A Rafael Anglès
a única razón por la que guardé estos
apuntes de 1986 es porque el cuaderno sobre el que están escritos fue mi
primera encuadernació; yo ya no guardo casi nada. Pero, mira por donde, me
sirve para de alguna manera refrescarle la memoria a una amiga que el jueves me
decía que ella el año 1986 ya usaba ratón. El año 1986 había unos 4 ordenadores
en el Hospital de Bellvitge y uno de ellos lo usaba yo. Con MS-DOS como sistema
operativo, el Word-Star -ni siquiera el Word-Perfect- como procesador de textos
y un módem externo de 300 baudios para comunicarme a través del servicio X25 de
Telefónica a un host de Alemania en Colonia (DIMDI). El primer ratón yo
se lo vi a un Apple Macintosh y me pareció un instrumento ortopédico que no me
gustó nada porque todo lo que no cuenta con las dos manos me resulta doloroso
sólo a la vista. Pero el ratón está unido en nuestra memoria a Windows y a esas
ventanas a las que ya nos acostumbramos pero que no son menos engorrosas que el
sistema primitivo de los comandos.
Apuntes de 1986 sobre MS-DOS
*
El primer correo electrónico que yo recibí fue a finales de 1992 o en enero de 1993, no más tarde. Y me lo envió Lluïsa Amat desde el Institut d'Estadística de Catalunya, a través de un protocolo puro y duro de telecomunicación, sin interficie alguna. El primer ratón fue bastante después de todo esto. Así es que mi amiga anda bastante desmemoriada.
Servidora no ve casi nunca la TV, pero alguna vez que no sirvo para nada más
(ni siquiera para dormir) me veo alguna película. Y el otro día via algo de
Cine de Barrio. Una película con Gracita Morales y José Luis López Vázquez. Hay
una escena de un supermercado en la que se ve la fruta que hay a la venta y los
precios. Además de que figuran en pesetas y sin la obligada denominación de
origen actual, lo que los hacía llamativos era el desfase con respecto a
nuestros días. Ya no nos acordamos de muchas cosas por las que hemos pasado y a
veces nuestra percepción de lo que aún tenemos ahí a la vuelta de la esquina es
tan superficial que si tuviéramos, qué se yo, que dibujarla, apenas saldría un
esbozo desproporcionado, incompleto e impreciso. Decía Leonardo da Vinci, en su
Cuaderno de dibujo, que solo podíamos dibujar aquellos que conocíamos.
Hay muy poca gente que sepa o que esté dispuesta a dibujar (que eso es harina
de otro costal) y no nos enteramos bien de casi nada porque nuestros sentidos
están como adormecidos y entumecidos. ¿Será para no sufrir?
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