A Maite Hernández Seisdedos, con quien finalmente nos pudimos encontrar tras un trayecto mío de taxi, emocionante, para el que no tuve la precaución de tomar biodramina
Al
Dr. Agustí Alsina, in memoriam.
l "efecto mariposa" es un
concepto que hace referencia a la noción de sensibilidad a las condiciones iniciales
dentro del marco de la teoría
del caos. La idea es que, dadas unas condiciones iniciales de un
determinado sistema
natural, la más mínima variación en ellas puede provocar que el sistema
evolucione en formas totalmente diferentes. Sucediendo así que, una pequeña perturbación
inicial, mediante un proceso de amplificación, podrá generar un efecto
considerablemente grande (Wikipedia)
Mi cuñada (R. Mª), mi hermano y yo
estuvimos un buen rato analizando cómo podía haber bajado el camión derechito
marcha atrás hasta Petrarca siendo como
es que la calle Llobregós no es una
calle recta. Llegamos finalmente a la conclusión de que al ser el lecho de una
riera, probablemente, cualquier cosa que caiga por esa especie
de cauce siempre seguiría el mismo recorrido, como un burro.
También coincidimos en ver la masacre que podría haberse producido si el
accidente o incidente en vez de producirse a las 16:30 se hubiera producido un
poco más tarde, cuando pasan los niños y sus acompañantes a la salida
de varios colegios que hay por allí. De hecho, nunca nunca
nunca se me ocurre pasar después de las 16:50 por el Paseo Maragall entre Plaza Ibiza y Can Fargas porque
es impracticable. La barrera humana que se forma (o inhumana) adquiere
dimensiones desalentadoras y no digamos un viernes que se junte con los
carros de la compra.
El Señor en su perfecta sabiduría no sé
si interviene en este tipo de desastres, sea para evitarlos o para lo que sea,
pero lo que sí es cierto es que no dará abasto y que no hubo ninguna víctima y
que ni siquiera hubo un ataque de nervios. Por lo tanto todo acabó felizmente,
volvieron a rehabilitar el edificio y los niños siguen
haciendo sus melés con sus madres o
abuelos y sus carros y sus bocadillitos
de jamón en dulce. De todas formas, durante mucho tiempo cada vez que la gente
del vecindario pasa por la calle Llobregós
inevitablemente recuerda esas colisiones. La asociación de
ideas no es bien bien el efecto mariposa, se me
dirá, pero estructuralmente lo recuerda, especialmente ante reacciones humanas
e inhumanas incomprensibles.
Siento mucho no recordar ahora
absolutamente todos los buenos profesionales
que he tenido la suerte de encontrarme y cuyos servicios he pagado con gusto y
sólo lamento que no puedo recompensarlos
con un trueque y poderles ofrecer algo que yo supiera hacer. Y es que yo
no sé hacer nada. Yo si acaso sé organizar el desorden
material.
El Dr.
Agustí, fue mi odontólogo durante muchos
años porque a los nueve me atropelló un SEAT
1500 y sólo me golpeó en el fémur izquierdo pero como yo no pesaba ni 30 kilos
volé 12 metros y fui a dar contra el bordillo del Paseo
de la Muerte (ahora llamado Paseo Pi i Molist). El Paseo de la Muerte o Paso de la muerte era el nombre
con que se le conocía popularmente hasta que el número de víctimas hizo
recapacitar al Ayuntamiento. Eso llevó años. Muchos años. Si en vez de darme en
la boca me hubiera dado un poquito más arriba yo no estaría aquí. Ni aquí ni en
ninguna parte, como es natural. La madre del taxista, extremeños los dos, me
vino a ver cuando convalecía y me trajo una figurita
de Avon que era una dama con
su miriñaque cuya cintura se desenroscaba y revelaba una botella de agua de
colonia que olía a rosas. Así, digo, yo
iba bastante al dentista y casi nunca me hizo daño. La única vez que me hizo
llorar fue cuando supe que se murió (*). Una vez, mientras me practicaba una endodoncia observó
que me caían unas lágrimas como garbanzos de los ojos. Al acabar la
intervención me preguntó si me había hecho daño. Le contesté que no, que es
porque sonaba Mozart. Era el andantino del concierto
para fagot KV 191.
La primera vez que yo supe de la frase
de Adorno (“Tras Auschwitz no se puede
hacer poesía”) fue en el prodigioso blog del Aviador Capotado, una entrada con el conflicto
milenario en Palestina. Le dejé mi primer comentario en esa entrada
precisamente:
"Lo malo o lo bueno o lo que sea
que es, es que en el fondo parece que se quieren. No he conseguido entender qué
ocurre en Palestina. Eso no quiere decir que entienda lo que ocurrió en Auschwitz, por supuesto. Pero lo que sí
entiendo es que Adorno no era poeta ("zapatero, a tus zapatos"), que
la poesía no es un adorno y que hay poesía para cuando hay frío. Por eso y no
por otra cosa yo diría que fue que Quevedo
escribió en el soneto aquel del polvo enamorado "nadar sabe mi llama el
agua fría" y que Aleixandre
escribió lo de las "espadas como labios".De todas maneras, después de
ver el video y de haber sobrevolado tu blog, a ver quien es la guapa
que aterriza ahora. "
Ahora me he vuelto a encontrar la frase
de los cojones, sí, "de los cojones", en otra novela (¡del año 2003!)
y mi legendario mal carácter, mi irritabilidad, que no
mi sensibilidad, se me ponen como si me hubiera picado una medusa o una hidra
venenosa. Y es que además de no estar de acuerdo con la
frase, estoy en contra y no quiero que se repita tanto. A
fuerza de repetirla tanto nos la vamos a creer. Por favor, que los filósofos no
se pongan a poetas, que los poetas no se pongan a filósofos, que los maestros
no se pongan a hacer de madres o de tour-operators . Sólo a las madres de España les
está permitido hacer de todo. Y mucho cuidado porque si bien es cierto que
ahora hay muchas mujeres que quieren tener hijos no todas quieren ser madres,
que es muy diferente. Vale ya. "Zapatero a tus zapatos".

