raigo hoy al álbum un recuerdo. Propiamente el triquitraque al que se refiere Mark Twain cuando enumera los tesoros que Tom Sawyer consigue a cambio de que le pinten la valla de tablas sería más bien una especie de traca, aunque algunos le llaman triquitraque a los mistos de la imagen de hoy. Verdaderamente la pirotecnia es otro de los temas que se me escapan, aunque sí recuerdo haber usado los rasca-rasca. Y es que los rasca-rasca eran lo más parecido a los fuegos artificiales que nos dejaban usar a los más pequeños y a las niñas, para quien también estaban las bengalas y las cebollitas o "bombetas" y poco más. Como a algún niño le dio por comerse los mistos y al parecer eran altamente tóxicos, los acabaron por prohibir en los ochenta, pero estoy segura de que aún hay mucha gente que los recuerda bien. Se frotaban contra la pared y producían chispas y una fulgurante incandescencia que duraba poco, pero todo iba junto al olor inconfundible del fósforo y el chasquido de las centellas y la sensación era intensa y rotunda. Había que separarlos de uno en uno, habrá que aclarar. Pero no hará falta que añada que pasaba como con las cebollitas, que en la noche de San Juan se echaban a la hoguera para añadir más vida al fuego.
En
mi barrio, cuando hay más de dos días seguidos de fiesta mucha gente hace limpieza
de cajones o armarios y se ven restos de cosméticos o de juegos o de libros
o de apuntes u otros cachivaches varios. También es fácil distinguir cuando
tiran cosas que pertenecieron a una vieja o un viejo. Las cosas que pertenecen
o pertenecieron a los niños tienen su impronta, su huella. Ellos además
organizan las cosas de una manera muy especial. Así también los ancianos.
Cuando murió mi padre dejó bien poca cosa, de lo que destacaría unos recortes
de prensa con victorias del Depor. Nunca antes los habíamos visto, pero los
tenía como oro en paño.
Los
ajuares de las novias de antes, los tesoros almacenados en la
cueva de Alí Baba, los álbumes de los coleccionistas pertenecen a otra
dimensión y poco tienen que ver con esos trozos de nuestra vida a los que ni
siquiera nos aferramos ni nadie tomará interés en heredar ni en robar.
Estos
días se muestra en el Monasterio benedictino de Montserrat una
exposición temporal con los donativos recibidos entre los años 2010 y 2012.
Hay importantes obras de arte, de las que Francesc Fontbona hace una breve reseña en el semanario "El Temps".
Creo que fue el abad de Montserrat, o tal vez alguno de los monjes designado
como conservador, a quien hace unos días le oí en la radio aclarar que mucha
gente desea legar su patrimonio artístico a Montserrat porque consideran que la
Iglesia es una institución duradera. Más allá de que es cierto que sí, que
tiene más de 2000 años, lo que se señalaba sobre todo es la cuestión de que además
de duradera es estable. Hay gente que también le donaría al Barça sus
cosas, antes que dárselas a la Generalitat de Catalunya o al Estado, o a sus
sobrinos, los cuales a lo mejor o peor no las van a apreciar en su valor. Otros
se las llevarían al otro mundo, pero no pueden.


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