espléndida autobiografía de juventud de Alberti, La arboleda perdida, y me he acordado del desprecio mutuo que se tenían Alberti y Cela. Según leí en las memorias de Umbral, Cela –creo que en el entierro de Dámaso Alonso- le dejó caer: “He visto a tu amigo, el lírico menesteroso, y parece la encargada de una casa de putas de Ceuta”. Yo hubiera jurado que Cela habría dicho antes bien “ceutí”, pero todo cuadra. Precisamente debemos también a Umbral, a su atención y a su precisión, una referencia a la voz de Xènius: “Lo que más impresionaba en D’Ors era la voz, una voz cuidada, profunda, grave, musical y muy social”.
Buscando a Valle-Inclán, del cual sé
que hay una grabación tal vez en el patrimonio del Instituto Cervantes, he
encontrado un monólogo bastante histriónico de Gómez de la Serna. También
estaba Jung, muchos
pájaros silvestres, el mar y las ballenas. Seguramente, con paciencia y método,
conseguiría recoger un abanico de voces antiguas y modernas. Hay algún
fragmento del programa de Letras “Apostrophes”, donde Pivot entrevista a
Navokov y a la Duras, pero no he encontrado el vídeo en que entrevistó a
Marguerite Yourcenar. Después, como siempre es inevitable cuando una se mete en
Youtube, me he ido del coro al caño y del caño al coro. Por suerte para
cuidarnos de los desmemoriados y de los torticeros, hay muchos registros de
estadistas y hasta de políticos: Pompidou en mayo de 1968, Tony Blair en perfecto
francés, Zapatero en
inglés, Magdalena Álvarez por activa y por pasiva, Martin Luther King en su speech
“I've a dream”
o Obama cuando su discurso adquiere un tono que recuerda a King Africa y no por su
negritud, sino por la euforia. Tanto Harvard para nada. El vozarrón
energuménico que se le pone a los políticos en campaña electoral tiene sus
puntos de contacto con el tono de los comentaristas de fútbol.
Qué diferentes David y Victoria Beckham, p.e. de Maradona,
o la recatadísima presentadora del ”Informe semanal” del
sábado siguiente al 23 de febrero de 1981 comparada con Rosa María Mateo y ya no
digamos con la glamourosa Anne Igartiburu y su equivalente masculino, el conde
de Montseny (Lorenzo Milá). Qué diferentes Diana Spencer en su
registro aristocrático del desparpajo de nuestra Tamara Falcó Preysler.
Otros documentos para mojar pan son aquellos en los que vemos juntos personajes
como Federico Jiménez
Losantos y Jesús Quintero, el loco de la colina.
Ya cuando era sólo estudiante o
trabajaba menos seguía algunos programas radiofónicos
como, por ejemplo cuando preparaba la selectividad o el ingreso a la Escuela de
Biblioteconomía, uno que hacía a las 6 de la tarde en RNE Andrés
Aberasturi. Cuando estaba inspirado era inolvidable y cuando no
entonces era admirable, porque lo admitía y entonces sacaba en antena a un
pastor o a una panadera y hacían el programa con bien de cualquier cosa. A
Aberasturi lo sacaron hace unos años de Tele5 porque no era fotogénico, porque
no sabía posar. En la última racha de jubilaciones anticipadas purgaron a
Aberasturi y también a Beatriz Bécquer, que a
pesar de ser titular (de tener plaza) suplía a Pepa Fernández
cuando ésta (que no la tiene pero es muy afín al “régimen”) hacía sus
vacaciones. Me resisto a compararlas porque comparar está feo y porque es como
comparar la velocidad con el tocino, el culo con las témporas (o las témporas
con el culo) y mezclar churras y merinas. En los principios de Carlos
Herrera en el programa matinal de Onda Cero se me salía el
desayuno por la nariz de puro reír de las historias que contaba la gente que
llamaba. Los que tenían gracia porque la tenían y los que no porque no la tenían.
Y es que esa confluencia de voces en los programas de cobertura española, es
muy atractiva para mí. Todo lo contrario de esas tertulias en que la gente se
atropella y se enfada con odio enconado o se encasquilla en una palabra como si
las palabras tuvieran tanto valor.
He notado a faltar en Youtube, y en
general en la red, rastros del comentarista de cine llamado Alfonso
Sánchez, que tenía hasta imitadores humorísticos
por su voz un poco gangosa o como entrecortada. Hubo una época en que había
muchos humoristas que se ganaban la vida imitando las voces de Llongueras o
Calvo Sotelo, que hacían befa y mofa de los gangosos, los tartamudos, los
bobitontos y los afeminados, y que imitaban a Alfonso Sánchez
con notable parecido. En humilde homenaje a sus presentaciones antes de la
programación de los clásicos del cine y a lo que de él dijo Umbral (que estaba
deseando acabar su propia columna para ver de qué trataba), le dedico póstumamente
este post hermano.

