The soul selects her own society
E. Dickinson

uando Ferran Adrià anunció que se iba a dedicar a la investigación exclusivamente y que cerraba "El Bulli", o algo por el estilo, sospeché que algo se estaba moviendo en el Olimpo mundial de la gastronomía molecular. "Efectivamente", como se suele decir ahora que ya superamos el "eso sí", al cabo de unos pocos meses, el primer lugar de la alta cocina de autor fue confiado al danés René Redzepi (31 años) y al restaurante Noma en Copenhague. En la quinielilla Heston Blumenthal y su "The Fat Duck" no sé en qué posición habrán quedado, pero se da una cuenta de que no es fácil mantener el tipo. Así que la ironía de los sabores ha cedido su tribuna a la cocina comprometida con el medioambientalismo y un cierto orgullo nórdico. Que Ana Rodríguez le pidiera el divorcio a José Bono, nuestro actual Presidente del Congreso de los Diputados dicen que no tiene relación con las pesquisas que se han hecho y revelado sobre las cuentas y las irregularidades del patrimonio del político. Yo digo que sí. Todo está conectado, aunque sea desatinadamente, y fuera de la lógica razonable. Hay una lógica absurda.

Ya dedicamos un par de miradas ("Como como", "Mira, como, beben") a la gastronomía molecular y a otros temas que tienen que ver con la comida, aunque muy poco, pero que con lo que no tienen nada que ver es con la nutrición. También hubo posts sobre un clásico de la subliteratura, el de la leche que nos dan las vacas y sus productos derivados ("Gracias, niebla" y "Dos sabores"). Posts sobre los alimentos extremos también los ha habido ("Niña comiendo una manzana"). Sin embargo, apenas sí me he referido a las cafeterías y a los bares. Que yo recuerde, si acaso hice una mención al Café Florian, el más antiguo de Europa, en la Plaza de San Marcos de Venecia, la Serenissima Reppublica.
Pa
rece
que el bar más antiguo de Barcelona es el Bar Marsella
(1820). La Fonda España (1859) es un restaurante, y por lo que se indica
en la página web del ahora llamado Hotel Espanya está (desde octubre, creo) a
su cargo el chef Martín
Berasategui
. Hay otra
página web
que indica hoy que está cerrado y que el menú es de 30-45 €,
información de todo punto improbable. Sobre todo el precio. Casa
Almirall
(1860), en la calle Joaquín Costa con la Ferlandina, mantiene
intactos la puerta
original
, la
barra, el aparador
y las luces.
Aunque
se suele incluir Els Quatre Gats ("los cuatro gatos") (1897)
en las historias de la restauración y la bohemia como una de las joyas del Modernisme,
y lo es, no se suele decir que cerró el año 1907 y que hasta 1988 fue un
almacén textil. Por lo tanto, aunque es bien verdad que toda la decoración o
casi toda se ha preservado, también lo es que no puede tener el caliu
("calor") de un lugar como el Café de la Ópera (1890),
que sí ha funcionado ininterrumpidamente sea como parada de posta, como
chocolatería vienesa, como restaurante de postguerra -poco proveído- o como lo
que es ahora, un lugar con encanto enfrente del Liceu, donde podemos
rehacernos con una tapa o dos, una ración de embutidos y gran variedad de
cervezas. A bote pronto yo diría que tiene más "guiris" o turistas
Els quatre gats que no el Café de la Ópera o Cafè de l'Òpera.
Otro
bar que se suele considerar erróneamente como modernista es El Paraigua, en Pas de
l'Ensenyança, 2, a metros de la Plaza del Ayuntamiento. En realidad, el
propietario de la tienda Gallés (1902), que lo era de paraguas y abanicos,
vendió todos los muebles, etc. y también una caja registradora de 1898 al
escenógrafo Josep Mª Espada, dado que se derribaba el edificio de su
emplazamiento, en la calle dels Arcs, 5. En los años 80, cuando yo frecuenté El
Paraigua, se habilitó el
subterráneo, que al parecer había sido la bodega de un antiguo convento. El
punto fuerte de El Paraigua además de su decorado son los cócteles. Si
admitiéramos propiamente El Paraigua como "bar modernista", aunque es
precioso, también tendríamos que admitir el Viena
(¿ca. 1993?) de las Ramblas, 115, que ocupa
el local de la antigua charcutería Mumbrú, fundada en 1889. El Bar
London es de 1910 y el Bar Muy Buenas de 1928.
La
letra
del rótulo de El Paraigua se desmarca del tipo estereotípico de las
rutas bohemias modernistas, el tipo llamado Arnold Böcklin, que se
distingue claramente como marca del Cafè
de l'Òpera. De Arnold Böcklin lo más conocido como pintor simbolista son
las versiones de su
cuadro : "Böcklin es conocido sobre todo por sus cinco versiones de La isla de los muertos, que
en parte evoca al Cementerio
inglés de Florencia, cerca de su estudio y donde había enterrado a su hija
pequeña María." (Wikipedia)
Curiosamente
este cuadro les gustaba mucho, pero que mucho, a Lenin, a Freud y a Hitler. Y
curiosamente Arnold Böcklin dio su nombre al tipo de
letra más famoso del Art Nouveau, de Otto Weisert. Normalmente el
nombre abreviado es "alfabeto Arnold".

Tipo "Arnold Böcklin"
Como todo cuadra, decía, en el Cimitero degli Inglesi de Florencia se enterraron los últimos descendientes de Shakespeare y a Elizabeth Barrett Browning. Parece que uno de los poemas más bellos de Emily Dickinson, el que empieza "El alma elige su propia sociedad", se lo inspiró una foto de
la tumba de la poeta inglesa.
Se suele decir que la
absenta está prohibida por su poder alucinógeno, y también se dice que en el Bar Marsella lo sirven. Pronto lo comprobaré. Lo segundo. Lo primero no lo creo, aunque en todo caso la tomaría
louché, particular que será detallado en su momento.
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(*) La foto del Café de la Ópera que ilustra el ambiente de las Ramblas de finales
del siglo XIX, con los tenderetes de pájaros que solo recientemente han sido
suprimidos, muestra subiendo un carro de tiro animal. Originalmente el Café de
la Ópera fue una parada de posta, como Can Gaig en Horta.