ue Tod Browning dirigiera Freaks o La parada de los monstruos (1932) el año siguiente de salir a la luz, y es
un decir, su versión de Drácula, no nos puede dejar indiferentes. Pero más
allá de como ha evolucionado tanto el tema como el mito, no debemos perder de
vista algo que se dice al principio de la película, es un código interno por el
cual se conviene que dañar a uno de los fenómenos de circo significa dañar a
todos los demás. Luego la cosa degenera o se nos da a entender que la
malinterpretamos, porque la trapecista del circo engaña al enanito, con el que
se casa de burlas, y la venganza de la troupe es terrible. No
conozco a nadie que se haya repuesto completamente de la escena final.
En mi ingenuidad yo había
interpretado mal el código de conducta del circo y pensaba que era un poco como
la parábola aquella del Monte Aventino o no sé si el Monte Sacro, en Roma,
cuando el cónsul Agripa Menenio Lanato medió en el motín de los
plebeyos, el año 493 a. C. :
“La primera vez no todo estaba en armonía en la naturaleza del hombre tal como es ahora: Cada miembro tiene su propia voluntad y su propia lengua. Todos los miembros del cuerpo se quejaban que todos sus afanes, y todos sus servicios eran sólo para servir al estómago. Hubo una verdadera conspiración. “Si el perezoso estómago“, dijeron, “muriere, ya no trabajaríamos más“. Así que de acuerdo todos, las manos ya no llevaron comestibles a la boca, los dientes ya no masticaban. “Por lo tanto, el estómago, será conquistado por el hambre“, dijeron.
Pero lo que ocurrió es que las fuerzas de todo el cuerpo se debilitaron. De esta forma aprendieron rápidamente que el estómago no es ocioso e inútil; así como él mismo puede alimentar, él mismo era un seguidor del conjunto.
De esta forma el hombre es a las fuerzas por el que vive y prospera a través de la silenciosa labor del estómago recibe” (Wikipedia)
Gracias a la arenga de
Menenio Lanato se resolvieron los disturbios y hasta se creó la institución de
los Tribunos de la plebe, que digo yo que de algo serviría. Como toda parábola
tiene su contrapuesta también existe la de la manzana podrida, que el
director del colegio en el que estudié de niña nos recordaba cada dos por tres
(seis). Es la parábola por la cual cuando hay una manzana podrida en el cesto
lo mejor que se puede hacer es apartarla para que no se pudran las demás. De
manera que, como en todo lo demás, tenemos teorías para todos los gustos.
Me acordaba estos días de Freaks cada vez que me llegaba un mensaje con la campaña de retirar 150€ de
los bancos con el propósito de desestabilizar la prepotencia de las entidades,
especialmente por parte de quien a estas alturas del mes cuenta con 150€ en el
banco, claro está. Y es que hay mucha muchísima gente que no los tiene. Como yo
soy mucho de magnitudes esa cifra me da muchos indicios y me divierte tanto su
fractalidad como las virtudes del soneto más rematado. Y me acordaba porque me
parecía raro que nadie dijera lo de Menenio, que si los bancos se hunden se va
todo a freír espárragos.
Estos días estoy a verlas
venir pero no salgo de mi asombro y de mi estupefacción cuando veo la
admiración que despiertan las acampadas del 15 M o la plataforma Democracia
Real Ya. Especialmente cuando después de los comicios del pasado domingo
han preferido ignorar los resultados, la elocuencia de las urnas y se han
declarado literalmente al margen de las elecciones. Así lo escuché el otro
día en la radio a una concentrada en la Plaza de Cataluña. Como al
parecer los indignados representan un 0,2 de la población total de este país,
está claro que en la democracia representativa no creen. Yo no estaba
entusiasmada el domingo ante las urnas, todo al contrario, cuando llegué a mi
colegio electoral y vi los otros freaks, los interventores de los
partidos, me llené de asco y coraje. No, no era indignación. La indignación
me viene cuando pienso en los recursos perdidos y los esquilmados, desviados o
distraídos. En una palabra: robados.
