24/1/25

4723




l 29 de enero empieza el año 4723 chino y al parecer la celebración del distrito de Usera en Madrid es espectacular. En nuestra ciudad hay ─según el Institut d'Estadística de Catalunya─ unos 20.000 residentes (según Grok más de 54.000) y no dan que hablar ni tampoco hablan mucho, cosa que suele ir unida. Quizás me acercaré este domingo a la fiesta prevista en torno al Arc de Triomf y Passeig de Sant Joan y, si no hay demasiada gente, me quedaré un ratito.

El miércoles a eso de las nueve de la noche me pilló por sorpresa, cuando me dirigía a mi casa, el toque de campanas de Sant Vicenç de Sarrià. Un grupo de mujeres y hombres acababa de salir de la misa de las 20:15 y como no eran ancianos, según lo que viene siendo la afluencia a la misa entre semana, pensé que a lo mejor era una celebración. Y así fue, son las fiestas de Sant Vicenç, el patrono. Después he podido saber que el movimiento vecinal o alguna asociación ha recuperado el toque manual de las campanas (Vicenta, Eulàlia, Miquela y Maria), para lo cual ha tenido que organizar una ronda de voluntarios y formarlos.

En internet hay una fotografía no muy clara del momento en que se precipitó durante la Guerra Civil una de las campanas de Sant Vicenç desde el campanario. Al parecer la lanzó un miliciano. Y las cuatro campanas que hay actualmente serían las que se colgaron el año 1940. A mi me parece que no debe de ser nada fácil tirar una campana desde su campanario. Y la imaginación me ha llevado, por asociación de ideas, a recordar muy vagamente el artículo de Julio Llamazares sobre Las campanas de Foncebadón, en la maragatería leonesa, un pueblo abandonado.

se ha escrito poco sobre la gran cantidad de campanas que se sacrificaron durante la Primera Guerra Mundial para fundirlas y fabricar armamento. Que el tañido de paz y consuelo se transformara en dolor y destrucción es una de las metáforas más elocuentes del siglo pasado. El domingo hablaba del lenguaje de las flores victoriano y hoy podría hablar del lenguaje de las campanas, en su uso religioso y civil, si supiera, que no sé.  Simplemente señalo la alegría de ver recuperado el repique manual en Sarrià y que abriera las fiestas de invierno. En vez de una batucada.

Hice una pequeña grabación incompleta para poderla compartir aquí. Este breve audio con la imagen fija de la iglesia dos horas antes, se me mezcló con la noticia de las tres clarisas de Pedralbes que han abandonado el monasterio, que tuvo 8 siglos de vida religiosa creo que ininterrumpida. El monasterio de Pedralbes queda a unos 20 minutos andando y yo diría que es el más grande de Barcelona. Seguramente mucha gente lo conoció durante los años en que albergó la colección Thyssen-Bornemisza, que ahora está parte en Madrid y parte en el Museu Nacional d'Art de Catalunya (MNAC). Las tres hermanas clarisas debían de vivir en alguna dependencia contigua al antiguo monasterio, que hace años depende del Ayuntamiento y acoge exposiciones y otras actividades culturales.

La última exposición que vi en el Monasterio de Pedralbes fue la de la monja calígrafa budista Ōtagaki Rengetsu, y antes la de la pintora alemana judía Charlotte Salomon. Las dos exposiciones fueroninolvidables. También hace poco fui a ver l'ou com balla (el huevo que baila) de Corpus, celebración que con la excusa de la sequía se ha convertido en un desatino ético y estético. Por cierto: con el final de la comunidad de las clarisas de Pedralbes no sé a partir de ahora a quien tendrán que llevar los huevos las novias. Y es que hay una tradición por la cual se le llevaban huevos a las monjas para que rezaran para que no lloviera el día de la boda. Hay que ver de qué extraña manera se trenzan los temas de los huevos y la lluvia.

Parece que no ha habido ningún pulso vecinal respecto a la construcción de la Biblioteca J.V. Foix, que a mi entender destroza la imagen de la plaza donde está la Iglesia de Sant Vicenç de Sarrià. Y no lo digo por el contraste de estilos arquitectónicos, lo digo porque  interfiere la perspectiva que había, que permetía llegar desde la Avenida de la Bonanova y ver a lo lejos la silueta del templo. Ahora la vista ha cambiado y la iglesia se ve atrapada y disminuida. 


Documento de los años 50 sobre los toques de campana en el archivo parroquial de Sarrià

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