“La mujer sexy, por otra parte, es la que lleva grandes escotes y está rodeada de hombres. Pero los hombres que la rodean están allí porque, en realidad, no les gustan las mujeres y consideran que ése es el lugar más seguro de la reunión. La mujer sexy está tan ocupada emitiendo la señal de “soy una mujer… soy un mujer… soy una mujer” que no exige nada del hombre que está a su lado, excepto su total atención; está tan enfrascada en el desempeño de su papel, que no tiene ningún interés real en sus compañeros. En el fondo es una figura trágica. Probablemente de pequeña aprendió a ser una niñita dulce y condescendiente, para agradar a sus padres, que gozaban luciéndose con ella; al mismo tiempo esto le enseñó que con frecuencia las personas se tratan mutuamente como posesiones. A medida que creció comenzaron a abordarla hombres que en el fondo no gustaban de las mujeres. Usaban su compañía simplemente para probar su hombría, haciendo de ella lo que las feministas llaman un objeto sexual. Al final se transforma en una mujer frágil y crispada, que presenta una imagen muy simple de sí misma y ofrece una mercancía muy simple. Puede que incluso diga: «A los hombres sólo les interesa una cosa…» Pero en realidad es ella la que no tiene nada más que ofrecer. Nunca aprendió a responder o comunicarse con otro ser humano”
Flora
Davis, La comunicación no verbal.
s cada vez más fácil para mí digerir explicaciones como la que expone Flora Davis sobre esa especie de coreografía que se va forjando a partir de un núcleo en falso. Pero tampoco es que la crea a pie juntillas, y no porque le vaya a buscar los cinco pies al gato. Al contrario. Pero sé de los peligros de tomarse este tipo de análisis al pie de la letra y pretender aplicarlos como si se tratara de un código cerrado. Pero está claro que hay que ir un poquito más allá de lo obvio y no quedarse con las apariencias. Resulta que el jueves había un montón de unos 50 ejemplares de fotocopias en la repisa de la boca del metro de la estación España, enfrente de las torres venecianas. Las fotocopias eran unos pliegos de 5 hojas de DINA3 doblado en DINA4 en donde había diferentes contenidos todos en torno de la persecución que está haciendo contra las personas que acceden al metro sin pagar. Cuando llegué tres cuartos de hora más tarde a mi estación de destino encontré más pero no sé si eran parte de los que habían sido dejados en la Plaza de España. En cualquier caso, más allá del contenido de los panfletos, bastante redundante y cargado de una doctrina que me es ajena, lo que pensé es: ¿de dónde habrán sacado el dinero o los recursos para hacer tantas fotocopias? (*). Y generalmente mi manera de “interpretar” el mundo como imagen es así. No es que esté todo el día pensando en dinero ni mucho menos, pero siempre intento ir un poquito más allá de lo evidente.
Al vivir en donde vivo además he desarrollado -como dicen
que los taxistas ingleses desarrollaron su hipocampo un 25 % más que el resto
de la población- un reflejo que me hace pensar porqué pasa algo
justamente en determinado momento y no en otro. Me refiero por
ejemplo a lo de la prohibición de las corridas de toros en Cataluña y otras
cuestiones. Los que sufrimos o disfrutamos del sistema jerárquico laboral
sabemos a ciencia cierta predecir los que se nos viene una vez ya lo hemos
visto (de) venir unas pocas veces.
Aunque en fechas pasadas vimos el mecanismo elemental del argumentum
ad logicam o falacia del hombre de paja, esto otro de las maniobras de
despiste es más propio de las artes de la trampa y el hurto. Aún se puede ver,
en Barcelona al menos, señoras de aquellas que van de dos en dos y una le
ofrece a las parejas de turistas un clavel rojo mientras
que la otra estudia el terreno, etcétera. Normalmente los turistas van medio
obnubilados, bastante deshidratados (aunque algunos van pasados de cerveza o de
sangría) o cansados, así que hurtarles la cartera y hasta los donuts es de lo
más fácil. A pesar de todo, no hay que quitarles mérito. Es un camelo gustoso.
No les quiero fatigar con un alud de ejemplos, es mejor que
cada cual se desengañe por sí mismo y a su debido tiempo.
No sé si el gesto del detalle del cuadro puede ser
interpretado lejos de nuestra órbita cultural, por ejemplo en China. Habrá
gestos universales y otros que no lo son o que sí lo son pero que tienen
significados hasta opuestos. El cuadro de Mengs ofrece una composición de
diversas figuras en torno al entierro de Jesús de Nazaret. Además de la
expresión de las caras, me llama la atención la composición formada por las
manos de los allí presentes. Y especialmente me llaman la atención las de su
madre (v. detalle abajo) y las María de Magdala (detalle del principio del
post). También me llaman la atención las herramientas del suplicio:
martillo, clavos, tenazas y corona de espinas al pie del cuadro más lo que
probablemente podría ser el letrero que le pusieron en la cruz (**). No falta
detalle. Detrás de esas herramientas hay otras manos, claro.
La expresión de las manos de la Magdalena
sólo la he visto en mi pueblo y sólo en las mujeres, pero puede y debe de ser
el vestigio de un gesto que a lo mejor un tiempo fue más socorrido en Europa.
Tal y como yo lo he visto en Finisterre indica entre desesperación
y horror, pero también indica presencia, estar presente, estar con lo que
ocurre enteramente y ahí. Y pienso que todos los gestos en que las manos se
unen o se juntan llevan implícito ese sentido de presencia.
Win Yun, mi amiga invisible pelotudísima, se está poniendo pesada
con que no deje de hablar de Mei Lan Fang, actor de ópera pequinesa,
que se merece un post para él solito. Mei Lan Fang no solo dominó el arte
clásico de las expresiones gestuales prefijadas por el clasicismo chino, sino
que las perfeccionó estirajando sus posibilidades hasta lo inimaginable. Hubo
un tiempo que me gustaba mucho la ópera china pero ahora me irrita mis frágiles
nervios no sepan cuanto, aparte de que lo que no me puedan decir en una hora y
media ya no me interesa. Casualmente Mei Lan Fang murió tal día como hoy hace
49 años. El mohiniyattam (danza clásica de Kerala,
India) también tiene una importante
participación de los mudras o gestos manuales, que están más que codificados. El
único mudra que conozco que se pueda parecer un
poco al gesto del cuadro de Meng es un mudra de protección. Pero seguiré
buscando.
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(*) La tarifa vigente de una T10, que es la tarjeta
más habitual de 10 viajes para usuarios sin ventajas, cuesta 7,95 euros y da
derecho a realizar 10 viajes por la llamada zona 1. No les quiero aburrir con
las facilidades que van añadidas a la tarifa, como el derecho a poder utilizar
otros transportes como el autobús o los ferrocarriles catalanes en el espacio
de una hora y cuarto una vez se ha validado el primer trayecto. Hasta hace unos
años había que pagar si cambiábamos del metro al autobús o viceversa. Aunque el
metro no es barato, reúne todas las condiciones de seguridad, de higiene y del
servicio que le es propio. En pura teoría si pasan los inspectores de turno y
te pillan sin billete pueden imponerte una multa de 50 euros, que es bastante
disuasoria. Y sin embargo todo hijo de vecino ha visto ha muchos colarse por
los accesos automáticos, aunque bien es verdad que últimamente se ve menos.
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