Con este bagaje tan liviano fui el domingo a ver en el cine "Lola" (Brillante Mendoza, 2009). Sin ánimo de adelantarles ningún detalle crucial del desenlace, les participo una sinopsis:
"Dos ancianas deben lidiar con las consecuencias de un crimen que involucra a sus respectivos nietos: uno es la víctima y el otro es el sospechoso. Pobres y débiles, ambas mujeres parten en busca de dinero en mitad de una tormenta. Sepa, acompañada de su nieto menor, enciende una vela en el lugar del asesinato de su otro nieto a manos de un ladrón de móviles. Luego inicia su búsqueda de fondos para el funeral y el juicio. Por su parte, Puring se enfrasca en una laboriosa recogida de dinero para conseguir la libertad temporal de su nieto, el asaltante". (La Butaca)
Lola quiere decir "abuela" y es por eso por lo que en los países anglófonos la película se ha distribuido bajo el título de "Grandmother". La película está situada en Manila, en época de lluvias, y no diremos nunca que vayan a verla por su colorido o por su interés turístico. Como en otras localizaciones del mundo tendríamos que recurrir al eufemismo de advertir que el lugar es muy interesante humanamente o que es toda una experiencia. Dicho esto me remito a lo que traba el guión que es por un lado el afán de la abuela Sepa por juntar dinero para el entierro de su nieto y el de abuela Puring por conseguir sacar de la cárcel al suyo, también con dinero. El encuentro de las dos abuelas previo a la vista por el presunto asesinato por parte del encausado, para llegar a un acuerdo económico, es todo un clásico del diálogo entre dos viejas sobre sus achaques y remedios. Es muy bonito ver como las dos abuelas consiguen como bien templadas flechas llegar a su objetivo y esto sin sentimentalismos ni rabietas estériles. Lola Puring desempeña el televisor gracias tal vez a que vende unos patos y unos huevos de pato que le da una parienta del pueblo, y Lola Sepa empeña su tarjeta de pensionista con el mínimo esfuerzo. Me refiero a que no solo no pueden poner en sus actos más energía, sino que no la desperdician. Ya ancianas, en el final de sus vidas, tienen que prescindir, venganza incluida, de todo cuanto no es la consecución de lo que se proponen.Y lo consiguen.

