30/5/17

Mariano Gracia

A  cuento  de  la  posibilidad  de  elegir el  orden  de  los  apellidos de  los  niños  a  partir de  mañana,  cuando  pierda vigencia  gran  parte  de  la Ley  del  Registro  Civil (de  1957), me  preguntaba  si  se  podría  aplicar  un  primer  apellido distinto para hijos del mismo padre. Es decir, si se podría poner a un hijo el primer apellido del padre y a otro hijo el primer apellido  de  la  madre.  No  me  parece  cuestión  menor  que  el  registro  civil  se  privatice, aunque  ignoro  qué consecuencias  tiene.  A  la  vista  de  la Ley  20/2011 se  lee:  "El  orden de  los  apellidos  establecido  para  la  primera inscripción  de  nacimiento  determina  el orden  para  la  inscripción  de  los  posteriores  nacimientos  con  idéntica filiación". Por lo tanto queda claro que los hermanos tendrán los mismos apellidos, sea cual sea el orden elegido para el primero.

Como  una  es  muy  bruta  prefiere  las  cosas  como  son  y  aunque  me  hago  cargo  del acomplejamiento  que  puede acarrear  llamarse  García,  las  alternativas  me  parecen peor. Aunque  se  hablaba  hoy  en  los  medios  de  que  la opcionalidad  salvaría  apellidos que no  tuvieron  hasta  ahora  derecho  de  transmisión,  me  parece  que  tampoco  es para ser tan  dramáticos.  Como  dicen  los  franceses,  "Tout  passe,  tout  casse,  tout  lasse  et tout se  reemplace".  

Ni siquiera la permanencia de la Mezquita-Catedral de Córdoba es algo que nos tuviera que preocupar más allá de lo razonable. No es que la queramos ver hecha polvo, pero hay cosas más importantes, como las marismas de Doñana.

Lo mismo que aprecio la conservación de los bienes culturales y del patrimonio artístico, también defiendo que no hace  falta  preservar  a  toda  costa  edificios  que  exigen  un mantenimiento  desatinado.  La  Mezquita-Catedral  de Córdoba ─según Trip-Advisor, que tampoco es que sea la autoridad más relevante en estos temas─ es el edificio más visitado de Europa. Yo hubiera dicho que era más visitado el estadio del Barça o el Coliseo de Roma, pero es igual. En  cualquier  caso  las  multimillonarias  restauraciones  de  algunas  obras  están  justificadas  en  cuanto  atraen  un turismo enorme y divisas. Pero queda claro que si un aguacero se lleva por delante un puentecito romano hecho por ingenieros militares, lo siento más por el río que por la pérdida del monumento. Si un puente aguantó veinte siglos, el  problema  está  claro  que  está  en  el  río,  en  el  clima,  en  la  mano  del  hombre.  Y  es infinitamente  más penosa la desaparición de un río que la desaparición de un puente. 

Paseábamos esta mañana con mi amiga À. F. Fabra i Puig abajo y señalábamos que tal vez una de las 3 tiendas que permanecen desde hace más de 40 años por un tramo del paseo es la  de Mariano Gracia. Hace esquina entre el Paseo de  los hermanos Ferran y Romà Fabra i Puig (o Puig i Fabra) con la calle del Dr. Emili Pi i Molist,  ante la Plaza Virrei Amat.

Tal vez el letrero amarillo no es el original, pero se le parece mucho, siempre fue amarillo. No creo que pueda haber alguien que tenga dificultades para leer el letrero incluso desde lado opuesto de la plaza. Pienso que el revestimiento de mosaico vidriado amarillento sí es el original. Los toldos, el equipamiento de la tienda (mostradores, burros, estanterías) son funcionales y pragmáticos, destilan mercantilismo utilitario. Responden al espíritu comercial de otra época, donde no se pondría en el escaparate ninguna extravagancia que despistara sobre los productos que se ofrecían dentro del local. Ahora verdaderamente hay tiendas que han llevado tan lejos la originalidad que cuesta saber qué venden o para qué.

Mi madre, que regentó durante 40 años una tiendecita de ropa del hogar, me dijo hace no mucho que si tuviera que comprar algo lo compraría allí. Venden ropa que con no ser de lujo está bien confeccionada y las costuras están derechas, bien rematadas y los colores no pierden. Es posible encontrar en Mariano Gracia bragas de algodón de tallas grandes (hasta la 64), armillas, chubasqueros clásicos de nilón, mañanitas y otras prendas que aún se hacen aunque cuentan con un público menguante. Hay ropa de trabajo, como pantalones de mecánico o delantales de pescatera, pero también hay camisones y calzoncillos a la moda, toallas, batas, calcetines y mucho género de lo que en "El Corte Inglés" llaman textil cama. El negocio de Mariano Gracia funciona, siempre se ve gente comprando o mirando los escaparates, los cuales, como digo, representan bien lo que se puede encontrar tienda adentro. Hay colas. 

El sistema de escaparatismo me recuerda el que tenía una tía paterna mía en su negocio, que estaba en la Bajada de La Plana. Usaba agujas para poder extender bien las prendas y las colgaba abigarradamente de hilos que no se veían casi. Se muestran claramente los precios, con cifras redondas, y ya está. Nunca he visto ni un Maneki-neko o gato de la suerte ni un San Pancracio con una moneda de 25 céntimos de peseta y una ramita de perejil ni nada que se le parezca.

No puedo dejar de señalar que también lleva allí en esa esquina muchos años la gitana María, sentaba en un lado de un escaparate, con la mano extendida pidiendo limosna. María también es clásica. Lleva el cabello recogido en un moño y saluda a quien le saluda y cuando le das la limosna te bendice. Hoy cuando pasamos aún no había llegado.

Fotografía: M. Domínguez Senra
Fotografía: M. Domínguez Senra

Post scriptum (29/12/2024): El nombre completo de Mariano Gracia es Mariano Gracia Romance. Le tengo que preguntar a À qué ha sido de María porque hace años que no la veo.

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