o es fácil elegir una única fotografía de Félix Thiollier. En la página web del Musée d'Orsay se muestran 70 imágenes. Gracias a la fotografía y a los registros sonoros es posible tener una documentación bastante más ajustada a la realidad de lo que nos dejan ver a veces los documentos textuales, sin que descartemos que todo puede ser manipulado.
Ayer entrevistaron en "El ojo crítico" a Jordi Puntí, cuya novela Confeti, que obtuvo el Premi Sant Jordi el año 2023, trata sobre Xavier Cugat. En la entrevista el escritor explica algunas anécdotas sobre la imaginación de Cugat para adornar sus recuerdos. Es curioso porque seguramente la verdad era igual o más interesante de lo que podían ser estas fantasías. Y hasta más inverosímil. Llegó a decir que tenía cinco estrellas en el Paseo de la Fama de Hollywood.
Recuerdo que cuando Xavier Cugat se vino a vivir (o a acabar de vivir) a Barcelona vivía en el Hotel Ritz, que desde hace unos años se llama El Palace, pero que mucha gente seguimos llamando "Ritz". A finales de los 80 yo bajaba por el Passeig de Gràcia y él bajaba de un coche de lujo ─que no era el Rolls Royce Silver Cloud II─ en la intersección con Gran Via. Me miró como diciendo "¿No me conoces?" y debo confesar que me inspiró algo de pena no saber corresponder su popularidad un poco... ¿pueril? Hoy día le hubiera saludado, entonces yo no estaba por estas cosas. Lo de los chihuahuas y su mecenazgo de Nina, que luego dirigió Operación Triunfo, ya me resultan unas historias atractivas per se. Pero lo definitivo fue cuando admitió no solo haber trabajado para la mafia sino que eran buenos patrones, en el sentido de que pagaban puntualmente y bien, me figuro. Muy formales.
Las fantasías de Cugui supongo que tienen alguna explicación desde el plano psicológico, cosa que no me interesa gran cosa. Sí que me interesa reparar en que tal vez el hecho de salirse del lugar de origen mueve a la mentirijilla. Es fácil que cualquiera tenga buenos ejemplos de bocachanclas que cuando van al extranjero hablan de España como si fueran grandes conocedores de su Historia, Geografía, Literatura, Música, Gastronomía y del sexo de las gárgolas. También ocurre al contrario, es decir, cuando alguien que ha estado en otro país y habla de ese destino, lo adorna con unos conocimientos cargados de un crédito que nada ─ni siquiera la experiencia─ les concederá. El prestigio del viajero ya sabemos que está sobrevalorado. Impostores como Tania Head o Enric Marco se valen de que su escenario está lejos de donde se les conoce bien. Lo sant com més lluny més miraculós.
Como tengo aún buena memoria puedo recordar bien muchas cosas que se me han dicho e incluso las que mi interlocutor no recuerda haberme dicho, por lo que me veo en situaciones en las que prefiero ser clemente y pasar por alto lo que sé. La tendencia cuando se miente es la de pretender quedar uno mejor de lo que podría parecer, o inspirar fascinación, y queda peor. No sé si me explico.
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El otro día intervine en X por un comentario denigrante que recordaba que le había hecho Coque Malla a Mary Santpere en una entrevista de TV. Hace unos años la busqué pero no la encontré, pero el domingo se encontraba por búsqueda directa en internet, tanto en Youtube como en el podcast de RTVE, en un programa de 1990. Me vi las dos gravaciones (por si hubieran sido editadas) y no encontré nada que pudiera resultar ni denigrante ni molesto para Mary Santpere, con lo que tengo que lamentar mi error y que la memoria me hubiera traicionado de la manera más censurable. Coque Malla tenía 20 años y Mary Santpere 71, por lo que ella adoptó un papel de artista experimentada y hasta le daba consejos, pero él ya estaba conociendo el éxito y la fama y además es hijo de actores. Así que más bien podría haberse sentido él víctima del edadismo, más que ella.
Por alguna razón que no sé interpretar el año 1990 al ver el programa, conducido admirablemente por Mercedes Milá, me dejó una impresión equivocada que se mantuvo erróneamente en el tiempo. Hay que reconocer los errores y es algo que, aunque me produce un cierto disgusto, no eludiré. Cuando se hace algo mal o nos equivocamos lo mejor es admitirlo.
Paysage de mine, Saint-Étienne (Félix Thiollier, 1895-1910)
Sous-bois en fôret (Félix Thiollier, 1842-1914)
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