"[A los arikara] se les consideraba expertos cultivadores de maíz, con el cual comerciaban para obtener carne y mantas. También cultivaban guisantes, calabazas, tabaco y girasol, trabajo encargado a las mujeres, mientras que los hombres cazaban uapitíes, ciervos y búfalos. Asimilaron algunos elementos de las civilizaciones de las llanuras, pero eran sedentarios y conocidos como «comedores de maíz».Vivían en ciudades semipermanentes de casas cubiertas de tierra y llevaban gorros de piel de nutria. Las actividades del poblado se controladas [sic] con referencia a una maza sagrada que estaba en manos de un sacerdote. Este oficio y el cargo de caudillo tendía a mantenerse en posesión de unas pocas y primordiales familias.Los cargos más modestos se asociaban con la organización militar, la danza y las sociedades curativas, como la Hermandad del Bisonte. Junto con otras tribus de la llanura, practicaban la autotortura como prueba de virilidad en ceremonias tribales de la danza solar."(Arikara, Wikipedia)
Siempre
me han conmovido hasta lo más hondo esos retazos de castellano en los cantares
gallegos, que al parecer se incorporaban cuando mis ancestros iban a segar el
trigo de Castilla, donde cantaban mucho. Hay en la red otra versión, que no es
la que canta con toda propiedad Berrogüetto, que en un resabio
galeguista transforma el último verso al gallego normativo "porque os meus
vanse acabando". Pero hasta donde yo recuerde y por muchas vueltas que le
doy a la cabeza, no encuentro ni un solo cantar tradicional con una frase
causal conjuntiva. Se les fue la mano, a los prescriptivistas.
Me
temo que fuera del Canadá no es posible encontrar un uapití, por lo
menos en libertad, que a lo mejor en cautividad habrá algún ejemplar en algún
zoológico zooilógico. En CosmoCaixa tenemos unas capibaras, que son como
unas ratas grandes como cerdos, que me producen una inmensa angustia. Cuando me
empezaba a acostumbrar a verlas paseándose por el llamado bosque inundado le vi los
dientes a una y a poco más me muero. Eran como teclas de piano pero en
dentadura postiza. No quiero ni pensarlo. Pero después de eso y el asesinato de
Trini no he pasado por ninguna otra impresión fuerte. Todo son chascos. Y en
esto vengo pensando desde el viernes, cuando mi prima (no la de riesgo, la hija
de mi tía) me contó que tenía un paciente de 8 años con un colesterol alto
de más de 400. El niño es de origen boliviano, indio. Se suele decir que muchos
indios tienen una insulinorresistencia llamativa, que tenía sentido por ejemplo
cuando tenían que pasar un día sin comer nada y contar con reservas. Ahora esos
indios, como no cazan o no están en la selva o donde sea que estuvieran, se
ponen gordísimos -es el caso de los indios pilma, si no recuerdo mal- y
tienen trastornos metabólicos graves. No han conseguido evolucionar al ritmo
que les ha impuesto la historia y ya no digamos las corrientes migratorias.
A
veces pienso que hay gente que fuma para que el empujón de humo toque esas
entretelas que se ponían en marcha y de punta ante el peligro real, ante la
alerta que suponía buscarse el alimento cada día o descubrir un reptil hostil.
Como
ya he dicho otras veces, yo me crié en la calle. A veces asomaban los niños
blanquitos y repeinados, esos que jugaban si acaso en sus casas con el
Scalextric. Los otros niños les cogían y les daban una lección bastante cruel de
la que salían despeinados y zarandeados. No yo, pero pienso que tal vez algo
les decia que esa era la manera de quitarles la tontería, como si la tontería
se pudiera quitar, que no. Nada me los recuerda tanto (a los del Scalextric)
como los geeks, esos seres un poco andróginos, fláccidos o infantiloides
que están todo el día que si el e-learning, que si la realidad aumentada, que
si el código bidi, que si Twitter, que si patatín que si patatán. Todo eso para
mí son como juguetitos, de los que por supuesto uno enseguida se aburre y no
como una ostra ni como un uapití. Se aburre sin más. Servidora es muy animal y
se siente indefinidamente más atraída por cualquier otra cosa que esté viva,
aunque sea una pareja de tórtolas que al fin y al cabo parece que siempre
están haciendo lo mismo y que se posan cada mañana desde hace cosa de 7 años
ante mi ventana.
Como
ya no me hacen "Mentes criminales" a lo hora de la cena, serie que me
relajaba mucho, he tenido que volver a cenar con la radio puesta. Otra cosa no
quiero ver. Parece que se acabó la temporada de fútbol, cuyas tertulias me
relajan también mucho, especialmente cuando tienen pretensiones filosoficas,
tanto es mi desapego por lo que sienten y dicen. Pero los miércoles oigo un
programa de geeks que me sirve como baño de tecnología o de
cacharrería y que me inmuniza de cualquier entusiasmo o curiosidad por lo que
tratan. Somos animales absurdos.
