Cuando me vine al Álbum del tiempo (Témporas), un blogger muy querido de Cádiz me escribió un mensaje en el que me recordaba que hoy en día tiene un enorme tirón Belén Esteban, la llamada princesa del pueblo que trabaja si no me equivoco para Berlusconi o en todo caso para Telecinco. Tengo entendido que por la tarde, en el hospital donde trabajo, prácticamente todos los enfermos que no están demasiado mal están viendo en sus habitaciones los programas en donde aparece Belén Esteban. Como tengo obsesión por respetar a todo el mundo, cosa que no es tan fácil, al menos para mí, eso y los méritos de la princesa de San Blas, que creo que alguno tiene, me hacen tenerla en mayor consideración que la que observo que le tienen en mi entorno. En realidad, diré más, yo considero que lo más opuesto a Emily Dickinson, una de mis poetas preferidas, no es Belén Esteban sino por ejemplo Elizabeth Barrett Browning. Estoy pensando por ejemplo en aquel poema que empieza “What's the best thing in the world?” (*), que me resulta insufrible, aunque ya sé que sobre gustos no hay disputas. Con todo y con eso, ahora que estoy mirando de hacer la tercera y última fase de la reforma de mi cocina, considero cuando veo que tendré que descartar el mejor mármol por uno más sencillo, que tal vez el panteón más bonito que he visto nunca es el que tiene Elizabeth Barrett Browning en Florencia, en el llamado Cimitero degli Inglesi, en donde en realidad se enterraron todos los difuntos no católicos ni hebreos, hasta 1877, cuando “il Cimitero venne chiuso a causa delle leggi che vietavano la sepoltura all'interno delle città”. No me digan que no suena mil veces mejor “il Cimitero venne chiuso a causa delle leggi che vietavano la sepoltura all'interno delle città” que “el cementerio está cerrado a causa de las leyes que prohiben la sepultura dentro de la ciudad”. No me lo digan.
Con
todo lo cursi que me resulta la Browning, no ya en comparación con Belén
Esteban, sino incluso con Emily Dickinson, digo que su tumba es preciosa. Carrara.
Una veta inmejorable para un sepulcro, esa algidez sobre seis columnas como
seis hermanas de la luz y como seis hijas de la noche salomónicas no tienen
precio. Y lo mismo pasa con todo. Hay una ley de compensación, si la
queremos llamar así, que no tiene nada que ver con la famosa ley del péndulo.
La ley del péndulo es la que poco más o menos nos lleva de un extremo a otro y
es excluyente. Lo que nos hace un día felices al día siguiente nos puede hacer
desgraciados. Todo lo que de bueno tiene centralizar resulta que al cabo
de un par de turnos de poder pasa a ser una tendencia insidiosa y es mucho
mejor descentralizar. Ahora se llevan los pantalones pitillo, ahora los
pantalones acampanados. No, no, la ley de la compensación tiende precisamente a
corregir los extremos y a poner remedio o a aliviar las asperezas y los
resultados drásticos.
Creo que era Víctor Hugo quien dijo que era más fácil ser bueno que justo
y algo de razón tiene, aunque también me imagino que habrá gente a quien le
resultará horriblemente difícil ser bueno ni que sea por equivocación. Ser
justo es difícil, extremadamente difícil. Los jueces que no tienen las
togas manchadas de barro, que son la mayoría, pienso que intentan a toda costa
no empeorar ninguna situación por mala que sea. Eso por una lado, por otro está
la condición que obliga a hacerlo dentro de la ley, de acuerdo con el Derecho.
Cuando el resto de los mortales (porque nunca nos referiremos a la justicia
divina, la cual por otro lado creo que no existe, aunque Dios sí exista), cuando
el resto de los mortales digo nos ponemos a juzgar solemos hacerlo
despiadadamente o prejuzgando sin conocer todas las partes o los detalles. Por
eso aunque sostengo que la poeta inglesa era más que cursi que un repollo con
lazos, también hay que admitir que tiene una tumba de cojón de mico.
Fantástica. Las cosas como son. Y como saber es esperar, si vamos
sabiendo más cosas de la poeta victoriana, lo mismo hasta nos acaba gustando ni
que sea un poquito.
Así
es que cuando escribí Juzgados por la ley de Murphy me olvidé de poner la ley del mínimo esfuerzo (Otra ley) y
aún ahora esa especie de ley del péndulo que me resisto a creer que está
emparentada con la más agraciada y misericorde ley de la compensación gracias a
la cual todo el mundo tiene alguna oportunidad y puede ser invitado o recibido
en el banquete de la vida sea porque es el cuñado de la hermana de la peluquera
del anfitrión sea porque es la peluquera del cuñado de la hermana del
anfitrión.
Foto: Lucarelli
(propiedad intelectual del dominio público) (*)
WHAT'S the best thing in the world? | June-rose, by May-dew impearled; | Sweet
south-wind, that means no rain; | Truth, not cruel to a friend; | Pleasure, not
in haste to end; | Beauty, not self-decked and curled | Till |its pride
is over-plain; | Love, when, so, you're loved again. | What's the best
thing in the world? | -Something out of it, I think. (¿Cuál es la mejor cosa
del mundo? | Las rosas de junio perladas por el rocío de mayo; | El dulce
viento del sur declarando que no lloverá; | La Verdad, con los amigos despojada
de crueldad; | La Belleza, no envanecida hasta agotar su orgullo; | El Amor,
cuando somos amados de nuevo. | ¿Cuál es la mejor cosa del mundo? | Algo fuera
de él, pienso)
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