No es la primera vez que
digo por aquí que este pobre blog no es ni un púlpito ni una tribuna ni un
punto desde el que pretenda hacer proselitismo ni publicidad ni nada que se le
parezca. No pretendo tener la razón ni, aún menos, que me la den. Es un blog
particular, esto es “privado”, en el sentido de “íntimo”. ¿Son discutibles los
sentimientos? Ni siquiera me puedo permitir tener una opinión sobre algo y
además mantenerla, porque ni tengo suficiente información ni un cerebro tan
vigoroso que pudiera procesarla correctamente. Hablo de lo que siento más que
de lo que pienso. Y aunque hablara de lo que pienso eso no dejaría de ser mera
anécdota y solo palabras. Porque no perdamos de vista que lo que importan son
los actos, especialmente en caso de contradicción.
Desde ese punto de vista es
desde donde aprecio algo que ya han dicho otros, que cada vez que las urnas
parece que van a “castigar” al PSOE aparecen protestas y todo tipo de
acciones con un destinatario difuso y se resucitan a monstruos y ogros como
Hitler, etcétera. Eso por un lado, por otro lado no puedo dejar de referirme al
hecho de que el movimiento originado el 15 de mayo aglutina gente muy diversa y
las propuestas de su manifiesto, que no están desarrolladas o precisamente
porque no lo están, podrían ser suscritas por cualquiera. Otra cosa es que se
pudieran aguantar y no solo con la plastilina de los esplais y las cadenas de
pásalos, twitters y demás. La verdad es que me esperaba otro tipo de reacción
ante los cinco millones de desempleados. Ésa no. Y ahora sí que me preocupo.
Leo, siguiendo con los
monstruos, con cierta preocupación un artículo que ayer [enlace roto, "servicio discontinuado"] vi en la revista de Humanidades y Medicina, Jano. Lo firma Óscar
Giménez, que escribe muy bien, no como otras. En él se nos acerca una
investigación reciente en la que se halló que el córtex cingulado anterior de
los liberales es de mayor tamaño que el de los conservadores. Habría que decir
“de los que se declaran liberales” y “de los que se declaran conservadores”,
pero ese es otro tema. El autor principal, Ryota Kanai no se aventura a afirmar
sin embargo qué es primero, si la gallina o el huevo, y por lo tanto si
es nuestra ideología lo que conforma nuestra masa gris o al revés. En este
sentido Óscar Giménez recuerda otro estudios de 1967 por el cual se relacionaba
el tamaño del pene con las tendencias políticas y en el que se concluía
que los conservadores republicanos estadounidenses tenían mayor sus miembros
que los demócratas.
A mí todo esto lejos de parecerme “muy interesante” -parafraseando la revista paramédica- me produce una cierta incomodidad pero también indiferencia. Según el día. Me perdonarán pero las campañas como la de los 150 € o esa otra de que se va a hundir Google me resultan como los pop-ups en los que se me felicita porque me ha tocado un BMW por ser la visitante un millón de una web sobre algo que no tiene nada que ver. Gráficamente tienen el mismo valor. A mí, a quien nunca ha tocado ni tocará nada, resulta que a diario se me felicita porque tengo un vale de 500 € para comprar trapitos no sé donde, o me regalan un viaje a Praga o 50 horas de conversación en una compañía telefónica. Y todo esto por no decir nada de la cantidad de mensajes que recibo para aumentar mi pene. En mi pequeño cerebro -tan pequeño como el de Schlitzie- hay tan poca materia gris que apenas puedo manejar para el caso que nos ocupa estos datos. Y seguro que habrá quien me dirá que si aceptara la posibilidad de que me ha tocado un viaje a Praga me tocaría un viaje a Praga, porque esa veta también existe en la especulación filosófica y psicológica de la actualidad. Dejadme vivir.
No olvidemos que uno de los más importantes investigadores en la historia del descubrimiento del ADN, James Watson, dijo una vez algo así como que se debería conceder a las mujeres la posibilidad de abortar si los análisis preparto mostraran que su hijo va a ser homosexual. Y si les recuerdo sus conclusiones sobre la inteligencia de los negros de alguna manera me haría cómplice y resulta que sea porque no tengo pene o sea porque mi córtex cingulado anterior no está íntegro, cuanto más dotada está una persona menos veo en ella la gloria de vivir y más me gustan los monstruos.

