Henceforth I ask not good-fortune, I myself am good-fortune,
Henceforth I whimper no more, postpone no more, need nothing,
Done with indoor complaints, libraries, querulous criticisms,
Strong and content I travel the open road.
Walt Whitman, Song of the open road
Si hay algo de común en los diarios de Katherine Mansfield, los de Juan XXIII antes de ser Papa, Carmen Martín Gaite y por ejemplo Albert Camus es que desde fuera dan la sensación de estar persiguiendo deno(na)dadamente algo que se les resiste y que no depende de nada más que de ellos mismos. Sea una disciplina en la escritura, sea la humildad y el fervor en el caso de Angelo Giuseppe Roncalli. Hay otros casos del género autobiográfico que son, exagerando, opuesto, y que en vez de estar rondando una idea, un propósito, un deseo, se muestran o son como una línea recta imaginaria hacia la consecución de cuanto se han propuesto. Una trayectoria, un currículum.
Cuando con ocasión de ser
"escriptora del mes" a Maria Mercè Marçal le preguntaron que
por qué escribía, contesto que lo que ella se preguntaba muchas veces era por
qué no escribía. Sobreentendemos que lo que se preguntaba era por qué no
escribía siempre. Como por oficio. Y nosotros nos preguntamos dónde habrían ido
a parar los versos de la poeta si una muerte prematura no hubiera malogrado su
vida en julio de 1998. Al lado de esa hipótesis inútil discurre la certeza que
tenemos quien más quien menos de que, como decía el poeta Aragon, "En
el fuego de lo que fue, arde lo que será". En este punto, como en
otros, no estoy ni del lado redentorista (personalista) buenista ("con
empeño todo se puede alcanzar") ni del lado fatalista providencialista
("no hay nada que hacer"). Y no lo estoy porque de lo que sí estoy
segura es de que se puede empeorar. No sé si me explico.

El punto medio (Cerillo) | Dibujos
de oficina
(c)SafeCreative 2212162881351