27/11/09

La quinta voz


engo un CD de cuencos tibetanos que no es de música, de un compositor, etnomusicólogo y terapeuta musical llamado Niroh Agostino Fortini. El primer corte es "Tierra". El segundo "Agua". El tercero "Fuego". El cuarto "Aire" y el quinto "Éter". Spirito, en el idioma original. Son los cinco elementos, del más "elemental" al más inmaterial. En el orden inverso al de la creación del mundo según los vedas. El de tierra hace "bu buu bu" en unas ondas vibracionales  envolventes, como un manto pesado y es fácil pensar en el humus y el silencio de los rizomas. Agua está hecho con cuencos de otra aleación -siempre son los mismos metales (creo que 8)- e introduce claridad, reflejos, ligereza, algún tintineo metálico agudo, la desnudez. Al pasar de Tierra a Agua es como pasar, poco más o menos, de Fernando de Herrera a Garcilaso de la Vega. Pero, claro, me estoy remitiendo a un lenguaje impresionista, a sinestesias sin ningún fundamento. "Fuego" es una maravilla. A veces me tiendo para descansar (postura del cadáver o "savasana") y sólo escucho "Fuego" o "Éter". Según el tiempo de que disponga. Caigo en un sueño superficial aunque muy reparador. Mejor que una siesta, que ya es decir. En "Fuego" arde lo que me sobra, que es mucho.

La física del sonido ya fue tratada en la enciclopedia. Hubo una mención especial al theremín o eterófono, precisamente: "Curiosamente, cuando Clara Rockmore ya había dado muchos conciertos, se le propuso interpretar al theremín la música que Miklós Rózsa compuso para "Recuerda" (Spellbound, dir. Alfred Hitchcock, 1945). Sin embargo la instrumentista rechazó la sustanciosa oferta que se le hizo debido al uso frívolo que en su opinión se le dedicaba al eterófono: crear sugestión, terror, angustia y efectos, convertir su sonido en una atracción de feria."

Lógicamente, un vídeo como el que he incrustado [enlace roto], sin contar con los mínimos conocimientos de Física, es poco más o menos para mí tan arcano como la mujer barbuda, la salida del sol o hasta el intríngulis del cuajo de un yogur, fenómenos que tal vez pertenecen más a la involución o eslabón perdido, a  la astronomía y a la química respectivamente. Me reconozco una ignorante.

Ya tengo dicho que seguramente por condicionamientos genéticos puros y duros mis oídos suelen recibir los sonidos que otras personas no perciben o en los que no reparan, y sin embargo nunca podré pasar con bien el más somero y benevolente listening de una prueba de inglés. Esto del sonido es muy muy raro porque yo sé de personas que tienen lo que se llama un mal oído y que son incapaces de cantar a derechas piezas requeteconsabidas como "Happy Birthday", "Si yo tuviera un martillo" o la canción de cuna de Brahms, pero que oyen sonar el móvil sin ningún problema. Yo no. Si no canto más es por miedo  a la SGAE. y sus multas. Servidora es capaz de entonar y puedo oír -como si fuera un murciélago- los ultrasonidos del frigorífico y esas psicofonías que hace el agua cuando desaparece, pero eso no sirve para nada. En todo caso, digamos que con los cuencos tibetanos estoy en mi medio natural. Idealmente se tienen que sentir en directo, claro, puesto que la calidad es vibracional y no sólo auditiva, y el sonido se percibe también a través de la piel.

 

Habitualmente, cuando lo necesito, recibo masajes shiatsu, que me los da desde principios de los años noventa Pilar Estévez, pero alguna vez he probado otras técnicas, de las cuales son en todo punto destacables las ayurvédicas tradicionales de la India. Aunque conozco todos los masajes ayurvédicos, o al menos los principales, el padabhyanga con cuenco Kasa de bronce es digno de ser señalado. Lo conocí hace unos 3 años a través de una terapeuta alemana (bávara) que tenemos en Barcelona, Susanna Wierl. Se aplica en los pies con aceite tibio y haciendo círculos con el exterior de un cuenco rugoso granulado de bronce. El masaje con Kasa de los pies es desbloqueante y por él empiezan todos los otros masajes. De la misma manera que el disco de Niroh Agostino Fortini empieza por la Tierra. Funciona.

Como trabajé un par de años en la calle Tapinería, junto a la Catedral de Barcelona, podía oír el toque de campanas perfectamente. Y hasta hace poco podía oír lejanamente el Angelus en Sant Genís dels Agudells, que está tocando el Paseo del Valle Hebrón. Como cambié de turno, ya no oigo las campanas y las encuentro a faltar. Hay que ver lo templadas que suenan las campanas que toca el aire (¿qué habrá sido de la de Foncebadón?, el estilo tintinnabulae de Arvö Part, las campanas de armisticio y ya no digamos las de Gloria.

Hoy, estos días, estoy con el canto difónico o de garganta (throat singing) y la voz fantasma o quintina. Lo único que sé explicar es que el canto de armónicos o difónico está prácticamente confinado a Siberia y Mongolia (aunque también lo practican los inuit) y consiste en una técnica "vocal" de garganta por la cual el cantante consigue elevar una voz que recuerda al roncón de las gaitas o al gruñido de los monjes tibetanos y otra voz en otro tono que recuerda a un manubrio o a una flauta de un afilador. Es mejor verlo (*_*) en Youtube, en la interpretación de un muchacho de los Tuva. La calidad de sonido es mucho mejor en la grabación de unos cantantes mongoles, Tserendavaa et Tsogtgerel , del cual no tengo el enlace directo. He encontrado un ejemplo con el himno de la alegría (el de Beethoven, no el de Von Karajan) sonando en los armónicos, y otro con "Amazing grace". Lo que no he podido encontrar en internet es un ejemplo de la voz quintina o voz fantasma, una voz que se da en la polifonía corsa cuando se reúnen cuatro voces y de los armónicos se "produce" espontáneamente y naturalmente una quinta voz donde  está claro que no hay nadie cantando.


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