Cuando
escribí "Cuerpoextraño", pensaba en las funciones más modestas del cuerpo, y ahora me
doy cuenta de haber olvidado la de tragar saliva. Hoy más bien pienso en las
vísceras, miembros y glándulas, esa humana fábrica o ese templo de sensaciones
que tantas veces maltratamos con el esfuerzo. Nunca me perdonaré haber leído La
Regenta a pesar de que a partir de la primera página ya se me cayera de
las manos. En aquella época del paleolítico inferior no era raro ver jóvenes en
el metro leyendo la Fenomenología del espíritu o El capital, con
la misma fluidez con la que ahora veo leer las voluminosas novelas de Largson.
La víscera "más noble" (¡como si el corazón o los intestinos no lo
fueran!) es sometida a veces a labores inhumanas sin otro cometido que hacer
una vil réplica de la selección de las especies para que prosperen los que
tienen más capacidad de trabajo o alguien que se lo haga por un salario o algo
peor. En el campo de los músculos, las glándulas y los miembros, más allá
del Glory-hole masivo y los certámenes sexuales, estaría la vigorexia. ¿Hace
falta decir que es mejor situarse más cerca de los consejos de mi abuela que de
los ideales de Sexy Cora y hasta de los ortoréxicos neopuritanos?
Descanse en paz, Sexy Cora.
La idealización del esfuerzo se ve que nos viene de los bárbaros del norte o del Protestantismo, siendo la gracia un valor mucho más seguro por esta parte del planeta. Pero desde que hay gente que se gana la vida haciendo de coacher todo esto ha quedado de tal manera que no lo reconoce ni la madre que lo parió. En el coaching lo mismo defenderán que el esfuerzo es la clave del éxito como defenderán que el éxito es la clave del esfuerzo, y lo que haga falta. Esto es como cuando uno va a comprarse unos zapatos. Cuando nos aprietan nos aseguran que se dan, cuando nos caen nos recuerdan que es que luego los pies se inflan. Todo según la ocasión. Pero en el mundo hay muchas preguntas que no tienen respuesta y ya no digamos respuestas que no tienen quien las pregunte.

