"La cultura no és més que xafarderia"
Josep Pla
Lamentablemente
no encuentro en internet más información sobre la novela de la que ofrece la
solapa de mi edición, cosa que también tiene su interés porque me indica (por
lo menos a mí) que la sátira fue recibida con una especie de omertà o
silencio ovino que subrayan y ponen aún más de relieve el tejido social que
se representa bajo nombres supuestos en el libro. Hay al principio de todo ello
una especie de guía de lectura con el dramatis personae en grupitos. Uno
de los grupos es el de la Gauche Dorée (en la realidad la Gauche
Divine) donde es fácil reconocer a la fotógrafa Colita en Melita y a
Serena Vergano en Nabuca Daiano. La efímera actriz milanesa Serena Vergano tuvo
un hijo del arquitecto Ricard Bofill, homónimo, que ustedes recordarán que
estuvo casado antes de con Paulina Rubio con Chábeli Iglesias Preysler. Hay
personajes fácilmente reconocibles ya solo por el nombre, como por ejemplo Lluís
Nyap (Lluís Llach), pero otros -como por ejemplo Iscle Garsó (Salvador
Espriu) solo lo son por las referencias que se nos dan.
En
honor a la verdad, o a la realidad, nunca se sabe en estos casos, habría que
decir que en principio el carácter catalán es contrario al chisme, la
chafardería, el safareig (al lavadero público) y por lo tanto en parte
el silencio sobre el libro se puede atribuir al buen orden del gallinero,
siguiendo con el lenguaje figurado pero no por mucho tiempo. Y sin embargo, por
lo que llevo releído no se desvela nada que no sepamos. Si acaso se habla
pícaramente sobre cuestiones que los libros de historia de la literatura
tratarían eufemísticamente, en una terminología más técnica y pretendidamente
neutral o sometiéndolas a un adelgazamiento o estilización y desodorización
totales. A mí, que precisamente desde los años noventa dejé de cultivar mis
lecturas en catalán, el libro de Terenci Moix me sirve como libro de Historia
de aquellas generaciones y hasta con él doy por bien empleado el tiempo que no
perdí pero sí invertí en unas lecturas que pienso que me sirvieron para mi
formación pero que doy por superadas.
Una entrevista que pude tener con Salvador Espriu si no
recuerdo mal el año 1984, un año antes de su muerte, me permite garantizar por
si a alguien le queda alguna duda que Iscle Garsó es Salvador Espriu. En la
mencionada guía de lectura se define como "el poeta «nacional»",
cosa que puede despistar hasta cierto punto si no añadimos que fue muchas veces
considerado nuestro candidato más firme al Premio Nobel de Literatura.
Desde que Espriu murió, las únicas candidaturas que se han promocionado desde
el Principado son (además de los Juegos Olímpicos) las referentes al Patrimonio
de la Humanidad y la capitalidad de la telefonía móvil, cuestión que si pudiera
verdaderamente confirmar con fundamento me permitiría afirmar que después de
Salvador Espriu no ha habido un autor de su talla y condición. Pero como esto
es un post de un pobre blog, nos podemos permitir este tipo de injerencias y elucubraciones.
O banalizaciones, según se mire.
Las
referencias que ofrece Terenci Moix son claras, aunque se puede admitir que en
la recreación que hace de la entrevista de Lleonart y Espriu, el lenguaje de
Espriu pierde mucho del vigor y escrupulosidad que tenía a costa de cargar
las tintas en otros de sus rasgos. No se puede decir que fuera cursi (carrincló),
tampoco que fuera clasicista, puesto que su medida y contención se desvanecían
cuando había la ocasión de exagerar un poco o acudir a la jaculatoria,
característica que ganaba mucha expresividad por cuanto la presencia de Espriu
era de una extremada pulcritud. Iscle Garsó repetirá varias veces que dispone
de poco tiempo, de poca salud, que escribe lo justo, lo útil, de forma
pusilánime. Da a entender que es un profeta, que su mundo o su pueblo están
condenados a la extinción, y todo aquello de la muerte.
Curiosamente,
ya que hablamos de la muerte, tanto Terenci Moix como Salvador Espriu tenían un
gran interés por el Antiguo Egipto. De hecho se podría decir que Espriu podía
tener los conocimientos que se le suponen a un egiptólogo, aunque su formación
procedía del Derecho. Algo me dice que la atracción por Egipto lejos de generar
afinidades entre ellos -si es que se llegaron a tratar, que yo no lo sé- no
habría hecho más que distanciarlos. Por lo demás, ahora sí ya en el terreno de
la chismología, tanto Moix como Espriu fueron solteros, aunque Moix se
reconocía sin tapujos homosexual e incluso fue muy sonada -por no decir
estrepitosa- su separación del actor Enric Majó.
No
creo que sea por espíritu de contradicción, pero lo que es hoy en día me
inspira mucho mayor interés la figura de Augusto Algueró, que no se
puede decir que perteneciera a la Gauche Divine, pero que era barcelonés y
compuso la pieza central de la película "Tuset Street" (Luis
Marquina, 1967), "Boccacio
Soul". Por una injusticia o indigencia civil que reta todo comentario
y todo análisis, la discografía y la prodigiosa relación de la obra compuesta
por Augusto Algueró no están al alcance de cualquiera en internet, como
sí lo están las de otros artistas del pop (incluso ingleses). Creí que a su
muerte esta carencia sería remediada pero no ha sido así. No pierdo la fe en
que se haga, pronto y bien.


