Y sin embargo noto a faltar algo que está presente en muchos
westerns y que no es la
brutalidad. Faltan los hombres que se añaden a la marimorena por el mero
gusto de pegarse, sin que les vaya ni les venga nada. Aparece en varias
películas, sobre todo en las que podríamos llamar de serie
B, pero ahora no soy capaz de rescatar ninguna escena en
Youtube.
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Esas ganas de pelea por la pelea
me trae a la memoria un recuerdo de unas vacaciones en mi pueblo, cuando
oí telefonear al dueño del cine a La Coruña. Dijo: “Mándame unha de
chupasos oh que hai mal tempo” (Mándame una [película] de puñetazos,
que hace mal tiempo). Se supone que los hombres no podían salir al
mar y que se esperaba público masculino en la sala. Hace años que donde había
el cine hay ahora un pequeño “supermercado”.
Cuando sólo teníamos una o dos cadenas de televisión, las tardes del sábado, invariablemente, los niños salíamos después de la película de las 4 a la calle. Se podía saber qué género de película habían echado en “Sesión de tarde” por los juegos de los niños y de las niñas (romanos, piratas, oeste, princesas, caballeros). Ahora hay muchas mujeres que actúan como si acabaran de salir de una película de Almodóvar, de las de la primera y segunda época, y me figuro que eso debe de ser altamente terapéutico. En mi memoria sentimental la primera actriz desinhibida en lo decibélico que yo recuerdo es Sophia Loren. En una de las primeras escenas de la primera parte de la trilogía “Ieri, oggi e domani ” (“Adelina”, Vittorio di Sica, 1963) cuando descubre que si está embarazada puede zafarse de ser recluída en la cárcel, por no pagar una multa, el escándalo con el que se trasmite la noticia por Nápoles no deja de ser una excusa para mostrarnos sus alegres calles y un modelo de conducta más sano que el de las puertas cerradas y el disimulo. La escena rítmica de las bailarinas polinésicas y el somier de muelles de “Delicatessen” (Marc Caro y Jean-Pierre Jeunet, 1991) (y más aún la que tiene un ritmo coital que se va animando que recorre la espina dorsal del edificio in crescendo) ya estaban en “Adelina”: ten’a panza cia cia ccià, ten’a panza cia cia ccià, marcado el ritmo por una zambomba y una tropa de niños espermatiformes y después por un trombón.
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