"Escribo para definirme, un acto de autocreación, en un diálogo conmigo misma,
con escritores que admiro, vivos y muertos, con lectores ideales.
Porque me da placer. No sé con certeza para qué sirve mi trabajo".
"La vida del hombre creativo está guiada, dirigida y controlada por el aburrimiento.
Evitar el aburrimiento es uno de nuestros propósitos más importantes".
Susan Sontag
l año pasado adquirí a
través de todocolección.net unos papeles secantes que tenían su interés. Cuando
yo empecé a escribir con pluma se usaban unos papeles secantes de color rosa, pero
los que se ofrecen por lo general en todocolección.net (hoy cosa de 5000)
llevan por un lado publicidad de todo tipo, no ya de materiales de escritorio
sino también de medicamentos, crecepelos y productos de la higiene diaria. En
el álbum incorporo hoy la imagen de uno de los papeles secantes de Waterman y
otra de un papel continuo que se aplicaba en un artilugio llamado
secafirmas, donde podía ser repuesto según el uso.
El formato del rollo de
reposición "As" de secafirmas me hace pensar en el papel
higiénico "El elefante", que
junto con el Jabón Lagarto y la Lejía Conejo,
formaban la troika de la higiene de los años 60. Y no olvidemos que los
primeros libros de nuestras latitudes eran rollos. Se creen los geeks que los
libros como un conjunto de hojas de papel unidas por el lomo y más o menos
numeradas es una cosa que se improvisa y se piensa en un abrir y cerrar de
ojos. No. Habrá que decir que para más Henry la primera biblioteca donde al
parecer se pusieron los libros derechos, con los lomos indicando su contenido y
colocados verticalmente, fue en la herreriana biblioteca de nuestro monumento de
El Escorial. Pero ese es otro tema, y nos ocupa el tema de los rollos.
Ayer me acordaba porque
leía muy a pesar la colaboración de un periodista o una periodista en un diario
de tirada nacional y percibí -gajes del oficio- que el plumífero o la plumífera
se aburría él a sí mismo o a sí misma a todas luces. No es que quiera imitar a
la candidata Díaz a la Junta de Andalucía, que aburre a las
ostras con esa cruzada contra la gramática y con esa manía socialdemócrata de
desdoblar los géneros, cuando el género masculino sirve para el género cero o
no marcado, que no para todo o por mera dominación. No, empleo el
desdoblamiento de géneros porque no quisiera dar pistas sobre la identidad del
pobre periodista que contra viento y marea hizo su columnita y me trasmitió
(por lo menos a mí) su cansancio. Solo le he leído tres columnas mal contadas y
en las tres recurre 1) a dar a entender que está bien relacionado (colchón
social, asinus asinum fricat); 2) a ser algo displicente para con
sus semejantes (como los genios a veces son maleducados, creen los maleducados
que son geniales), y 3) a no definirse gran cosa, ya que tiene dificultades
para decir exactamente lo que piensa, aunque es peor cuando lo consigue que
cuando no, ya que al menos cuando no lo consigue deja una especie de vaho de
misterio insondable impostado que tiene su atractivo estilístico.

Pero si hay algo que da más pena que ver a un escribidor que se aburre de sí mismo o a una escribidora que se aburre de sí misma (lo sé bien) es la mentira piadosa dirigida a un texto o, en general, a cualquier obra creativa. También lo sé bien y por partida doble. Por activa y por pasiva. Yo he tenido en mis propias manos lecturas que me han ofrecido con todo el afecto y que se me caído de las manos arrojándome a una tristeza de difícil asimilación, especialmente cuando nos han dado a leer o a ver u oír algo con el propósito de obtener nuestra opinión y/o felicitaciones. Tiene una algo más que una ligera idea de lo que representa ponerse a escribir y a leer. Y tanto a un lado como al otro de la barrera, si se me admite el lenguaje taurino, prefiero la verdad. No podemos perder el tiempo ni hacérselo perder a los demás. Siempre se puede decir algo benevolente de todo cuanto se cruza en nuestras vidas, claro está. Y sin embargo tengo a gala que lo que yo diga gustará o no gustará pero jamás he dicho ni una sola mentira piadosa. Y la verdad es que no veo el objeto. Y aunque dijo Susan Sontag "La mentira es la forma más simple de autodefensa", siempre estoy mejor dispuesta (por temperamento) a entender una verdad -por atroz que me resulte- que cualquier mentira, por liviana que parezca. Y he observado que solo ganan mi admiración aquellas personas que son capaces de actuar según lo que les dicta directamente el corazón.
Hoja de papel secante

