8/3/10

La agua fría

El año 2005 adopté este verso de "Nadar sabe mi llama la agua fría", del famoso soneto de Quevedo, como difivisa o lema. El verso que le sigue ("y perder el respeto a ley severa") está bien como verso para demostrar el arrojo que lleva el cuarteto, pero ya se sabe que se puede ser heterodoxo sin ser iconoclasta, que es una costumbre porfiada y desagradabilísima, sólo disculpable en picos emocionales como la adolescencia, un penalty, etc. No suelo confiar en los iconoclastas y no me dejo impresionar pero que nada por sus baladronadas y me doy perfecta cuenta de que los que dicen ir a contracorriente están más integrados que las madres que los parieron y la claque, por mucho que disimulen y se sienten en la ya anacrónica fila de los mancos. El verso final, el del "polvo enamorado", está tan socorrido, que ni me dejo vencer por la tentación de googlelizarlo y ver en cuantos blogs aparece.

Como esto vuelve a ser una enciclopedia, a pesar del breve alegato a favor de los derechos de los no nacidos, que creo que fue un desvío justificado a la vista de lo perdido que está el mundo, me debo referir a ese frío y a mi naturaleza más verdadera, la de nadar en ese frío y hasta en la tibieza. Servidora, nació un 22 de julio, el año en que se levantó el muro de Berlín, a unos pocos grados de Leo pero aún en el Cangrejo, ese crustáceo que a veces camina hacia atrás y que creo que tiene una pinza más grande que la otra. Pocas veces he tenido la ocasión de ver en el cielo a la vez a los dos astos que son para todos más evidentes sin acudir a todo el firmamento ni a Zoroastro o a la Astrología: el sol y la luna. Esa unión la conocen los chinos como las bodas de la luna y el sol y está presente de alguna manera en muchos mitos de Oriente y Occidente. También está presente en el momento en el que los pingüinos emperadores antárticos, todos a una, salen del mar para realizar la marcha hacia el lugar donde se aparean cada año, en la segunda o tercera luna de cada año solar. Más o menos por estos días. El pingüino emperador es un animalito que contra todo pronóstico sobrevive a pesar de tener que soportar frío y calamidades. Ya nos referimos en su momento al documental sobre "La marcha del emperador" ("Le marche de l'empereur", 2005) de Luc Jacquet, de manera que como esto vuelve a ser una enciclopedia no lo repetiremos.

Así es que en mi forma de ser, a veces lunar, a veces solar, se funden -como hoy se fundía ruidosamente toda la nieve caída en Barcelona- los dos fundamentos de nuestro cielo y nuestro todo. Así es que de la misma manera que podemos distinguir en el fango la existencia del elemento telúrico y del elemento acuático, servidora está muy inclinada a dejarse impresionar por aquellas cosas en las que intervienen el agua y el fuego. Claro está que mi punto de vista está claramente distorsionado por la quincalla sinestésica que acarreo en mi ya larga existencia. Así que, digo, para mí es agua-fuego una copita de licor de naranja, el hielo, los reflejos del sol o de los fuegos de artifico sobre el agua (Débussy, Haendel), un cisne, el güisqui on the rock, el vaho del géiser, y así por el estilo. En Barcelona ayer hubo nieve, pero hoy se produjo un deshielo rápido. Todo va últimamente muy deprisa. Se derretían los cuajos de los aleros, y el agua corría por las calles rutilante como si fuera agua de manantial, pero también como un reguero de pólvora enamorada. Evidentemente hubo un cierto caos circulatorio ayer, y hubo mucha gente que no pudo dormir en su casa (que no es poco) y otras cuestiones, pero pertenecen a otro post, no a este.

Fotografía de internet

Fotografía de Marta Domínguez Senra. Collserola desde el barrio de Horta (Barcelona)

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