A Cristina Mendes Ribeiro, de Estado Sentido
engo de leer Un ratito con los hostiles en el blog de Hernán J. González, el cual ilustra muy bien la sensación que tenemos algunos católicos practicantes ante la hostilidad creciente que nos rodea. También se refiere a la lengua de la misa, dado que el blog es argentino y ya sabemos que el español es la segunda lengua más hablada del mundo, ya que la hablan vernacularmente o no unos 450 millones o 500 millones de personas humanas, pero con una gran variedad lexicográfica y también de algunas formas pronominales y verbales, de entonación, de fonética y hasta de la gestualidad asociada al lenguaje hablado.
1) Una comunicación con un espectro
territorial más amplio, con más gente de otros paises y otras culturas y
otros saberes.
2) Una presión normativista menor,
ya que la presión normativista y terminoloca (que no terminóloga) que padecen
las lenguas minoritarias es inviable para una hablante de mi naturaleza. Mi
natural es independiente, recreativo y saussuriano chomkysta-tusonianista (por
Noam Chomsky y por Jesús Tusón).
1) Participar en una misa.
2) Realizar operaciones aritméticas o
tomar nota de un número de teléfono.
Además de entender que la liturgia
vaticana sea en latín, debo admitir que es algo que me chifla, porque si hay
algo que me gusta en este mundo –además de los percebes, la tortilla de
patata, los árboles, el cielo y cuatro cosas más- es el latín. Yo oigo un Virgilio
o un Horacio o un Ovidio bien pronunciados y me pongo como
aquellas fans que tenían los Beatles o los Rolling Stones, que acababan
desmayadas o entre espumarajos de gustirrinín.
Lo que ocurre es que el latín, entre
que fue lengua del Imperio Romano y que lo es de la Iglesia, tiene una
mala prensa terrible. Se considera fascista y recibe apelativos que
parecen extraños al ámbito de lo que es una lengua. ¿Cómo puede haber una
lengua “fascista”? Se dirá que el italiano es más atractivo que el alemán, que
con el francés es imposible ser desagradable, pero todo tiene un límite. Vale
ya de estereotipos, jolín.
Hablando de hostilidades, que es lo que
era el tema central del post de Hernán, se refiere él al desprecio que reciben
los creyentes y practicantes católicos durante las manifestaciones populares de
algunas tradiciones como las procesionales. No sé si sabe Hernán que la
mayor parte de los hostiles incluso desconocen que las procesiones la mayor
parte de las veces por no decir todas están organizadas por cofradías
que nada tienen que ver con la liturgia y con la Iglesia como institución. Son
manifestaciones populares de la fe.
Otra forma de hostilidad a la que
Hernán no dedica un espacio pero que yo tengo presente es la hostilidad que se
mete dentro de las iglesias, de los templos católicos. A veces entra en mi
parroquia un grupillo de gamberretes envalentonados que desparraman los libros
de los cánticos, o que vituperan a la Virgen o simplemente blasfeman cagándose
en Dios o cosas por el estilo. Son pruebas iniciáticas propias de la
adolescencia que se soportan con resignación y una cierta inquietud. Otra forma
de martirio que padece el católico practicante es la de las miradas de desdén,
odio y asco que percibe desde la fila de un grupo que están ahí, en la
misa, con el único objeto de celebrar un aniversario por un difunto. Van por
compromiso con la familia, pero para ir así, sería mejor que no fueran.
Indefectiblemente siempre ocurre lo mismo: no participan en la misa porque
ignoran (en los dos sentidos de la palabra ignorar) la liturgia, miran a los
creyentes con hostilidad, desprecio y repugnancia y aprietan las quijadas como
si en realidad lo que les pidiera el cuerpo fuera cortar cabezas. También
ignoran, a pesar de que algunos de ellos hicieron la Primera y Última Comunión,
que lo que allí ocurre es la transubstanciación de Jesús ni más ni menos. Y si
no lo creen, se les pide que lo respeten y que se vayan a reír de su madre.
Curiosamente los mismos que consideran
que el latín es “fascista” y los católicos también, sólo consideran que el budismo
y el taoísmo y el hinduísmo son en el mejor de los casos una pamplina, una
estupidez o una chorrada para débiles mentales y actores que van de guay. Hay
por ahí una barbaridad de gente que es incapaz de percibir que las
procesiones son un fenómeno cultural previo al franquismo e incluso al
cristianismo, y que sobrevivirán la recesión económica, el zapaterismo y la
OCDE y el Producto Interior Bruto. Esta barbaridad de gente –son cientos,
millares- realmente cree (¡“cree”!) que una procesión es un vestigio del
franquismo y sin embargo el fútbol, que es una de las otras y escasas
manifestaciones masivas que habían en tiempos de la dictadura y la
dictablanda, no lo ven franquista.
Me ha gustado mucho el título del post
de Hernán, Un ratito con los hostiles, porque parece remitir
a los "gentiles"
y tiene su gracia. Muy lindo y bien templado post, Hernán, bien templado como
la espada del arcángel Miguel y la que yo hoy levanto porque no me ha
quedado más remedio.
