No
sé si el origen del código "Error 404: file not found"
es fiable, aunque se puede decir aquello de que si non è vero è
ben trovato. Reproduzco más que nada el párrafo de Wikipedia
para oponerlo al chiste de la ilustración y para ilustrar la hipótesis de que
los errores son un conjunto cerrado y tienen un número limitado frente a la de
que los errores son innumerables y además infinitos. Esto pertenece al estudio
de las Matemáticas y de las probabilidades, me temo, campos en los que hace
tiempo no he incurrido más que para hacer alguna operación aritmética sencilla.
Seguramente
los que saben mucho de errores son los docentes y en general
aquellas personas que se proponen trasmitir un conocimiento. Yo he aprendido
muchísimo de mis errores y sé que seguiré comentiendo errores, la mayor parte
sin consecuencia. Recuerdo cuando codificaba la actividad del quirófano del
Hospital en el que trabajé entre el 24 de julio de 1985 y el 31de marzo de
2005, que más de una vez cometí el error de ponerle el código de riñón
implantado al trasplante de hígado y viceversa (de ponerle un hígado nuevo al
enfermo de riñón). Como digo esto no tenía mayor consecuencia porque mi jefe
tenía un tamiz donde detectaba cada mes nuestros errores de codificación y este
era un error "sistemático", como se suele decir, mío. Se me podrá
disculpar mejor si añado que los códigos eran numéricos y muy parecidos, de
cuatro cifras en las que solo variaba la última. Cuando mi jefe no captaba mi
error lo captaba la Economista, puesto que es chiquicientas mil veces más
oneroso un trasplante de hígado. A veces mientras trabajaba le decía a mi
compañera de despacho: "Si llegamos a ir en un avión nos vamos todos al
carajo" Y, con todo, al decir de mis jefes siempre, se ve que me equivoco
más bien poco. Pero me equivoco.
Luego
están los errores que no son sistemáticos o de ligereza sino que surgen porque
uno sabe menos de lo que se pensaba o se creía que sabía más, que viene siendo
lo mismo. De esos se aprende un montón, pero por mucho que se haga parece que
no se llega nunca a aprender del todo, como si a cada paso nos aguardara como una
trampa o un espejismo la ocasión de meter la pata o hasta de
desengañarse, que eso también proviene de un error o de más de uno.
Una
extraña perversión que creo que es específica de los seres humanos es
precisamente un rasgo inhumano, el de aguardar que alguien la pifie para
echárselo en cara, como si así viera acrecentados sus méritos. En mi escaso
conocimiento del mundo he corroborado muchas veces que la gente con más
habilidades y capacidad no cae en esa especie de bajeza. Esa pulsión es más bien
propia de perezosos y mediocres o de gente que por
alguna razón que no se me alcanza se dedican a minar la moral de los demás. Y a
veces lo consiguen, pero solo mientras no se les descubre la rutina y
simplemente lo único que se puede hacer es tal vez ignorarlos.
Qué
bonitos son los errores, sin embargo, cuando nos permiten explorar más
nuestro entorno y nuestras posibilidades. Y como decía aquel, sólo se equivoca
el que trabaja. A más trabajo, más errores.

