La portada que reproduzco procede de la autobiografía de Marianne North, Recuerdos de una vida feliz (1894).
Cuando el
año pasado estuvo
en los Jardines Kew de
Londres podía haber
visitado la colección de
ilustraciones botánicas que les donó, pero el día se me hizo corto si
consideramos que Kew hace 120 hectáreas y que ni siquiera pude recorrerlas en toda su
extensión. Si se sigue el enlace que he puesto se va a parar al menos hoy a una
imagen de la galería, que para mi gusto es un poco abrumadora, toda repleta de
las ilustraciones enmarcadas y a su vez con un estilo abigarrado, sin espacios
en blanco al menos.
El
primer volumen de Recollections of a happy life tiene 351 páginas y el segundo
343, tal y como se puede ver (y
descargar) en archive.org.
Reparo en dos
detalles de la
portada: primero, un
título tan decididamente
alegre y, segundo, la mención a
su hermana por el nombre de su marido. Mrs. John Addington Symonds. Symonds fue
uno de los primeros defensores de la homosexualidad masculina y estuvo casado
con Catherine North, la hermana de Marianne North. Que las mujeres adoptaran
totalmente el nombre del marido y ya no solo el apellido es algo de lo que ya
casi no quedan restos, pero fue así por lo menos, hasta donde yo sé, en Francia
y en Inglaterra, en las clases altas. La primera vez que tuve constancia de
esta costumbre me desconcertó bastante porque no podía entender que por ejemplo
mi madre se llamara Sra. José Domínguez Fernández.
A pesar de que yo no he podido viajar tanto como viajó Marianne North, me imagino muy bien el enorme placer que le produciría poder conocer tantas especies vegetales en 14 paises de 6 continentes en 14 años, poderlas dibujar, pintar y luego llevar sus óleos a casa. Esto último hay que añadirlo porque ha habido más de un caso en que las pinturas de otros artistas botánicos se han perdido para siempre por accidentes calamitosos. Lamento no poder recordar uno de los ejemplos más tristes. Sé que lo mencioné en este blog pero como ahora no vamos a mejorar la situación con recordarlo lo dejo correr. Marianne North viajaba sola y vestida como una dama victoriana.
Leo
en Find a grave ("Encuentra una sepultura"): "She moved to Mount
House in Alderley in 1886 where she spent her last years suffering from
deafness, rheumatism and nerves.She died of liver disease aged 59 years."
(*) Y estas líneas enturbian un poco lo
que podría ser su legado
inmaterial, su estilo de vida. De todas
maneras, aunque no haya que creer las autobiografíasa pie juntillas, soy
partidaria de creer que su actitud no tenía brecha alguna, que tuvo una vida
bonita y que si al final no gozó de buena salud pudo ver compensado ese
sinsabor con la seguridad de haber disfrutado de los buenos tiempos buenamente.
Tengo
una pequeña colección de autobiografías y algunas están fundamentadas en una
cierta vanidad y otras en mostrar una fachada arreglada de la propia persona
cara a la galería. Indistintamente son pergeños, tanto el de la vanidad (un
relato de logros), como el del arreglillo (un relato donde recomponer la
maltrecha identidad o la falsía, para dejar una versión que no admita
revisiones).
Estoy feliz creo que como Marianne North por la vida que he llevado y quiero seguir llevando, que para mí tiene su sentido. Asumo mis errores, no me jacto con mis aciertos -que alguno ha habido- y lo considero todo coyuntural. No sé si merezco más o si merezco menos, pero aprecio lo que tengo. Y sé que mis seres queridos me respetan porque no hago trampas y se puede contar conmigo. O tal vez me respetan porque son respetuosos. O por ambas razones. Pretendo alejar del panorama de mi vida lo mismo el orgullo que la vergüenza y creo que lo voy consiguiendo. Lo de dibujar flores eso es más difícil.
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