"El animalito mira a la cámara preguntándose por qué rayos lo han hecho venir a este asco de mundo, muy pocos comprendemos su angustiosa pregunta" (Marithesun)
Curiosamente el blog de Olive, que creo
que nació en las Antípodas, ha sido prolongado por sus amigos. Y por supuesto
fueron ellos los que colgaron el post con la noticia de su deceso. Le comenté
ahi atrás y ahí debajo, en un comentario de Víctor, que una vez di con una
bitácora en la cual la autora comunicaba a su blogosfera que le habían
diagnosticado lo que en la prensa se conoce como una larga
enfermedad. Era el último post de una larga serie de entradas
cuya frecuencia era notable. Qué angustia que fuera el último, que hubiera
evitado a sus compañeros blóguicos los detalles de la convalescencia, la
curación o lo que fuera que pasó. Por lo menos en el blog, no sé si en la
mensajería electrónica. Y es que el blog es, como la amistad, un medio óptimo para
la complicidad más que para la confidencia.
Pero voy a confiar en este post mi
tristeza. Alguien me ha roto el corazón y eso es una de las pocas cosas que me
pueden entristecer. Hay pocas. Ayer veía la noche caer sobre las colinas de El
Carmelo y el Guinardó y las casas relucían como sobre áscuas. Dentro de mí
había el frío de una ausencia impuesta. Por eso estos días, cuando veo algo
como la foto de Tahina, la lemur de Besançon, me acongojo. No falla: de la
misma manera que mi amiga Àngels, aquejada de una larga
enfermedad mental, sabe que va a entrar en la fase depresiva en
cuantito le da por hojear el “Hola”, yo sé que me está cogiendo una pájara
cuando un ser indefenso como Tahina apela a mi instinto de protección. Encima
“Tahina” significa en algún idioma “necesita ser protegido”. Ese extraño
primate nos mira estrábicamente desde un desamparado verde del mismo color que
las bellotas de mar y los ojos que les pintan a las hadas y a otros seres
emboscados que viven en la más perfecta de las inocencias.
Para más Henry, como decía un compañero con el que trabajé en el Hospital de
Bellvitge, en otro
lugar me la han fotografiado con un teddy, un oso de peluche,
cosa que ya es rizar el rizo, porque en mi trastorno de melancolía severa, no
hay nada tan concluyente como tropezarse con el montón de los peluches que hay
en la sección de objetos de regalo del Opencor de la esquina. Para comprar mi
pan de cada día debo entonces desviarme e ir por la sección del whisky, cosa
que tampoco es muy halagüeña, porque me recuerda a los
desahuciados por la vida. Así que de la misma manera que Àngels
se abisma en las bodas del “Hola” en papel couché y ahí en las puestas
de largo y los primeros baños de la temporada reconoce las fauces de la depresión,
yo veo en la mirada verde, estrábica y desamparada de Tahina y sus congéneres
mi propio desamparo.
Éste año nuevo chino, hacia la primera
luna de febrero, será el año del buey o del búfalo (v. post scriptum), el
segundo animal en su horroróscopo. El
primero es la rata. Al parecer hubo una carrera en la que participaron 12
animales o en la que llegaron los primeros 12 animales que constituyen a su vez
los signos zodiacales. La rata llegó antes que el buey, que es muy persistente
y tenaz, porque se puso sobre su cabeza y llegado el momento de pasar la meta
saltó hacia adelante. Tramposa. De acuerdo
con el calendario chino yo no sólo estoy bajo el signo del búfalo o buey sino
que al ser el búfalo o el buey del elemento metal, mi persistencia y tenacidad
son aún más acentuadas. Una no está demasiado por estas cosas tan impregnadas
de mitos y maravillas, pero sí que está por las estrellas en sí y por su
invocación y la de otras fuerzas de la naturaleza.
Nunca he querido mandar ni ser mandada, por lo que mi paso por la Universidad
–esa institución inalterable después de tantos siglos, para que luego se diga
de la Iglesia-, mi paso, digo, fue dentro de lo razonable... ¿cómo lo diría
yo?... Molesto. Y sin embargo siempre he estado abierta a otros saberes. Como
por ejemplo el de los animales. He aprendido de los animales lecciones
magistrales directas (sin fábulas de por medio) y lo he notado porque su
influencia podría marcarse en el mapa de mi vida como un tramo muy bien
delimitado. Tuve mi época de gacela, mi época de osa, de loba, de petirrojo, de
hormiga y de abeja, así que acepto humildemente una temporada bajo el influjo
del peluche
como aquel año, el de 1993, en que tuve que aceptar que se me regalaran 3
conejos y cuatro teteras.
PS: El ideograma chino para búfalo y
buey es exactamente el mismo, por lo que yo me decanto, como la anglofonía, por
ox,
"buey", sobre todo porque me parece que los atributos que adornan a
los nacidos bajo ese signo son más propios para este animal que no para el
búfalo.
