Por si las moscas, he tomado una serie
de disposiciones. El testamento ya lo tengo hecho hace años y no
contiene más particularidades que las que se refieren a mis exiguas
pertenencias, todas ellas el fruto de mi trabajo desde los 17 años.
Deseo dejar lista mi declaración de la renta para el año 2008, y la casa como los
chorros del oro. Ayer tuve el inconveniente de que se me desbarató el sifón
del WC, pero esta misma tarde "Hijos de Antonio Español, S.L."
me lo ha dejado como nuevo. Ya me imaginé yo, por el efecto mariposa, cuando
llegué a casa y vi que estaban abriendo una zanja en la calle para retocar las
cañerías, que eso iba a perturbar mi instalación. Hacía días que notaba un
sonido diferente en el desagüe, y la entrada de aire tres pisos más abajo tenía
necesariamente que afectar mi cisterna. Como así fue. El aire y el agua
a la vez son impredecibles.
Además de todo ese trabajo he tenido
que dar salida al habitual, a mis deberes para con este blog, al enfado de mi
anciana madre (que se ha tomado la operación como una ofensa a su genealogía y
está con un cabreo franco y un fastidio supino), y a un largo etcétera de
quisicosas que no son al caso.
También he tomado mis disposiciones
para dejar por aquí algo programado, cuando aún no tengo como aquel que dice
hecha la placa de tórax preceptiva del preoperatorio. Espero que seré
dispensada porque la última vez que me hicieron una ecografía, como estaba
presente una radióloga en formación, me examinaron desde la tiroides (que está
a la altura de la garganta, más o menos) hasta la uretra. "Mira qué
uretra más rugosa, típica de una mujer". Y yo, que estaba en ayunas,
y que realmente a lo que iba era a descartar algo que estaba mucho más arriba
en relación con un enzima hepático alterado, soporté toda la lección anatómica
con paciencia y resignación. Verdaderamente la radióloga experta es un encanto
de médica, un pedazo de profesional y estuvimos incluso haciendo unas bromas
didácticas con mi arteria ilíaca y algún microhemangioma anodino -por no
decir "vulgar"- que vio en mi hígado. Lo que ocurre es que el ayuno
para mí es un tormento sin paliativos.
Dicho esto, podemos pasar a la foto de
la imagen. Creo que es un peón. Servidora no sabe casi nada del ajedrez porque
nunca he encontrado a nadie con quien pudiera estar en la proporción de
inteligencia óptima para aprender. El único candidato ideal se llama Pepe
y está desde el 24 de julio de 2008 fuera de juego, en una clínica de bien
morir, impedido, por un derrame cerebral. Como además soy persona obsesiva
y que alcanzo unos niveles de concentración paroxísticos, prefiero no entrar en
el ajedrez, porque seguramente no saldría. Pero a lo que íbamos era al peón. Y
es que mi situación actual como paciente o habría que decir "como
enferma" (puesto que mi paciencia es cero), es exactamente como la de un
peón. El post anterior, aparte de despejar una serie de temas mundanos e
intentar corresponder el valor de Hernán J. González y su modelo moral,
pretendía también situar a quien por aquí viene más o menos asiduamente en mi posición
emocional como mortal. En resumen lo que digo es que si me muero no pasa
nada. Lo sentiría por las personas que me quieren y sobre todo por las que
creen que es mejor que me precedan en ese camino que todos, indefectiblemente,
hemos de tomar. Por lo demás, no tiene el menor interés. Soy una persona más y
puedo ser una persona menos. Es que lo mismo es decir "the game is
over" que "alea jacta est", vaya.
Así es que probablemente, en los
próximos días igual tendré que dejar de atender el blog, no tanto en lo que
respecta a la publicación de entradas (puesto que dejaré alguna programada)
como en lo que respecta a los comentarios que queráis dejar. Por lo tanto
espero que todo siga como siempre y como si nada, que es como debe ser.
Como a los nueve años fui atropellada y
volé 12 metros hasta dar contra un bordillo, y el 1992 atravesé una puerta de
vidrio, dos años antes había pasado con un Peugeot 405 entre dos
camiones, superé ya dos operaciones con anestesia general, y nunca he tenido
miedo, no hay que preocuparse de nada. A lo único que creo que tengo miedo es a
los "ambulancieros", puesto que he observado que con altísima
frecuencia se les caen los accidentados de las camillas, cosa que es el colmo
de Murphy. Pero aparte de eso, que no será mi caso, y de que los desayunos del
Hospital son vomitivos, estoy segura de que todo irá razonablemente bien.

