ías atrás
vi no sé en cual diario ("¿El País?") un titular que decía poco más o
menos que Hilma af Klint era la precursora del arte abstracto,
y que su obra es anterior a la de Kandinsky, quien a su vez se había proclamado
como el primer pintor abstracto de la historia, por lo que parece. En la
hoguera de las vanidades arde como un ave fénix, constantemente, el asunto de
las primicias, los gestos y los récords. Mismo estos días -aunque ando un tanto
alejada de la "rabiosa actualidad" por una pequeña migrañilla-
observo lo mucho que se atiende al aparato externo del temperamento y hábitos
del Papa Francisco I, que si es vegatariano o no, que si toma el autobús o el
colectivo o no, que si procede de Buenos Aires sur, etcétera. La emotividad de
las hordas se mueve por estos trazos gruesos efectistas y por las sensaciones
más codificadas por el uso y la costumbre. No pude oír la misa que ofició
Bergoglio creo que aún como cardenal o no sé si ya como pontífice, pero ahí
está el qué, en cómo se queda el cuerpo después de una misa. Tal vez se le
piden demasiadas habilidades y virtudes a quien no deja de ser un hombre por
mucho que cuente con el espaldarazo del Espíritu Santo. Por lo demás, ese
personalismo no deja de ser algo por lo que no nos deberíamos dejar contaminar
los que somos un poco católicos. No deja de tener un punto idolátrico que viene
acaso a compensar la vomitera iconoclasta que nos cae cada dos por tres (seis)
a los que tenemos a Manolo por pastor y cordero.
Yo no sé si
la pintora sueca Hilma af Klint fue la primera pintora abstracta; pienso que
no, pero no porque lo fuera en su lugar Kandinsky u otro pintor sino porque la
pintura abstracta debe de haber existido siempre ya que es una necesidad.
Reconozcámoslo. Hoy leo que Miss Mary Lawrance, de quien nos
quedan cosa de 90 grabados con rosas, fue la antecesora de Pierre
Joseph Redouté. La inglesa publicó A collection of roses from
nature el año 1799, mientras que los tres volúmenes de las rosas de Redouté, espléndidas, son algo posteriores, como veremos en algún post en el
futuro. Hoy en el álbum, como homenaje a la inglesa Mary Lawrance, que me
parece que por no tener no tiene ni una página en la Wikipedia (!), le dedico
una pequeña selección en este pobre blog con sus láminas.
Al cierre
de este post no tengo la certeza de si algunas de las numerosas sociedades de
amigos y amantes de las rosas o alguna sociedad científica le ha concedido los
nombres de Lawrance o de Redouté a alguna de las no menos numerosas especies
que tenemos en la Tierra. Lo desconozco. Pero tanto la inglesa como el belga se
lo tendrían bien merecido.
Me imagino
los ratos que pasaron con las rosas, con los especímenes individuales, donde
encontrarían como Shakespeare en la mujer a quien dedicó su soneto 130, su
singularidad, en cada una de ellas. Qué horror cuando dentro de unos días
veamos por Sant Jordi las rosas clónicas, metidas en frigorígicos para
conservar una frescura de la que en realidad nunca gozaron.
(*) Trad.
al catalán de Salvador Oliva : La meva amant té un ulls que estan lluny
de ser un sol; | el vermell dels seus llavis ho és molt menys que el corall. |
Els seus pits no són blancs com la neu, i no em dol. | Si els seus cabells són
fils, negre n'és l'escampall. | Són blanques i vermelles les roses damasquines,
| però, a les seves galtes, no hi veig roses així; | hi ha en molts perfums
delícies i olors molt més divines | que les del seu alè quan és ben prop de mi.
| M'agrada quan la sento parlar, pro sé molt bé | que la música sona amb un so
molt més dolç. | No sé pas com caminen les dees; ara bé, | la meva amant camina
trepitjant terra i pols. | I tot i això, pel cel, és molt més excel·lent | que
les que símils falsos descriuen falsament. (Els sonets de Shakespeare)

