La
exposición temporal reune 23 obras poco difundidas pertenecientes a colecciones
privadas con aportaciones del Prado y el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid.
Voy a referirme a alguno de los cuadros por diferentes motivos. El de Tiepolo
sobre el estudio de Apeles está en Internet pero (¿mal?) positivado, al
revés, es decir en mi memoria yo recuerdo haber visto el perro a la
izquierda. Me llamó la atención porque me pareció que era de la misma raza que
el perro que sale en la película “Mejor imposible”/”As Good as It Gets” (James
L. Brooks, 1997), un griffon de Bruselas. Como he visto el cuadro
recientemente, el sábado, puedo asegurar aunque no sin algún desconcierto que
el perrillo en el cuadro que yo vi aparecía a la izquierda y no rotado a la
derecha. De otra cosa que me acuerdo es de que esa película la vi la tarde de
los atentados del 11 de septiembre de 2001. Será por eso por lo que
siempre me confundo con el nombre de la película y la recuerdo como "Peor
imposible".
Otro de los cuadros valiosos que se exponen es “La
conducción de un sillar” de Goya. Creo que el
bodegón de Juan van der Hamen y León pertenece a la exposición
permanente. Así que lo que me queda es referirme de lleno al cuadro conocido
como "La dueña de la Duquesa de Alba con el infante Luis de Berganza y
María de la Luz". La dueña o la beata es la misma que aparece con idéntico
vestido en otro cuadro del mismo año (1795) que se puede ver en el Museo del
Prado, Rafaela Luisa Velázquez, una de las criadas camaristas de Doña
María del Pilar Teresa Cayetana de Silva y Álvarez de Toledo (Duquesa de Alba).
Luis de Berganza era el hijo de un mayordomo y María de la Luz, una niña
negra adoptada por la duquesa, quien no tuvo descendencia directa.
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"La Duquesa de Alba y la Beata" (Goya, 1795).
Museo del Prado |
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"La dueña de la Duquesa de Alba con el infante Luis
de Berganza y |
Lo
más desconcertante del primer cuadro es que se trata de una broma que le
hace la duquesa a la beatona Rafaela a costa de un pedazo de coral, que supuestamente
servía o sirve para alejar el mal de ojo. Que Rafaela alce un crucifijo no
sabemos si obedece a un reflejo de defensa o ataque o a qué. En
cualquier caso el cuento me recordó a una entrevista del viernes en "La
Vanguardia" a un psicólogo italiano que se empeñaba en
"defender" (utilizo la misma palabra que hace un momento para
remarcar un referente) las bondades de la flexibilidad, pero lo hacía
tan a ultranza que su postura adquiría a veces una cierta rigidez coralina. La
flexibilidad es tan buena como la rigidez, depende de la ocasión. De hecho uno
de los fetiches de la autoayuda es la resiliencia,
o la resistencia si quieren, que podríamos decir que está constituida en
partes iguales por la flexibilidad y la rigidez.
La
entrevista
a Walter Riso, que partía del titular "El fundamentalismo no es
sólo atentar contra las Torres Gemelas", culminaba en otra frase que
contesta a la pregunta "¿Qué tipo de mente es la más
predominante?": "Antes, era la rígida; ahora, la líquida, que
nació de la muerte de la ideología". Esta frase sí que
me parece interesante porque servidora se suele mover mejor cuando hay no una
dicotomía, sino una tercera opción. Por lo tanto, hay si acaso mentes
flexibles, mentes rígidas y mentes líquidas. Mientras en la mente rígida
predomina la incapacidad para adaptarse y avanzar, en las mentes líquidas lo
definitorio es su amorfia o uniformidad, su falta de compromiso:
"Siguiendo
un término acuñado por el sociólogo Zygmunt Bauman, Riso bautiza como
“líquida” al segundo tipo de mente. En contraste con el acartonamiento de la
mente rígida, la líquida no se interesa comprometerse ni adoptar posturas
específicas ante nada, como si todo les pareciese relativo. En su colorido
lenguaje, Riso las describe como “Mentes sin cuerpo propio, informes, incoloras,
sin constancia ni sustancia, indolentes y lejanas a cualquier compromiso:
cerebros son memoria” (Página
cero)
Hay
líquidos que creen que son ambiguos o anfibológicos, se refugian en la
ironía (un sitio donde nunca se detendría un tonto entero) pero en realidad son
inseguros, pusilánimes y tímidos -tímidos en el sentido de
cobardes no en el de la "vergüenza", que proviene de la virtud romana
de la verecundia. Si un líquido llevara su peculiar entropía hasta las
últimas consecuencias no haría nada y no afirmaría nada. Se instalaría
rígidamente en un "no sé" que queda balbuciendo. ¿Una mente líquida
podría por ejemplo pilotar un avión? ¿Es una mente líquida más proclive a las adicciones?
¿De qué hablan un líquido y un cronopio?
Pero
todo esto, ya que hablamos de materias, lo tengo aún crudo, o verde, y solo
expongo o como otras veces propongo ideas con las que jugar y no tanto
juzgar. Ojalá fuera realidad lo de "la muerte de las ideologías" y verdadera
la vida de las ideas. Es que el 28 de noviembre próximo tenemos comicios en
Cataluña, la comunidad de España donde se suele decir que es más difícil
elegir.
¿Quién nos pintará los sueños de la razón y los monstruos
del siglo XXI?
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"Der Schmetterlingsjäger" (Carl Spitzweg, 1840) |



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