El
caso es que si bien es cierto que si por un lado el mundo de la propiedad
intelectual se ha visto profundamente sacudido o amenazado por el P2P y se
van a tener que encontrar nuevas fórmulas para la comercialización, me temo
que por otro el mundo literario se ve dependiente de ese eje de premios
al que me refiero y de un proteccionismo o mecenazgo político que tiene
mucho que ver con el favorecimiento de algunas lenguas, las minoritarias. Y no
estar loco, como diría la canción. Me explico (o lo intento): al lado de un
fenómeno tan moderno, prometedor y perturbador como el de las descargas,
convive una fórmula para la promoción literaria que hasta donde yo sé se hace
en gran manera a partir de los impuestos y no fomenta el talento. La
comparación o, mejor dicho, el contraste, no se puede llevar muy lejos,
pero no puedo hacer menos que plantearlo. Si no lo hago reviento.
Veo
que al afamado blog de Enrique Dans le ha salido una especie de
"mirror" pero no como los que tenía o tiene Wikileaks, para su
seguridad, sino "sin censura". Es decir, hay una especie de blog idéntico pero que a
diferencia del original, según se lee en la cabecera, "publica las
entradas del blog de Enrique Dans para que cualquiera pueda comentar lo que
quiera acerca de ellas sin aguantar su censura". Tela. En el
blogroll además se ofrece un cancamusómetro (de cancamusa, "dicho o hecho con que se pretende desorientar a alguien para que no
advierta el engaño de que va a ser objeto") que ofrece todas las
afirmaciones de Dans que el tiempo ha invalidado. Por ejemplo en el cancusómetro
leemos "1421 días desde que Dans dijo que no le encontraba la gracia a
Twitter", y mañana se leerá "1422 días desde que Dans dijo que no le
encontraba la gracia a Twitter". Habrá que aclarar que Enrique Dans está
ahora cada cinco minutos o cada ocho dejando un tuit en la red y lamento tener
que apostillar que no añade nada. Sus intervenciones, al menos para mí, son
inapreciables. Tampoco no debemos dejar de señalar que hace falta estar
desorientado como para perder el tiempo o la razón edificando un blog cuyo único
objetivo es el de señalar las debilidades o excesos de otro. Si no fuera
por su futilidad se diría que parece una operación de marketing. En
cualquier caso, me atrevo a afirmar que no me presentaré a premio alguno. Lo he
expresado mal a tiro hecho porque en realidad la gente que gana un premio
muchas veces se presenta porque saben que se lo van a dar y una
"participación" así está lejos de considerarse un concurso.
Leo
estos días en la prensa que se le ha entregado el Premio Ramon Llull, de
Planeta, a Nuria Amat, que fue profesora mía un par de días en la
antigua Escola de Biblioteconomia i Documentació de Barcelona: "La
escritora barcelonesa Núria Amat ha ganado el XXXI Premi Ramon Llull con su
primera novela en catalán, 'Amor i guerra', que transcurre en la Barcelona de
la Guerra Civil y hace protagonista a Ramón Mercader, asesino de Leon Trotsky y
con quien está emparentada su familia. La obra, que se publicará en catalán,
castellano (Planeta) y francés (Éditions Robert Laffont), se ha impuesto entre
las 67 obras originales presentadas, y la ganadora recibirá los 90.000 euros
del premio mejor dotado de la literatura catalana".(Qué!).
El Premi mallorquín Llorenç de Villalonga, también recientemente fallado
era de 24.000 euros y si no me equivoco obtuvo una participación de 400
novelas. Esa cifra a mí me resulta extraordinaria.
Como
en un laberinto, acabo por donde empecé: Lo que siempre me ha resultado definitorio
de los premios literarios no es su dotación, sus bases o el número de
participantes, lo que me resulta definitorio es que por ejemplo nunca le
entregarán el Premio Nuria Amat a Ramon Llull o el Premio Fulanito de Tal a
Cervantes. Todo lo demás puede cambiar, pero eso no. ¿O sí? Nunca se sabe,
porque cuando yo era jovencita y estudiaba Biblioteconomía desaforadamente,
nunca hubiera dicho que íbamos a podernos descargar música (literalmente) por
un tubo [*]. Y mira ahora.
Un detalle que me hace pensar mucho de la película de Clint
Eastwood, "Más allá de la vida", es que Matt Damon en su papel de
George Lonegan, el vidente, hay un instante en el que intenta establecer
contacto con Charles Dickens pero no lo consigue. Yo sé de alguien que
sí.
[*]
Debo aclarar que nunca he descargado ni una nota, principalmente porque no sé
(y se me acabó la paciencia) y secundariamente, pero no mucho, porque con la
música que voy consumiendo a salto de mata ya tengo más que de sobra.
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