Audrey Hepburn era belga, de familia aristocrática que había pasado por dificultades. Como la otra Hepburn, Katherine, Audrey se arrogaba ser descendiente del cuarto conde de Bothwell y todo lo demás. Como dos posts atrás ya tratamos el tema de las paradojas, no hace falta volver a remarcar la extrañeza que no dejan de producirme esas y otras contradicciones e ínfulas. Conocí hace años la hija de un sindicalista de CCOO, barbero cuando no estaba liberado, cuyo afán máximo era conseguir un ático en el Paseo de Gracia, cosa del todo punto fuera de sus posibilidades y del panorama programático del comunismo. Hasta donde yo sé. Lo que sí sé es que debe de ser muy cansado pretender parecer quien no se es.
Otras veces, supongo, habrá quien
echará mano de la imagen de Kate Moss, más apetardada, trendy y
andrógina. También contarán algo las posibilidades de cada cual. Por mucho que
yo me empeñara en parecerme a Eva Herzigová, tengo muy pocas. Más bien podría
haberse intntado algo remotamente parecido a Sofía Loren, je je. Aparte de mi
remoto parecido con Sofía Loren, que negaré de aquí en adelante en toda
ocasión, durante unos meses pesé exactamente lo mismo que Naomi Campbell.
Es una idea que tengo poco elaborada
pero digo que a veces veo un cierto fetichismo y travestismo en esas
imitaciones y copias. Sobre todo travestismo, como si -déjenme que sólo lo
plantee- la feminidad de Rita Hayworth (a pesar de que la confío a Max Factor)
fuera menos cuestionable que la de Penélope Cruz. Es decir, para mí Penélope
Cruz es un hombre. Un hombre falso pero un hombre. No una mujer. Todo esto es
muy complicado y todal a mí tanto me da.
El francés siempre nos salva, con su
ronroneo y sus palabras agudas, de caer en la brutalidad y en la grosería. Yo
lo leo poco porque luego todo me resulta feo al lado del francés, quitando la
poesía china y el canto de los pájaros y tres o cuatro cosas más. Pocas.
Fíjense que en francés decimos "taie d'oreiller" a la funda de la
almohada. Y hay que ver lo que cambia decir bathrobe o bata a decir peignoir
o negligée. Un mundo. La palabra peinador estuvo en el español. Por casa
hubo uno o dos. Se usaban para peinarse y han sobrevivido en las capas de
cortado de las peluquerías, que son mucho más lagas y que recuerdan el
chubasquero de Bruce Willis en Unbreakable"/"El protegido (M. Night Shyamalan, 2000). Los peinadores que recuerdo eran de tieso nailon,
cortos como mañanitas o capillas cardenalicias. Nada que ver con el peignoir
francés, que apenas sirve para no mostrar lo que deja ver el chiffon
translúcido del negligée, que es mucho.
Aunque el peinador de uso privado o
doméstico prácticamente ha desaparecido, y ni no pregunten, pregunten, si que
se ven aún los antimacasares, esos tapetes de hilo, lino o ganchillo que se
ponen en los sofás para resguardarlos de la suciedad o el roce. El macasar era
cierto aceite que se usaba para el cabello que debía de dejar los sillones
pringados, por lo que la palabra "antimacasar" parece que podría
provenir de este particular. La palabra ha sobrevivido en esos apoyacabezas
desinfectados en los asientos de los aviones, pero más bien hay que hablar de
neologías, de almohadas cervicales y todo tipo de cachivaches para ayudarnos a
descansar mejor. Lamentablemente, o no, nada hay que ayude tanto a descansar
como estar cansado (si no se está demasiado cansado, que también puede ser).
Cuando el sueño nos atrae, es mucho mejor que cuando la serpiente pitón Kaa
hipnotiza a Mowgly ("Trust in meeeeeeeeeeeee") en "El libro de
la selva", y cuando nos hundimos, nos dejamos vencer y hasta nos cae la
babita, eso sí que es descansar en paz.
Tal vez Louis Vuitton es una de las
firmas con más imitaciones. Tal vez el término legal es
"falsificaciones". No hace nada, el viernes, descubrí en "La
Vanguardia" un anuncio de Louis Vuitton "diferente". No parecía
ser uno de esos trabajos algo grotescos y cargados de mucho movimiento, como un
Miguel Ángel, con los que la fotógrafa Annie Leibovitz ha colaborado con la firma.
Se trata de un anuncio que he localizado en internet buscando por
"seamstress" y "Vuitton" en el Google. La voilà: La
costurera de Vuitton. Como quien dice la costurera de Vermeer o de Maes. En
su quietud. Pero es una modelo, no es una costurera de verdad. Por tanto
podríamos decir que es una imitación o algo parecido. Hay que decir en su
fabor, a favor de los publicitarios, que por lo menos hemos desplazado la
imagen lujosa de Vuitton y que da a entender un tren de vida elevado, por otra
imagen, la de la fabricación esmerada. Remates de hijo de lino tratado con cera
de abeja. También es un desplazamiento del foco desde los posibles consumidores
de las maletas Vuitton a sus fabricantes. Cando en los primeros se señalaba por
ejemplo el modo de vida nada rutinario, incluso aventurero y emocionante (véase
el ad de Francis
Ford Coppola y su hija en la Pampa), "proud to support The Climate
Project"), en el anuncio de la costurera se hace una especie de imitación
o recreación o lo que ustedes digan de las mujeres trabajando en sus casas de
las pinturas flamencas.
Curiosamente corre por internet una imagen de una bolsa de basura Louis Vuitton [enlace roto] que creemos que más bien aprovecha o recicla el envoltorio de alguna compra. No parece que se trata de una nueva campaña de la firma "proud to support the Climate Project".
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