En cuanto al naturalismo mi
sensibilidad está cerca de Ignacio Abella, por
ejemplo, cuyos trabajos son una muestra del consabido pensamiento global de
acción local, de sabiduría, de una elegante sencillez y de un rigor que me
parecen ejemplares. El libro de Araújo por el contrario tiene muchas
fotografías, todas ellas de autores muy reconocidos de Magnum
o tipo National Geographic. Sin embargo, tiene solo un 2 % de texto, y eso
porque está en inglés y en español. Como estoy en mi blog me permito la
libertad de decir que parece un libro hecho con mucho dinero
(¿de la Exposición de Zaragoza?) pero con pocos
frutos. Es un poco como el prestigiado Premio Príncipe de Asturias,
que a mi entender tampoco sirve para nada porque ratifica valores ya cotizados
y porque es el único esfuerzo por lo cultural o lo científico del principado
que trasciende. ¿Se hace algo más? ¿Se nos pretende hacer creer otra vez más
que la cultura también es una cuestión de dinero?
El recorrido que sugiere la antología
de Araújo o al que él ha dado su nombre está con creces compensado por el
post que el Hermitaño publicó esta semana que secundo totalmente. Una
delicia. Las fotografías, volviendo a lo dicho, pertenecen a autores famosos e
incluso algunas de ellas son famosas por sí mismas, como la de la boca
de incendios de Harlem con la que se refrescan gozosamente dos negros, de Leonard
Freed, o la del hombre
saltando un charco , de Henry Cartier-Bresson, la
pareja bajo la lluvia de Cristina García-Rodero,
o la del segregacionismo, de Elliott Erwitt. Con muchas fotografías, las "tipo National Geographic",
me pasa como con la publicidad estupendísima de los diarios. Me explico: por
ejemplo, al hojear diarios como "El País", y ya no digamos "La
Vanguardia", me sorprende ver a todo color artículos de lujo que nunca alcanzarán
la mayor parte de sus lectores más que en un exceso o extravagancia que les
saldrá cara. Un coffee-table book como el de Araújo tenía que
llevar las cataratas de Iguazú y una imagen de los icebergs
a la deriva en la Antártida, además de los acantilados de
Moher, algún atolón polinésico, un arrecife caribeño y por
supuesto un niño oriental o africano cargando agua. Paradójicamente para tomar
esas fotografías el pijerío tiene que
consumir una enorme cantidad del enemigo principal del agua: el petróleo. Hay
que decir a favor del libraco que hay también una imagen de un avión "eurofeo"
surcando el firmamento y dejando una nube apestosa y sórdida.
A pesar de que en el libro aparecen
imágenes que ilustran el loto a flor de agua, el parto en piscina, la cloaca,
el acueducto, la noria, la presa, el arrozal, el Ganges
lejos del Himalaya, el agua que alivia de la sed y el calor; a pesar de las
imágenes del agua-océano, el agua-río, el agua-glaciar, el agua-delta, el
agua-orilla, el agua termal, el hielo convertido en agua, el agua convertida en
hielo, en cristal, en espejo, en carámbanos, en
barrizal, en ola, en tsunami, en chapapote..., noto a faltar la humedad, el
manantial, el torrente, la alfaguara, la
corriente, el remolino, el aljibe, la espita, el puente, el arroyo, el cauce
seco, la nube, el granizo, el rocío, el orballo,
la escarcha, el vapor, el arco iris, la avalancha, el alud, el aluvión, la
ensenada, el delta, el fondeadero, el pozo, la acequia, el
abrevadero, la marea, la resaca, la marejada, la marejadilla,
el promontorio, el buen puerto, el barco hundido, el ahogado, el chapuzón, el
agua bendita, la humilde burbuja, la
espuma venusina de las orillas, la pompa de jabón, el estanque dorado con sus
carpas y el botellín de agua del grifo que
lleva la vieja en el bolso y que bebe a gollete cuando le da la tos seca. Que
sin agua no se puede vivir.
Dejo como track de regalo en el tocadiscos virtual una canción de la angloindia Susheela Raman, sobre Maya, lo ilusorio. Así como ayer decía que "Hurricane" tenía un arranque incomparable, hoy digo que "Maya" tiene un final glorioso. La buena música es capaz de despertar una alegría embriagadora. Me hago un lío con el sánscrito y nunca sé si es bhakti o shakti, confusión que viene a ser como la que hay entre el seso y el sexo en los hablantes gallegos. Pero, ¿acaso no son lo mismo?
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