ienso que la planta más vieja en casa es un potos. Tendrá 20 años. Siempre que pasó del metro y medio la recorté, pero desde este invierno pasado decidí dejarla hacerse, un poco como el potos que aparece en aquella película deliciosa de Katherine Hepburn y Spencer Tracy, la menos conocida tal vez, Set desk (Walter Lang, 1957). Bunny Watson la jefa de las bibliotecarias referencistas de la cadena Federal Broadcasting Network, tiene en su despacho un filodendron que -como un friso- rodea toda la estancia cabe el techo. No dejaré que crezca tanto a lo largo, pero sí por lo menos que rodee una parte de la cocina y que cuelgue hasta el reloj de pared. Poco más.
Se
suele decir que hay gente que "tiene mano" con las plantas, cuando
las plantas son simplementes seres vivos y hay que conocer sus
necesidades. Y aunque es bien cierta aquella greguería de Ramón Gómez de
la Serna de que "las rosas se suicidan" ellas parece que lo
hicieran ante lo feo que puede llegar a ser este mundo mientras que un potos lo
hará porque no le echamos agua o porque simplemente le hacemos pasar frío o
calor y en realidad se podría hablar más que de una autolisis de un potocidio
involuntario. Las plantas, dejando aparte su belleza y su misterio, son una de
las principales fuentes de alimentación de la humanidad y del reino animal, por
lo que no podemos hacer otra cosa que admirarlas por su variedad y por su
resistencia a pesar de las continuas agresiones que reciben por parte de una
parte, no la mejor, de ese reino.
Hoy
empecé a dibujar una maceta con pimientos al parecer de Padrón, un
pimiento que se da ya hasta en Perú, donde al parecer el clima es de lo más
parecido a la villa próxima a Compostela. Como el boceto lo hice a sabiendas
descentrado (no me gusta la simetría exacta) mi profesora protestó y pude parar
su contrariedad prometiéndole que en el espacio en blanco colocaría una mosca.
Me acordé de Giovanna Garzoni, pintora italiana del siglo XVII que junto
a la rareza de ser pintora y mujer, aunó la de ser pintora de still-lifes
o bodegones. Sus pinturas son reconocibles, al menos a mi entender, en muchas
cosas, pero especialmente en un rasgo prácticamente presente en todos sus
bodegones: que había algún vegetal mustio o más que maduro y que incluía algún
insecto, que si para algunos era un recuerdo de la muerte para otros es un
signo elocuentísimo de la vida que todo lo impregna, lo tritura, lo transforma.
En
muchas de mis meras
fotografías intento captar el posado de un abejorro o de cualquier otro
insecto sobre la corola de una flor y muchas veces lo consigo porque no son tan
volubles como las mariposas propiamente dichas. Si no recuerdo mal Garzoni
tiene al menos un antecedente en Jacques Le Moyne de Morgues, del siglo XVI, del cual solo tengo presentes dibujos
de flores con mariposas. Probablemente encontraríamos un antecedente más
lejano. No lo sé. En el espacio sí tengo presentes los kachô-e o grabados japoneses en los que coinciden
siempre un motivo vegetal y un pájaro o un insecto. Belleza pura.
Dos narcisos y una aquilegia, una libélula y un escarabajo ciervo
(Jacques Le Moyne de Morgues)
Bodegón con limones (Giovanna Garzoni)


