A word is dead
When it is said
Some say.
I say it just
Begins to live
That day
Emily
Dickinson
El otro día en el metro iban hablando
unos chinos y sólo entendí "discoteca".
Ayer eran tres rusos los que hablaban y sólo entendí "Mercadona".
De todas maneras la última vez que oí hablar a unas jóvenes dominicanas no
entendí absolutamente nada aparte de que eran dominicanas. Mi torpeza con los
idiomas se extiende a otros dominios que no tienen que ver propiamente con el
lenguaje. Del mundo, el demonio y la carne, sobre lo que más entiendo es sobre
el demonio. Por ejemplo, aún no sé si sobre el mundo o sobre
el demonio, el 29 de febrero leí en "La Contra" de
"La Vanguardia" una entrevista bastante inefable de Víctor M. Amela a
Ignacio Martínez Pisón, el escritor que casi siempre escribe novelas sobre la
Guerra Civil. Ya sé que no es decir gran cosa para situar al que no lo conozca
ya, pero ahora mismo no se me ocurre nada más. Leí:
-"¿Escribe cada día?
Un par de horas después de comer.
-¿No hace jornadas maratonianas?
Medito argumentos, leo, visiono DVD,
paseo...
-Vida cojonuda, la del escritor.
Vivo bien: ¡la literatura ha sido
generosa conmigo! La literatura me ha dado la felicidad. Y creo que traspaso
esa felicidad a lo que escribo. ¡Yo no tengo motivo de queja!
-Qué raro, qué raro, un escritor que no
se queja...
¡Somos varios los escritores que
vivimos de nuestro trabajo!".
De verdad que no acabo de entenderlo de
puro claro que es y, cuanto más lo leo, más dudas me suscita. Yo creía que la
escritura exigía más dedicación e incluso algo de obstinación y
ensimismamiento. He llegado a pensar que el entrevistado, para no complicarse
la vida, dio al periodista unas respuestas que no dieran pie a más preguntas.
Es un arte el de callar. Las dos afirmaciones que más me llamaron y llaman la
atención son la de que escribe "un par de horas después de comer" y
la de que son "varios los escritores" que viven "de su trabajo".
"Varios" parece que excluye "muchos". Dada mi condición de mujer
trabajadora que escribe todo lo más un blog, no deja de
llamarme la atención que la vida de Martínez Pisón no se vea perturbada o
distraida por tener que planchar, cumplir con sus obligaciones como presidente
de la comunidad de propietarios de su bloque, atender algún
enfermo familiar o ni que sea acudir a actos de promoción librera o a
compromisos editoriales. Y a aquello del asinus asinum fricat o del
amiguismo tipo "hoy por mí, mañana por ti". He observado que los artistas
mediocres que prosperan cuidan sus habilidades sociales por un lado y por otro
no tienen escrúpulos. Digámoslo así. No sé, daría vueltas y vueltas alrededor
de la puñetera entrevista y no sacaría nada en claro. No es que crea o deje de
creer a Martínez, es que no puedo entender lo que dice.
La entrevista me hizo recordar una
novela histórica que publicó Maria Grazia Siliato, Calígula.
Siliato es una arqueóloga suiza de lengua italiana que no empezó a ganar dinero
hasta que publicó en el otoño de su trayectoria profesional como historiadora Calígula.
Creo que la diversidad de escritores que hay es inabarcable. Desde el negro
hasta el negrero, desde los llamados hasta los elegidos, hay una gama muy
extensa y variopinta. El mercado refleja sin
embargo una masa bastante uniforme sobre todo por lo que respecta a los
productos. Lo de los premios literarios es
un enigma cuando no es un mero pasteleo.
Me he visto en la obligación de cumplir
con esta entrada de mi enciclopedia
ciclópica, la de los escritores de oficio, pero me abruma y no puedo más que
exponer abiertamente mi ignorancia como prueba de honestidad y de método.
También debo admitir que hace años que apenas leo novelas y que intento estar,
ante lo que no entiendo, como las figuras de la calle de Vermeer. A lo mío. No
debería obstinarme en seguir leyendo los diarios.

