12/5/17

Mi vida feliz

La  portada  que  reproduzco  procede  de  la  autobiografía  de Marianne  North, Recuerdos  de  una  vida  feliz (1894).

Cuando  el  año  pasado  estuvo  en  los  Jardines Kew de  Londres  podía  haber  visitado  la colección  de  ilustraciones botánicas que les donó, pero el día se me hizo corto si consideramos que Kew hace 120 hectáreas y que ni siquiera pude recorrerlas en toda su extensión. Si se sigue el enlace que he puesto se va a parar al menos hoy a una imagen de la galería, que para mi gusto es un poco abrumadora, toda repleta de las ilustraciones enmarcadas y a su vez con un estilo abigarrado, sin espacios en blanco al menos.

El primer volumen de Recollections of a happy life tiene 351 páginas y el segundo 343, tal y como se puede ver  (y descargar)  en  archive.org.  Reparo  en  dos  detalles  de  la  portada:  primero,  un  título  tan  decididamente  alegre  y, segundo, la mención a su hermana por el nombre de su marido. Mrs. John Addington Symonds. Symonds fue uno de los primeros defensores de la homosexualidad masculina y estuvo casado con Catherine North, la hermana de Marianne North. Que las mujeres adoptaran totalmente el nombre del marido y ya no solo el apellido es algo de lo que ya casi no quedan restos, pero fue así por lo menos, hasta donde yo sé, en Francia y en Inglaterra, en las clases altas. La primera vez que tuve constancia de esta costumbre me desconcertó bastante porque no podía entender que por ejemplo mi madre se llamara Sra. José Domínguez Fernández.

A pesar de que yo no he podido viajar tanto como viajó Marianne North, me imagino muy bien el enorme placer que  le  produciría  poder  conocer  tantas  especies  vegetales  en  14  paises  de  6  continentes  en  14  años,  poderlas dibujar, pintar y luego llevar sus óleos a casa. Esto último hay que añadirlo porque ha habido más de un caso en que las pinturas de otros artistas botánicos se han perdido para siempre por accidentes calamitosos. Lamento no poder recordar uno de los ejemplos más tristes. Sé que lo mencioné en este blog pero como ahora no vamos a mejorar la situación con recordarlo lo dejo correr. Marianne North viajaba sola y vestida como una dama victoriana.

Leo en Find a grave ("Encuentra una sepultura"): "She moved to Mount House in Alderley in 1886 where she spent her last years suffering from deafness, rheumatism and nerves.She died of liver disease aged 59 years." (*)  Y estas líneas enturbian un poco lo que podría  ser su legado inmaterial,  su estilo de vida. De todas maneras, aunque no haya que creer las autobiografíasa pie juntillas, soy partidaria de creer que su actitud no tenía brecha alguna, que tuvo una vida bonita y que si al final no gozó de buena salud pudo ver compensado ese sinsabor con la seguridad de haber disfrutado de los buenos tiempos buenamente.

Tengo una pequeña colección de autobiografías y algunas están fundamentadas en una cierta vanidad y otras en mostrar una fachada arreglada de la propia persona cara a la galería. Indistintamente son pergeños, tanto el de la vanidad (un relato de logros), como el del arreglillo (un relato donde recomponer la maltrecha identidad o la falsía, para dejar una versión que no admita revisiones).

Estoy feliz creo que como Marianne North por la vida que he llevado y quiero seguir llevando, que para mí tiene su sentido. Asumo mis errores, no me jacto con mis aciertos -que alguno ha habido- y lo considero todo coyuntural. No sé si merezco más o si merezco menos, pero aprecio lo que tengo. Y sé que mis seres queridos me respetan porque no hago trampas y se puede contar conmigo. O tal vez me respetan porque son respetuosos. O por ambas razones. Pretendo alejar del panorama de mi vida lo mismo el orgullo que la vergüenza y creo que lo voy consiguiendo. Lo de dibujar flores eso es más difícil.


Flores de Montaña de la Mesa en Cabo de Buena Esperanza, Marianne North

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