18/7/25

Al revés



"Stupidity should be painful"


eí hace poco la frase "la estupidez debería ser dolorosa" en X y luego he sabido que se venden en una plataforma camisetas con el mensaje. La frase se puede tomar por lo menos de dos maneras: 1) que el dolor nos advierta de que algo va mal, o 2) que el dolor nos prevenga de seguir por ese camino, como ocurriría con un reflejo condicionado.
No me imagino un dolor lacerante pero sí una especie de calambre, como una respuesta eléctrica a un exceso de imbecilidad sobrevenida, para alertarnos de que estamos ante la famosa línea roja. No creo que pase mucho tiempo antes de que se invente algún dispositivo que sea capaz de medir ─sobre todo ante conductas repetitivas─ que estamos alcanzando el punto que ya marca una necesidad de atención y rectificación.
A pesar de que alguna vez se encuentra alguna joyita en X como la que he traído, también se encuentran tuits que nos conducen al mal humor o a la decepción. Pero la parte buena es que nos recuerdan que la estupidez está ahí a la vuelta de muchas esquinas para retratar nuestra vil condición. Ayer se interpuso en mi muro un tuit que poco más o menos explicaba: "Hemos ido a tomar cañas en familia. Justo al lado de la terraza del bar sentado en un banco un señor mayor que conocemos a fuerza de pasar por el mismo sitio. Saluda siempre. Buenos dias / noches. Digo, quiere usted tomarse un vino, le invito! Ha merecido la pena totalmente. Recomiendo la experiencia."
Reproduzco el tuit no para señalarlo sino porque no me veo capaz de trasladar con exactitud los matices que se escaparían de otra forma. La situación que muestra es muy clara: van "en familia"  a un bar donde otras veces han visto cerca, sentado en un banco, a un anciano solo. Se deciden a invitarlo a pasar un ratito con ellos, de lo que se sienten muy gratificados y es algo que lo consideran una "experiencia". Los comentarios, todos excepto el mío creo, corresponden favorablemente la experiencia con afirmaciones del género bonito. Mi comentario fue: "Lo normal". Luego maticé: Lo que debería ser lo normal.
A lo mejor tengo que explicarme más, desarrollar porqué me parece normal lo que se explica como un hecho portentoso e inspirador. Pero no es fácil, porque tengo que retrotraer situaciones propias del pueblo de mi madre, donde veraneaba de niña, o a vivencias propias nada maravillosas en las que coincides con extraños y compartes un breve diálogo. Tengo dos caminos de nuevo: 1) desarrollar cualquiera de esas situaciones de comunicación sana, o 2) explicar situaciones sociales fallidas de cualquier comunidad. Cualquiera de los dos caminos me inspira igual pereza.
Sin ánimo de porfiar con la tuitera bienintencionadista, recalco la frase "en familia". Porque está claro que el hecho de que la gente vaya por el mundo en tropa hace que de alguna manera se cierren más a su grupo y lo hagan menos permeable a lo que está ocurriendo a su alrededor. Si la tropa va por una calle, por ancha que sea, se despliega a todo lo ancho y quien se cruce en sentido contrario tendrá que hacerse a un lado. La tropa entra a trapo a veces en las cafeterías o restaurantes, en los transportes públicos, y el número les da poder para elevar la voz e imponer su conducta. La familia a veces queda reducida a una parte de sus miembros. Y si van con los niños al parque se relacionarán con grupos asimilables (mamá con niños con otra mamá con niño o niños, persona con perro con otra persona con perro o perros). 
Los señores mayores que se sientan en los bancos conservan aún el hábito social de dirigirse a quienes se sienten cerca, pero eso se hace con prudencia por ambas partes. Ocurre que a lo mejor alguien se sienta porque necesita reponerse porque le duele una rodilla y no quiere conversación, o que si te la dan tienes que evitar que se convierta en un consentimiento a lo sicalíptico, que abunda, no se crean.
Que somos una sociedad fallida se nota también en el microedadismo (o edadismo sin más) y en nuestra imposibilidad para relacionarnos con los demás incluso en situaciones que propician la comunicación, como la participación en una ruta cultural o natural guiada o en un cualquiera de los eventos que se ofrecen con los clubs de lectura, centros cívicos, asociaciones, etc. 
La verdad, que alguien repare en lo bonito que es como experiencia invitar a una persona a un vino, me lleva a una melancolía inconsolable.
*
La imagen de hoy está tomada en el parque de Can Xirigoy, que como tantos está tomado por las personas que llevan a sus perros a orinar, etcétera. Esto, que también parece de lo más normal no debería serlo porque los parques tendrían que servir para poder respirar en paz y para apreciar los vegetales. Que puedan ir los perros está bien, pero no para hacer sus necesidades. Todo al revés.

Parque de Can Xirigoy. Caballo añadido en la edición de la fotografía.


(c)SafeCreative [texto y fotografía]: 2507192534958 y 2507192534972