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El ágave de la fotografía está en Collserola y lo que vemos es la flor, algo que señala el fin de su ciclo vital. Esto es: se está muriendo. Es una planta que cuando florece muere. Hace muchos años oí decir que era una "planta abortiva", pero creo que los botánicos se refieren a su condición como "monocarpismo". Como mi ignorancia en Botánica es casi total, voy a dejarlo ahí, porque lo único que se me ocurre es que de todo ese proceso surge una planta renacida. No lo sé.
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Como dejó dicho Carmen Martín Gaite, "lo raro es vivir". Y eso que no vivió para ver que en España hubieron el año 2023 103.097 abortos. Hasta la palabra aborto suena mal. Pero ocurre que este tema está tan cargado de ideología (e intereses económicos no menores), que cuesta siquiera rozarlo porque levanta ampollas y reacciones irracionales.
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Cuesta creer que haya gente que vive de practicar abortos. Especialmente desde mi punto de vista, cuando lo considero una aberración.
Incluso para el budismo, que habrá que recordar que no es una religión sino una filosofía, que no tiene dogmas, el aborto está descartado o proscrito. En el budismo se contempla la situación del nacimiento como algo en lo que interviene tanto la voluntad de los padres como del que va a nacer, además de la voluntad del orden que rige la vida. El hinduismo considera que el aborto es execrable y solo hay que practicarlo para salvar la vida de la madre o en contados casos que el judaísmo por su parte ha analizado con prolija precisión (malformaciones, violaciones, incesto, etcétera).
25.045.672 abortos marcaba el Worldometer a las 5:44 y señalo la hora exacta porque cada segundo o menos aumentaba un caso. El número de suicidios era de 593.980, cifra que doy por dar una proporción de lo que no guarda en principio relación directa pero que en mis sumas tiene que ver con una sociedad fallida.
Hoy es el día de mi cumpleaños y en un par de ocasiones mi madre me dijo que yo había sido deseada. Creo que ella le concedía importancia a aclararme este hecho, que a mí no se me había ocurrido nunca, y es que para ella la tenía. Si se ven el par de fotografías que hay de mi bautizo, el día de Santiago de 1961, se ve a mi madrina, mi padre y mi abuelo felices, muy felices. Como quiero imaginar que lo estarán el día que me vuelvan a ver, aunque de alguna manera el amor que nos tenemos rebasa el tiempo y el espacio.
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Al lado de las vidas que se han abolido terapéuticamente o por hacer la vida materna más confortable, o por lo que sea, vi durante mi breve paso por el servicio de Pediatría del Hospital Vall Hebron, niños de apenas 3 meses que ya habían sido atendidos por 9 especialistas. Habían nacido mal y gracias a la Medicina más avanzada sobrevivían. Recuerdo esas semanas con mucha tristeza. Fue durante la pandemia, porque nuestras consultas externas se habían cerrado cautelarmente. Lo pasé mal cuando veía a los niños, a los padres y a los abuelos. Yo ya llevaba muchos años viendo enfermos, pero eso era mucho peor y ─por decirlo rápido─ iba contra natura.
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A pesar de que las comparaciones son además de odiosas casi siempre injustas, el pensamiento me ha traído una frase de Maria Mercè Marçal, cuando le preguntaron porqué escribía y ella dijo que lo que ella se preguntaba era que porqué no escribía. Y es que hemos de pensar que algunas veces el impulso poético se le resistiría o no alcanzaba la fuerza necesaria para brotar en palabras. Aunque M.M.M. muchas veces aportaba una visión transformadora a lo consabido, sin llegar a ser disruptiva ni rompedora pero sí subversiva. Pero me interesa más la pregunta primigenia, la clásica, la que plantea qué es lo que nos lleva a escribir ¿Qué es lo que nos lleva a escribir? tiene el potencial de un koan zen.
Dejo de lado las circunstancias actuales, en que se impone el anhelo de una renovación cultural y social que excede todo pronóstico más allá del marketing. Y sin embargo para mí la escritura no es una actividad tan diferente de lo que es la música o cualquier modesta actividad humana ajena a las profesiones llamadas liberales.
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El número de obras verdaderamente notables en la literatura y en la ensayística es nimio, siempre en comparación con la producción total. Incluso hay autores que solo han podido escribir una obra redonda, inspirada, flamante y serena a la vez. En el intento también hay muchos descubrimientos y merece la pena, creo. No pasa nada.
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