"14 de julio de 1789: Nada de importancia.
4 de agosto: Cacería de ciervos en el
bosque, se mató uno; el viaje de ida y de regreso lo hicimos a caballo.
7 de octubre: Nada de importancia ; mis
tías llegaron al almuerzo".
También nos recuerda este post
espléndido, impresionante, la célebre frase que se suele atribuir a su mujer,
Marie Antoinette: "Le peuple n’a pas de pain? Qu’il mange de la
brioche" ("¿No tiene pan el pueblo? Que
coman brioche").
Como se sabe, Luis XVI fue ejecutado en
la guillotina. El proceso contra el Borbón rey de Francia y Navarra empezó el 1
de diciembre de 1792, bajo cargos de alta traición. Fue sentenciado a muerte en
la guillotina el 21 de enero de 1793, por 361 votos a favor, 288 en contra y 72
abstenciones. Marie Antoinette de Austria fue guillotinada el 16 de octubre de
1793 tras un proceso terrible.
Sí que parece ser con toda probabilidad
de Marie Antoinette una palabra que pronunció cuando subiendo al patíbulo
tropezó con el verdugo: "Perdón". Si
la cosa no hubiera acabado como acabó, hasta tendría su gracia.
La buena educación
es algo que servidora valora mucho. En general suelo disculpar la estupidez, mi
estupidez, la incultura, mi incultura y la mala educación (nunca si se dan a la
vez, que eso es intolerable), pero siempre he creído que la buena educación
está para cuando no nos entendemos. Porque está claro que no
nos entendemos. Sospecho –aunque mi sospecha sea prejuzgadora o
políticamente incorrecta- que el verdugo no correspondió a la reina con un "Il
n’a pas de quoi" o un "Je vous en prie"
o con otra gentileza del siglo porque carecería de esos automatismos del trato
cortés.
En fin, antes de dispersarnos y llegar
al sexo de los ángeles, debería centrar el tema y advertir que tal vez el
equivalente de la inconsciencia de Luis XVI sería la
web de Mercadona que acabo de consultar. Hace media hora estuve
en uno de sus establecimientos y apenas había unas pocas patatas (unos 3 kilos
a 1 € el kilo), algunas latas de Coca-cola zero, huevos y algunos lácteos de
los que no necesitan nevera. Por no haber no había ni lejía ni cerveza. La web
de Mercadona de esta tarde no informa de la situación, ajena a la realidad y
hasta a la verdad, anuncia su nueva línea de desodorantes antitranspirantes,
una salsa para caracoles con pimienta, cilantro, cayena y guindilla, y la barra
de labios de acabado impecable. En honor a la verdad (y a la realidad), estoy
en condiciones de afirmar que en el establecimiento al que fui hace media hora
aún quedaban productos cosméticos en abundancia y que las estanterías de salsas
y otros productos conservados estaban a rebosar. Pero no habían alimentos
frescos. Habían vendido hasta aquel queso irlandés amarillo que es más malo que
pegarle a un padre con el calcetín de un cartero.
En el hospital donde trabajo (1300
camas y una plantilla de 6400 personas) nos comunicaron por correo
electrónico a todo el personal que, tranquilos, que quedaban
existencias para cuatro días. Por mis cuentas, como ese comunicado fue el
viernes, mañana estaremos verdaderamente a dos velas, tiesos, aunque parece que
se ha llegado a un pacto inicial y que las fuerzas de seguridad han
actuado para desbloquear los puntos más crispados, como por ejemplo La
Jonquera. Tenemos un camionero con quemaduras muy graves en todo el cuerpo, en
Alicante, y un piquete muerto en Granada. Se ha llegado demasiado lejos.
Mientras tanto, el blog
de Bibiana Aído, la ministra d’Égalité, Liberté
y Fraternité veo que no explica nada de su propuesta de elevar
por decreto la palabra "miembra" al DRAE, al BOE, a "El
País" y a lo que haga falta. Está con lo de la línea de atención
telefónica a hombres. De pensar el sueldo que le quedará de por vida a esta
mema arrastrada –sí, "mema" y "arrastrada"- por haber
servido como ministra al gobierno de España, no sabe una si cortarse las venas
o dejárselas crecer. No sabe una si tomar la única cerveza que le queda o el
culito de lejía de la reserva. Aún me acuerdo del susto que
tuve un día, pocos antes de mi examen para el Graduado Escolar,
cuando apareció el director –Laureà Vilalta Mata, d.e.p.- para comunicarnos que
desde aquel día ya no se ponía acento sobre la "e" en la palabra
"fue" y para explicarnos el motivo. Del motivo, ¿para qué nos vamos a
engañar?, no me acuerdo, aunque se trataba de rectificar una contradicción
ortográfica. Lo que si recuerdo es mi conmoción al ver que no se le tenía
ningún respeto a las palabras y al uso consuetudinario. De
verdad, en el disparatado supuesto de que tuviera que elegir entre pasar mis vacaciones
obligadamente con Bibiana Aído o con Marie Antoinette, a no dudarlo me iría ya
sabéis con quien. Aunque nos fuéramos de cabeza a un taxidermista.
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