Hay dos imperativos físicos que es muy
difícil, por no decir imposible, vencer: el sueño y las ganas de orinar y hacer
caca. La sed es más manejable hasta cierto punto. Por eso cuando se dice
"sed de justicia" y "sed de venganza", dos cosas muy
diferentes por cierto, los que hemos pasado sed y alguna injusticia que otra,
sabemos muy bien que esas expresiones son tremendamente logradas. Cuando se
tiene sueño se nos ponen los ojos en blanco y se nos cae todo, pero te viene
siendo como un desmayo, como un desvanecimiento. Las funciones excretoras en
momento dado se pueden liberar y todo lo más que puede pasar es que pasemos un
mal ratito y que nos pongamos a nosotros y a los allí presentes en una
situación embarazosa. Pero la sed es acuciante, domina nuestros sentidos y
hasta la razón, y si no encuentra remedio acaba en un sobresalto metabólico
bastante desagradable.
La sed de conocimiento es acuciante, sí, como
también lo son las de justicia y la de venganza, pero todos sabemos que la de venganza
puede ser dañina incluso para quien la persigue, o sobre todo (a veces) para
quien la persigue.
Estos días de amantes despechadas (Victòria Álvarez,
Valérie Trierweiler, María José "B."), se han acumulado tantas
amantes vengadoras que me pregunto si esto no tendrá un carácter epidémico.
Hubo un tiempo en que a las que aún
estábamos de buen ver nos salió la competencia desleal de las complacientes y
bien temperadas sudamericanas y centroamericanas, por no decir nada de las
Erasmus, cuya sed de conocimiento se combinaba con la otra sed, la de cerveza y
demás, con lo que en resumen también rivalizaban con la oferta local. Fue horrible. Pero, no nos
engañemos, cada cual encuentra más o menos lo que busca. Y si la Trierweiler se
sintió ultrajada en algún momento podía habérselo esperado puesto que ella
había ocupado el lugar aún caliente de otra mujer ultrajada. Así explicado es
sórdido y trasnochado, antediluviano casi, de un retrógrado sainetero que apenas
resistiría un mero análisis. Pero ateniéndonos a la forma más común de sentir,
esto va así.
Y, como en los timos, el engañado es en
parte cómplice de su victimización, especialmente si la prolonga con venganzas
y demás ¿O no se estaba aprovechando de alguna manera también la vidente Adelina de su situación? ¿No
sabía Victòria Álvarez que Jordi Pujol Ferrusola era un poco cantamañanas y una
especie fanfarrón? ¿Desconocía Emma, el inmortal personaje de Flaubert, que
Charles Bovary era un hombre corriente y sin veleidades ni raras aspiraciones?
¿Esperaba la Trierweiler cambiar a Hollande?
*
Perdonen si mezclo la realidad con la
ficción, pero es que las amantes despechadas y las videntes desengañadas van a dejar a los
novelistas sin trabajo.


