En otro orden de cosas, parece que las
habilidades que requieren más rigor o delicadeza están de alguna manera
asociadas al dedo índice, el dedo que indica. El meñique también tiene sus
papeles y no solamente en los mudras, en el baile y en la degustación. Los
quirománticos lo llaman el dedo de Mercurio. Pero no es el lenguaje visible u
oculto de las manos lo que nos ocupa, sino el ceder la atención a cada dedo por
separado, a cada falange, a cada yema y a cada surco. La idea es devolver la
atención a la evolución de los dedos gordos y más en concreto a los dedos
gordos.
No seré yo quien hable del futuro.
Sería de mal gusto. Por ignorancia y porque nos podríamos desviar hacia el
catastrofismo y a lo que en propiedad es la escatología: el fin del mundo. Por
una sola vez, si acaso, podemos aventurarnos a creer que no se va a acabar el
mundo nuestro éste mientras las especies más fuertes o más ingeniosas
sobrevivan adaptándose como puedan. Una parte de la humanidad, que ni siquiera
tiene por qué ser la mejor, podrá sobreponerse al frío y a las calamidades. Una
parte de la humanidad podrá aspirar dióxido de carbono, resistir las obras y
las reformas sin enloquecer, salir con bien de las hambrunas y de las
comilonas, la transgenia, la falta de agua, las temperaturas impetuosas, las
catástrofes naturales y la violencia. Tal vez esa parte de la humanidad tendrá
otros pulgares, o tendrá un brazo más desarrollado (como los cangrejos). ¿Serán
los seres venideros mejores, iguales o peores a nosotros? ¿Es concebible la
involución de la especie, la vuelta del rabo? ¿Quién lo sabe? Parafraseando a
Pessoa, para quien el recuerdo es una traición a la naturaleza, podríamos creer
que los pronósticos son una aberración de la inteligencia, incluso una
entelequia embaucadora y agarrotadora.
Pediría para mí tres cuerpos. Uno para
estar en el mundo a pesar de todo. Otro estaría, pues eso, como está la luz
cuando baila por la mañana en la pared saltándose todos los orificios de las
persianas y tocando el arpa del polvo, o como está la luz cuando pace en la
tarde en los ojos de las llaves puestas, como pacían los animales de antes de
las explotaciones ganaderas, aquellos bueyes bergantiñanos de 1200 quilos y
más. Otra estaría haciendo pruebas, equivocándose, conociendo lugares y
tiempos, aprendiendo, experimentando.
El cuerpo es extraño. Están los cinco
sentidos. Luego hay otras sensaciones que no son las de la vista, el oído, el
olfato, el gusto y el tacto. Son sensaciones "menores" o menos
cultivadas. Reparamos en la sensación del estornudo malogrado. O en el rubor de
las orejas, un escalofrío, los diferentes tipos de temblor, el calambre, el
latido a destiempo, la sacudida en el primer sueño, el llanto a costa de los
otros, el llanto de la rabia, la risa en el llanto, las lágrimas de la risa, la
carcajada, el estornudo en salvas, el movimiento reflejo, el suspiro, el
bostezo espontáneo, el bostezo contagiado, el santo cansancio, la modorra, el desperezo,
la conciliación del sueño, la risa reprimida tonta, la risa tonta reprimida, el
bostezo disimulado, la náusea, la sed, el hambre, la saciedad, el
entumecimiento, la tos, el estertor, el ronquido, el pito, el miembro fantasma,
el miembro dormido, la mano muerta, el tambaleo, el primer paso, la atracción
del abismo, el aumento y la disminución de la gravedad en las atracciones, el
aumento de las palpitaciones, el cuerpo en sarvangasana, tragar, atragantarse,
babear, tirar hacia sí, retroceder, avanzar, pisar, girar, chupar, empujar,
morder, mordisquear, sorber, hacer caca, respirar, transpirar, hacerse la boca
agua, mojarse, evaporarse el agua en la piel, las cosquillas, el hormigueo en
los pies, las ganas de mear, el goteo de la nariz, el estremecimiento del
deseo, el sueño, el gustito, el gusto, el abrazo, la ira encendida, el
arrebato, perder pie, tropezar, el respingo, la insensibilidad, la incomodidad,
haber encontrado la postura, sofocarse, la tiritona, el asco, el castañeteo de
los dientes, el chirrido de los dientes, el crujir de las rodillas, el runrún
de los intestinos, sacar humo por la boca, alentar, el beso, flotar, andar
contra el viento, andar con el viento, el hipo persistente, el pedo
intempestivo, el estrujón, el achuchón, la arcada, la regurgitación, la
magulladura, el arañazo, el lapo atrancado, el bocado atrancado, la congestión
nasal, el agua retenida en los oídos, el aire retenido en los oídos, la
somnolencia, el dolor, el cuerpo distinto tras cada forma de tai chi nunca
igual, el cuerpo calidoscopio, el cuerpo rendido, el carraspeo, el alarido, el
ahogo, el cuerpo extraño en el ojo, el cuerpo extraño, el cuerpo insepulto, el
cuerpo gestante, el cuerpo en la matriz, el cuerpo de jota, el medio cuerpo y
el cuerpo entero, el cuerpo en equilibrio, el cuerpo encogido, el cuerpo
agachado, el "cuerpo escaparate", el cuerpo pesado, el cuerpo viejo,
el cuerpo fuerte, el cuerpo aligerado, el cuerpo ligero, el cuerpo prematuro,
el medio cuerpo, el cuerpo a tierra, el cuerpo a cuerpo, el cuerpo de rey, el
cuerpo presente, el cuerpo sin vida, el cuerpo.
Nota: Este textillo lo publiqué por
error en una página de internet cuando aún no habían blogs y ahora estoy segura
de que tiene que estar aquí. Decía Chesterton que había en la vida dos cosas seguras
–la muerte y los impuestos- pero yo creo que tengo otra cosa segura, que Cuerpo extraño tenía que estar aquí.
Incluso digo que no tendría que estar allí (enlace roto).
Sólo añado a la versión primitiva el
“cuerpo sin vida” y la “c” a “arraspeo”. Es el primero de una trilogía que iré
colgando como pueda, como siempre.

