Amaga la boqueta ─se la tapa amb les fulles mé petites. De tant en tant les fulles es separen, de la buqueta li surt fum blau, i xiula. Molt fi. Per fer-li companyia les flors de borratja li envien olor i la pluja la ruixa perquè no estigui trista. Viu i mor així: voltada d'afecte i gentilesa
Mercè Rodoreda, Viatges i flors
Ayer, después de ver Jurassic World: Rebirth (Gareth Edwards, 2025) me costó un buen rato recuperar la hemodinamia y hacer una higiene de imágenes apocalípticas. Gareth Edwards tenía 15 años cuando salió la primera película de la franquicia y hemos de suponer que la vio. Curiosamente, o no, la trama gira en torno a la obtención de biomaterial de unos animales prehistóricos que viven en un habitat similar al mesozoico, para la investigación de enfermedades cardíacas. Se supone que viven en el ecuador donde ─según una de las primeras consignas de la película─ viven exentos del calentamiento y las enfermedades (!). Hay más consignas, pero esta es la mayor. La que por otra parte predomina constantemente en los medios de comunicación peoristas (periodistas).
Sospecho que los peoristas cobran algo, muy poco, cada vez que dicen la frase "cambio climático" o la palabra "vacuna". Por favor, atiendan a esa repetición constante a lo largo de cualquier programa. Y eso ocurre en todos los canales y emisoras a las que yo puedo recurrir de forma gratuita con mi TV y mi transistor. Pero no descarto que sometan a esos mismos mantras incluso en los medios de pago. La intensidad y la frecuencia de las rutinas es tan notable que solo por eso habría que cuestionar los mensajes. En la TV además nos torpedean con mapas metereológicos teñidos de rojo y con imágenes de laboratorios con personal vestido con EPI (equipos de protección individual) donde se adivina que dentro hay una persona muy motivada por la ciencia.
Como en Flow, el grupo de supervivientes es "multicultural". Aparece una familia que podría ser sudamericana navegando por el Atlántico tropical, en la Guayana francesa. Y durante el largometraje se oyen cinco o seis frases en francés. Hay un científico inexperto en misiones de aventura, dos que ya sabemos desde el principio que serán los primeros en morir, un villano malísimo que quiere hacer negocio con las muestras de ADN y, entre otros, la buenísima Scarlett Johansson. Aún hay gente por ahí que dice que la actriz no es guapa, cuando ya en Match Point (Woody Allen, 2005) en su papel de Nola lo dice ella misma bien claro: "What I am is sexy. But Linda's, my sister, is classically beautiful."
Aparte de los detalles comunes en tantas películas de acción y aventuras, no falta el detalle buenista para que durante el desarrollo de la expedición el científico paleontólogo con gafitas convenza a Zora (Scarlett Johansson) para que no gane ni un duro (aunque se habló en dólares de diez ceros) y así se pueda ceder globalmente el beneficio de la investigación científica sin patentes. La verosimilitud de todo ello es bastante endeble, pero ya se sabe que eso es lo de menos, porque lo que importa es que todo más o menos cuadre, aunque sea mentira. Exactamente como ocurre con lo que está en el aire. Los mismos que crean los monstruos mutantes y nos meten bróquil por todas partes nos van a salvar de la fibrilación auricular y la isquemia crónica.
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Hace poco, era sábado y fue este invierno, me sorprendió ver una cola ante la puerta del edificio histórico de la Universitat de Barcelona (UB). Para ser un examen se les veía relajados. La cola era gruesa y rodeaba ya el chaflán con la calle Aribau. Nos acercamos y ya a mitad de camino vimos gente con orejas de elfo protéticas y alguien con un vestuario que no me veo capaz de definir. En la puerta una ujier nos comentó que iban a firmar libros dos o tres autores cuyos nombres me eran totalmente desconocidos. Intento recuperar el hilo del asunto en internet, pero como el acto no estaba patrocinado por la UB y no tengo ni idea de quien lo organizaba, es poco factible identificar el evento.
Al parecer en la novela fantástica lo mismo entra Harry Potter como Ray Bradbury o George Orwell, cosa que ya indica poco más o menos que lo que pasaba con la novela histórica, que todo cabe, siempre que la temática sea la propia. De hecho, hasta la Odisea puede considerarse una novela fantástica. Pero me temo que los lectores que yo vi este invierno ceden su entusiasmo a unos libros muy voluminosos y que, como en Xena: la princesa guerrera, nos encontramos cosas de la época micénica y cosas de la época medieval, todo junto y mezclado con fenómenos maravillosos. A lo mejor cuando llevas tres o cuatro libros de estos leídos te enganchas y ya no puedes leer otra cosa. A mí me daría más bien por la novela negra. Los de la cola, por cierto, parecía que mucho no les daba el sol.
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