8/8/25

¿Dónde están?




e acordé de que en mi atención a un usuario argentino me dijo que había un tango que decía que "qualquiera tienpo pasado, fue mejor". Y bien pudiera ser, pero lo que él ignoraba, en alguno de los dos sentidos de la palabra ignorar es que esa frase pertenece a las coplas manriqueñas. La prudencia me contuvo de hacer un alarde de mi conocimiento de la poesía de la Baja Edad Media (!). Son y siempre serán una maravilla.

De entre los tópicos de las Coplas el que sirve como de fermento, o como si fuera una corriente a borbotones que añade vida a lo que de por sí sería grave, es el del ubi sunt. De una forma bien curiosa tuve en propia carne estos días noción del "¿Dónde están?" al darme cuenta de que ya no quedaba nadie de la generación que me precede. A decir verdad queda una mujer que en mayo hará 100 años y pocos más.

Como en mi familia mi padre era de los hermanos pequeños, la sensación de liquidación es más fuerte. Me crié en un barrio que se llenó de una vez con la gente de la generación de mis padres y en sucesivas rachas fue transformándose hasta que ya podemos decir que no queda nadie o casi nadie. 

De bien pequeña me llevaban al  pueblo de mi madre, en La Coruña, y luego he ido volviendo pero cada vez menos. Mi inconstancia me ha llevado a la extrañeza. El otro día vi las fotos en Instagram de la celebración del cumpleaños (más de 90) de quien fue una amiga de juventud de mi madre, y reconocí el comedor de su casa pero no reconocí a ninguno de los comensales. Se le veía entre emocionada, incómoda y desorientada. C.O. (Carmucha, A Ruísa) enviudó joven, con 5 hijos, y mandaba en la familia con mano firme. Toda esa gente que no conozco ha repoblado la casa en los 17 años en los que yo no la he visitado.

También las Coplas reproducen la velocidad o la aceleración de las vidas, como en un torrente que se lleva las hojas secas de los árboles. Pero si digo toda la verdad, las personas que vi a la mesa de Ara Solis, 3, me parecían como figurantes e impostores, como si los que yo conocí años atrás fueran los de verdad. 

Por experiencia sé que las personas generalmente tienden a entenderse mejor con la generación previa que con la siguiente, así que me imagino que la desorientación de C. vendría no solo de su avanzada edad sino también por el hecho de que prevalecen en la memoria y hasta en la imaginación las personas que nos acompañaron en nuestros primeros pasos. 

Las hermanas de mi padre en su senectud me confundían a mí con otra hermana que había muerto con 51 años apenas. Y supongo que ese motivo es el que recorre ─aunque expresado de otra manera─ los Cien años de soledad. Y digo supongo  porque la novela la leí más o menos el 1980 y la tengo bastante olvidada. Era el volumen primero de una colección de Argos Vergara titulada Libros DB, de bolsillo.

Sin caer en la melancolía, tengo a veces mi recuerdo por tanta gente que ha desaparecido o que ya no está entre nosotros. Y ayer recordé que mi madre tenía la propiedad de que en verano tenía las orejas frías y en invierno calientes. Mal me está decir que yo aprovechaba esta virtud termostática para enfriarme los dedos en verano y calentarlos en invierno, cosa que ella soportaba con su habitual templanza y paciencia.

Hubo un día en que esa propiedad desapareció. Me encontré que sus orejas ya no respondían al frío y al calor de esa manera portentosa. Y eso me previno de su fin. Su salud se estaba desintegrando. De la de mi padre me advirtió una gota de sangre que le limpié tras una extracción para una prueba de laboratorio. Me dio una llantina inconsolable que mi madre no podía entender. Me dijo: "No hay para tanto, solo es una gota de sangre". Pero comprobé que existe lo que se suele llamar "la voz de la sangre" y que a pesar de que se le veía bien no lo estaba.

La fotografía de hoy está capturada de internet y reproduce la imagen de un recogedor de basuras. Estimo que sería de los años 50. Se ven unos cubos pequeños de niquel que el trabajador vuelca en un capazo. Había poca basura porque no habían envases apenas y además el consumo era muy inferior. A veces los perros callejeros hurgaban y aún sacaban algo, pero parecía imposible.

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