Es muy acertada la canción de Verde Prato, Neskaren Kanta, que encaja perfectamente con el humor o emotividad de la película. Nada de histéricas.
No podemos hablar más que bien de la película y de lo que se propone, que no es poco, porque nos quiere mostrar el problema que es ser sordo en un mundo de oyentes. Es magistral que se haya mostrado a través de la maternidad, ya que situaciones de incomunicación y de contrariedades hay muchas, pero la de la maternidad resume muy bien que aun contando con una buena predisposición hay dificultades y frustración. El papel de Héctor, el padre, es impecable. No me refiero a la actuación de Álvaro Cervantes, que también. Me refiero a su papel como pareja oyente de una mujer sorda. Emplea el lenguaje de signos en todo momento, para que no se sienta excluida. Pero, Ona, la niña, introduce un proceso difícil, porque es oyente y además se siente estimulada por los sonidos, como es natural.
Llegado un momento la protagonista sorda, Ángela, después de pasar un gran malestar y recrudecerse su sensación de aislamiento, con una sola frase de su pequeña Ona, en el lenguaje de signos, se alivia. La niña primero dice la palabra "agua" a su padre, cosa que le produce la mayor alegría. Y solo un tiempo después, le dice a su madre en el lenguaje de signos "¿Dónde está Luka?" (el perro). Claramente los niños emplean el lenguaje en la medida en que lo necesitan.
Como en un par de ocasiones he tenido pérdidas digamos que dramáticas de audición, tengo un poquito de idea de la sensación de no poder oír más que los sonidos más molestos y además distorsionados. Pero mi sensación no es completa, solo es una impresión. De lo que sí puedo hablar es de la melancolía que produce ser oyente en un mundo de sordos. De hecho, durante la proyección o como se diga de Sorda había dos oyentes en la sala que no paraban o de comer o de hablar. Al llegar a los créditos del final en vez de escuchar a Verde Prato se pusieron a recalcar que claro, que a veces Héctor se olvidaba de emplear el lenguaje de signos. Me di cuenta que no habían visto que la niña había usado por primera vez el lenguaje de su madre y con su sonrisa de placidez se acaba la película. En fin, todo no se puede pedir.

