
The lives of three thorns, the life of a dog.The lives of three dogs, the life of a horse.The lives of three horses, the life of a man.The lives of three men, the life of an eagle.The lives of three eagles, the life of a yew.The life of a yew, the length of an era.Seven eras from creation until the Day of Judgment.
La primera vez que vi tejos fue en San Andrés de Teixido, pero de cerca fue en el Parque del Laberinto en Barcelona. Hay por lo menos otro más en el jardín Ferran Soldevila, en la trasera del edificio histórico de la Universidad de Barcelona. Es un ejemplar catalogado y por eso sé que es del año 1904.
También hay un cedro en el cementerio de Poblenou, que yo recuerde. Es decir, que solo recuerdo uno. Queda en la parte más antigua del cementerio, que está en el lado opuesto a la entrada, tocando el Passatge Llacuna. Esta zona del cementerio es de principios del siglo XIX y según el gusto de la época, tan tétrico que resulta extraño que no se haya aprovechado como escenario para alguna película de terror o de misterio.
La estampa del tejo no tiene el atractivo o la figura del roble, no destaca como sí lo hacen los árboles ornamentales como el liquidámbar o el ciruelo japonés, no tiene la alegría de los pinos ni la finura de los cipreses, no nos llamarán la atención sus hojas como ocurre con los gingko biloba o los chopos. Las hojas de los tejos tienen un verde aparentemente "apagado", oscuro, y, por decirlo en términos nada botánicos, recuerdan al cedro. En realidad cedros y tejos pertenecen a la familia de las coníferas.
Solamente cuando fijamos un poquito la atención en las formas y colores de los tejos podemos valorar su presencia. Un dia me estiré en la Facultad en una especie de pedestal que hay bajo la bella sombra del mencionado tejo 0060-02-94 y descubrí los arilos. Los arilos contienen las semillas y son rojos. Para ver los arilos hay que estar bien debajo y además así destacan prodigiosamente, rojo sobre verde. Fue como un regalo. Un regalo en secreto.
Al final resulta que los dos árboles más longevos de Europa se encuentran en España: un cedro en Tenerife (Parque Nacional del Teide) y un tejo en Cazorla (Jaén). Pero está claro por el poema celta que los tejos están asociados a la longevidad y para los míticos druidas era un árbol sagrado.
Ese instante del Chat GPT en recuperar el poema que yo recordaba no era ligero, como el de esta mañana cuando me di cuenta de que ya había desaparecido el trenecito que tenemos en el barrio para que los niños se ilusionen con la Navidad. El caso es que hasta hace bien poco el tiempo me resultaba más dilatado. Y no sé qué tiempo es el verdadero, si el que me pasa tan rápido o el de aquellos largos veranos de la infancia. El tiempo nos devora.
Que las cosas duren y nos hagan compañía, aunque sin apegos innecesarios, es algo que nos ancla de alguna manera a lo que sí permanece, que algo habrá. De hecho muchas veces las cosas nos sobreviven. Tengo una llave de hierro que perteneció a una bisabuela. Era de un baúl que hace años se pudrió, y eso que estaba bien cuidado. Lo normal es que la llave me sobreviva también a mí. Lo mismo ocurrirá con el reloj de bolsillo de mi abuelo y el reloj de péndulo de mi madre o la cartera de mi padre.
Por lo general nadie se interesa por las antiguallas, incluso ─si lo decimos de la manera más directa─ tener un baño que tenga más de 15 años ya se ve como algo raro que inspira sospechas o pena. Si sirve ¿porqué hacer un cuarto de baño nuevo?
Un jardín con menos de 20 años se dirá que es útil y puede ser muy bonito, pero aún no es un buen jardín. Esos parterres que ven renovado su césped o sus flores cada vez que decaen son un buen ejemplo de como funciona todo lo demás. Los jardines con años son la gloria.