A Maite Hernández Seisdedos
Caminar
en las tinieblas
Parábola
de Agripa Menenio
Estos días estuve mirando un vídeo, con una sensación
extraña entre la angustia y la curiosidad, de la mona Natasha,
del zoo de Jerusalén. Después de un episodio agudo de gastroenteritis
(stomach
flu) pasó a caminar sobre sus dos pies. Los veterinarios pensaron
que la causa podría ser debida a un daño cerebral. Curioso porque yo al verla
pensé que igual tenía algún problema en el diafragma torácico. En cualquier
caso la forma de caminar de Natasha a mí me resulta inquietante y no sabría
defender el motivo. Como al final del invierno pasé por una
gastroenteritis especialmente violenta e iterativa y me quedé hecha un escogorcio
(*), me acordé de la parábola
de Agripa Menenio, cuando terció en el motín del Monte Sacro (493 a J.C.), haciendo de mediador entre patricios y plebeyos.:
“La
primera vez no todo estaba en armonía en la naturaleza del hombre tal como es
ahora: Cada miembro tiene su propia voluntad y su propia lengua. Todos los
miembros del cuerpo se quejaban que todos sus afanes, y todos sus servicios
eran sólo para servir al estómago. Hubo una verdadera conspiración. “Si
el perezoso estómago“, dijeron, “muriere, ya no trabajaríamos más“.
Así que de acuerdo todos, las manos ya no llevaron comestibles a la boca, los
dientes ya no masticaban. “Por lo tanto, el estómago, será
conquistado por el hambre“, dijeron. Pero lo que ocurrió es que las
fuerzas de todo el cuerpo se debilitaron. De esta forma aprendieron rápidamente
que el estómago no es ocioso e inútil; así como él mismo puede alimentar, él
mismo era un seguidor del conjunto. De esta forma el hombre es a las fuerzas
por el que vive y prospera a través de la silenciosa labor del estómago
recibe”. (Wikipedia)
El
motín de Sicinio Beluto se podría muy bien ilustrar
con mi gastroenteritis, que llamaré “paradójica” porque pude usar
simultáneamente el W.C. y el bidet, y por lo tanto quedó más que testada la
buena ergonomía de mi equipo sanitario.
En esto de la ergonomía andan muy metidos, puestos y salidos los diseñadores y evaluadores de páginas web, y los expertos en “usabilidad” y en arquitectura de la información. Al final no hay más remedio que ir a investigar el llamado eye-tracking o rastreo o seguimiento visual, y cómo la vista planea sobre las pantallas a través de movimientos sacádicos y fijaciones:
“Una
sacada es un movimiento rápido del ojo,
cabeza u otra parte del cuerpo de un animal o dispositivo […] La finalidad de
las sacadas pueden ilustrarse mediante el ojo. Los humanos no miran una escena
de forma estática por lo general. En vez de esto, los ojos se mueven, buscando
partes interesantes de una escena y construyendo un mapa mental
referente a ella. […] Moviendo el ojo de forma que pequeñas partes de la escena
puedan ser advertidas con mayor resolución, se pueden optimizar los recursos
del cuerpo. Si toda la escena fuera vista en alta resolución, el diámetro del
nervio óptico sería incluso mayor que el del propio globo ocular. Por esto, un
procesado de toda la escena en alta resolución requeriría además un cerebro varias
veces superior al actual.
Es
una creencia común, pero falsa, que durante la sacada no se transmite
información vía nervio óptico al cerebro. […] Este fenómeno, conocido como enmascaramiento
sacádico o supresión sacádica, se
sabe que tiene lugar en los momentos previos a un movimiento sacádico del ojo,
sugiriendo por tanto que hay un motivo neurológico detrás, más que una función
puramente mecánica u óptica.
Una
persona puede observar el efecto de enmascaramiento sacádico situándose a 45 cm
de un espejo y observando su ojo derecho, luego su ojo izquierdo, luego
volviendo al ojo derecho y sucesivamente. No se verá el movimiento de los ojos,
pero tampoco existirá la sensación de que el nervio óptico ha interrumpido
momentáneamente la transmisión de información al cerebro. Debido al
enmascaramiento sacádico, el sistema ojo/cerebro no sólo oculta el movimiento
del ojo, sino además oculta que haya ocultado algo”.(Wikipedia)
Electrooculogramas
No
he podido encontrar aún ningún electrooculograma de los ojos de un
músico leyendo una partitura musical, pero parece que la
Psicología y la Neurología no han podido alcanzar ninguna conclusión sobre qué
es lo que pasa cuando leemos música. Servidora está aprendiendo y, después de
caminar en la oscuridad, es algo bastante inexplicable. No es que yo diga que
no tiene explicación, que seguro que la tiene, es que yo digo que no soy capaz
de explicarlo. Me contento con intentar dar testimonio aquí en esta otra
enciclopedia.
Para
acabar, un texto de Cerillo, pintor que
vive en el Pirineo catalán que hace poco escribió sobre su visita a Arco:
“Yo
he decidido guardar tres paredes de mi casa
para instalar y contemplar con detenimiento tres obras de cada exposición que
me interese. La primera pared para gozar de lo que atrae a mi atención de
inmediato, la otra para la obra que rechazo, incomoda, abomino o lo que sea y
la tercera reservada para más tarde, para aquella obra que sin mirar vi y que
luego incomprensiblemente aparecerá en el recuerdo. Una vez empapado de ellas,
pasado un tiempo, las cambiaré por otras de cualquier otra exposición que
reúnan los mismos intereses o maldiciones. Aunque ya sé que esto es un sueño,
que este es uno de aquellos placeres que, en fin, nos están vedados”. (De
Cerillo En el
caos)
El
texto de Cerillo me recuerda o concuerda a su vez con otro mío, de “Cuerpo extraño“, mi post preferido:
Pediría
para mí tres cuerpos. Uno para estar en el mundo a
pesar de todo. Otro estaría, pues eso, como está la luz cuando baila por la
mañana en la pared saltándose todos los orificios de las persianas y tocando el
arpa del polvo, o como está la luz cuando pace en la tarde en los ojos de las
llaves puestas, como pacían los animales de antes de las explotaciones
ganaderas, aquellos bueyes bergantiñanos de
1200 quilos y más. Otra estaría haciendo pruebas, equivocándose, conociendo
lugares y tiempos, aprendiendo, experimentando.
*
Dedicamos
en *ALFB un post a la mirada, “Los hombres y las mujeres”, y mínimamente hicimos una clasificación por la cual
no es lo mismo la mirada panorámica del froteur que la del
carterista, o la mirada de las estatuas abismada en la
absoluta belleza. Nos dejamos la mirada de “si te he visto no
me acuerdo” que siempre es mejor que la de cambiar de acera. Y la del gato,
tanto a la que siempre apelan los profesores de tai chi para condicionar una
mirada sin fijación y sobre todo sin movimientos sacádicos, flotante,
ambiental, como a aquella otra de los felinos cuando miran la nada
como si ahí hubiera algo que nosotros no vemos.
(*) La palabra escogorcio no se encuentra
en el DRAE, pero yo la tengo más que contrastada por su uso por lo menos por
los aragoneses y se refiere a algo estropeado y/o chuchurrido.


