3/5/25

Tres eran tres



ace un montón de años que me tropecé con un blog que si no recuerdo mal se llamaba o se llama El Círculo Solana, y reunía a varias firmas, entre ellas la de quien aún ni siquiera colaboraba con El Mundo (Manuel Jabois) ─que firmaba como M.─  o Luisa Cuerda, con quien llegue a mantener algún contacto a través de su propio blog y de nuestros correos y líneas telefónicas. Un día llegué a ese blog precisamente a través del blog de Lucha (que está eliminado) y hasta dejé algún comentario, pero pronto descubrí que se habían copiado mi galería de ilustres. Era una barra lateral de *A la flor del berro, con algunas fotografías de escritores y frases que merecen el mármol. Como ocurre con muchos plagios de ideas, también se puede decir que era una parodia.

Se dirá que es una chiquillada, pero lo que me dolió más no fue el plagio o la parodia en sí, sino que estuviera entre su selección Emilia Pardo-Bazán y, si no me falla la memoria, Kate Moss también estaba en esa mesa revuelta. Sin dejar de apreciar Los pazos de Ulloa, por una suma de motivos que no voy a desgranar ni agotar Emilia Pardo nunca me gustó. Y con los años, sin pretenderlo, se han ido añadiendo más. Por ejemplo, su relación con Benito Pérez Galdós, otro escritor que no entra en mis afinidades. O que goce de las simpatías de una mujer de mi entorno que es medio tonta y completamente filistea. 

Pero lo que ha sido definitivo es que a través de la biografía tan bien documentada de Anna Caballé sobre Concepción Arenal, he sabido que no soportaba a Emilia Pardo-Bazán. Daría 2 años de mi vida por ver a Concepción Arenal, Emilia Pardo-Bazán y Rosalía de Castro juntas manteniendo una conversación. En una clase de Literatura gallega del Prof. Basilio Losada, nos explicó que en una ocasión en que se le preguntó a la condesa por las poesías de Rosalía de Castro, con un mohín entre la indulgencia y la arrogancia espetó: "Muy bonito".  Losada ejecutó la frase con un fruncimiento de la boca inconfundiblemente despreciativo, entre el fastidio y la envidia.

Tres escritoras y tres feminismos, se podría decir. Cuando me dice mi amiga filistea que la condesa tenía una gran vitalidad, le contesto que tenía mucho servicio seguramente. Cosa que también ocurriría con Christine de Pizán, una feminista avant-la-lettre, cuyas ideas se pudieron fraguar en un entorno privilegiado, acomodado y hasta podríamos decir que anómalo. Concepción Arenal recibió en dote su herencia, que no era poca, y cuando quedó viuda en 8 años, no quedó en una situación mala, pero tampoco tendría la holgura de Emilia Pardo-Bazán. De las dificultades de Rosalía de Castro han corrido litros de tinta y ya no digamos sobre lo que representaban los turnos de poder para Murguía, funcionario del Estado. La estabilidad del funcionariado, tan denostada, procede de aquellas décadas de incertidumbre en la alternancia entre el turno liberal y el conservador.

Si juntáramos a las tres gallegas probablemente habría una gran tirantez y malestar, y en mi fantasía yo me las imagino vestidas cada cual según su costumbre. Doña Concha, que se había disfrazado de hombre para acceder a las clases de la Universidad Central de Madrid, vestía de luto y en su Manual del visitador del pobre (1863) concede importancia al hecho de vestir apropiadamente: 

"Si acostumbrados al lujo nos parece demasiado penoso vestir pobremente, busquemos siquiera para ir á visitar al pobre, nuestro traje más modesto, más oscuro; negro si es posible: llevemos algunas horas esta especie de luto, por los que sufren sobre la tierra. Poco cuesta abrocharse el frac, la levita ó el gaban, para ocultar la cadena de oro, ó los botones de brillantes: poco bajarse la manga del vestido, para ocultar la rica pulsera. Estas precauciones materiales importan más que se piensa: nuestros consejos, nuestros cargos ó exhortaciones, pueden perder toda su eficacia: más todavía, un traje rico, una alhaja preciosa puede convertirlos á los ojos del pobre en una especie de insulto.

El pobre es muy material: ya sabe que tenemos comodidades, lujo y riquezas; pero miéntras no las vea, no le exasperan: por el contrario, nos agradece que en medio de la fortuna no olvidemos su desgracia, y cuando él no tiene zapatos, nos perdona que tengamos coche, si nota, cuando vamos á verle, el polvo ó el lodo en nuestro modesto vestido. ¡Hacen tan mal efecto las sortijas en la mano que se tiende al miserable, y la preciosa cartera ó el lindo tarjetero, de donde se sacan unos bonos, que apénas remediarán el hambre de un dia, y el relój que consultamos con impaciencia! Pero necesitamos relój, tenemos precision de acudir con exactitud á nuestras ocupaciones, á nuestros pasatiempos, á nuestros deberes; todo esto es cierto, pero el pobre que no comprende esta necesidad, cuando no puede satisfacer las suyas, si le exhortamos para que se resigne con su desnudez ó con su hambre, al ver brillar nuestras ricas superfluidades, cuyo valor exagera, es difícil que no piense. «¡Con el precio de estas alhajas innecesarias podias remediar esos males para los que me pides una resignacion imposible!» Y entónces ¿cuál será la eficacia de nuestros discursos?"

No hace falta añadir que estas consideraciones que ahora nos pueden parecer superfluas recibieron en su momento la acogida que se merece toda renovación con fundamento y criterio. 

El hecho de que haya muchísimo más material gráfico sobre la vida de la condesa que sobre cualquiera de las otras dos mujeres, ya indica mucho. Precisamente Anna Caballé explica la escasa documentación personal que se conserva de Concepción Arenal y lo remisa que era a mostrar su vida, y yo entiendo que por sus convicciones o enfoque y no porque tuviera algo que ocultar. Aunque no se ha dicho bastante, en su momento en Europa no se hacía nada en materia penal, de prisiones, etc., sin consultarla, porque los expertos la tenían muy en cuenta. Y es una precursora del feminismo español y el catolicismo social.

Rosalía de Castro vestía con sencillez y por su forma de recogerse el pelo ya se ve que no ponía mucho interés en arreglarse más allá del decoro normal. En fotografías como en la que aparece con todos sus hijos vivos se la ve incluso enferma, cosa que no favorece en nada el emperifollamiento. No nadaban en la abundancia.

Gala Martínez-Murguía de Castro (1871-1964). Hija mayor de Rosalía de Castro

Portada de la primera edición del Manual del visitador del pobre

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